domingo, 9 de julio de 2017

BORRADORES

 Entonces fue que recordó el sueño y le dolió la espera. 

Se dijo a sí mismo que desapareció la magia.

Se negó tres veces y en un lupanar de palabras 
encontró que debía decir nuevamente, yo te cielo, como nunca pude.

En tazas de aire servían a los intrusos, rumores de álamos temblones, que titiritaban recordando la desnudez de potros doblegados por la mano que los seducía. 

La misma mano que sacaba cerezas y moras. 
La misma mano teñida de maqui o arándanos asustados.


Y tras los labios morados una ristra blanca de sonrisas.

©Bernardo Reyes (Inédito)