sábado, 10 de junio de 2017

EL SENTIDO DE LO IMAGINARIO EN LA OBRA POETICA DE ROLANDO CARDENAS

Presentación del libro:
"EL SENTIDO DE LO IMAGINARIO EN LA OBRA POETICA DE ROLANDO CARDENAS"
Editorial: Ed. Caballo de Mar. 2016
Autor: Aldo Fernandez
Lugar: Espacio Estravagario
Fecha: 8 de junio de 2017

Por Bernardo Reyes

Quisiera partir señalándoles que casi nunca acierto con las fechas y sin embargo hay algunas que resulta imposible olvidar. 
El 23 de marzo, por ejemplo, fecha en que nace Rolando Cárdenas, trae asociado para mí ausencias que aún no terminan de estar ausentes. 
Esos 23 ineludibles días de enero de 1974, cuando nació mi primer hijo. O ese otro 23 fúnebre septiembre con el que se inició la rebelión de los desapercibidos y que hoy nos cobija en su casa.

Ed. Caballo de Mar luisulloavargas@mi.terra.cl
Pero como se dice por estos días, quizás sea necesario declarar además entre mis bienes o mis males, mi dislexia, aunque el cambio de palabras a veces signifique un acierto. Como en el tango “El día que me quieras" por ejemplo: de tu risa leve, debió ser breve. No me parece que existan risas leves. Mucho menos pasiones leves. Solo hay pasiones breves, vidas breves. Al menos es lo que me aconseja mi ineludible vanidad.

Porque para entrar al sur, paredón y después, hay que omitir y acaso no olvidar, las palabras que se quedaron flotando entre el sueño y la niebla después de las botellas rituales. Y uno comienza hablando de los presagios del chucao  para terminar cantando el tango “Uno”. 
¿Pero y donde se fueron esas palabras anteriores? ¿Y como fue que ese olvido de alguna forma nos sedujo? Así Boroa, puede terminar siendo Cherquenco, o Cantalao. Y Lorenzo Rivas, cualquiera de esos rostros que el tiempo se encargó de diluir.

En una mítica película del gran director Eliseo Subiela, un poeta reta a la muerte, representada por una espléndida actriz, que trata de seducirlo en un bar donde espera que un muchacho ya seducido termine su café para llevárselo al reino de Hades, pues sabe que vivo jamás será suyo. Y con unos versos de Oliverio Girondo le dice a la muerte: siempre te gustaron los pendejos,/: muerte al pedo, /muerte implacable, /muerte inexorable,/ misteriosa muerte/.Muerte súbita, muerte accidental,/ muerte en cumplimiento del deber. 
En otra película, nuestro querido Jorge Teillier filmado en la madrugada de Lautaro, en medio de una niebla espesa, repetía “No hay nadie”, como hablando desde un purgatorio o protestando entre los rieles vacíos ocupados por gorriones imaginarios. 
El poeta en su desorientación, que al parecer ni siquiera sabe donde está la cámara, me pareció y me sigue pareciendo que estaba realizando el movimiento justo de su corazón que rearmaba aquello que no existía, o estaba oculto por la niebla y en algún momento renacería. El retorno a lo que quizás ya no existía. O que sí existía.

Pablo, mi hijo me decía que habían dos tiempos en la cinematografía y en la vida: la noche y el día. La noche representaba para él todos los recuerdos o sueños. Y el día, el presente. Eran días en que traté de convencerlo en filmar las imágenes de un faro donde vive sus últimos días un hombre solitario. Una novela que escribí y que quien sabe porqué no quiso leer. Ni yo mismo quisiera releerla por no encontrarme con ese personaje, solitario que yo mismo creé escogiendo las palabras que quisiera olvidar.

¿Habré conocido a Rolando Cárdenas? ¿Allí en la Unión Chica cuando pasaba a saludar a Teillier y sus amigos de la hípica con los que hablaba con sapiencia de boxeo? Es posible, no lo sé. Existieron palabras que volaron, carcajadas, a veces llantos, furia. Y rostros. ¿Qué fue lo que quedó, qué luciérnagas sobrevivieron después de  tantos años? ¿La esperanza, de algo, el brillo de ojos que quizás quisieron decirnos algo, o tal vez si lo dijeron?

Cuenta Aldo en su libro que el poeta Cárdenas perteneció a una célula del PC, que algún “comisario” dio por terminada después de apenas seis meses, al comprobar que los militantes, poetas todos, hablaban de cualquier cosa menos de política. En la brigada, estaba naturalmente el compañero Jorge Teillier.

He vuelto a leer “El fantasma del faro Evangelistas”, y me vuelve a dar vueltas cómo fue que esa soledad, ese olvido, se transformó en mi propia persona en un arquetipo, en un continuo de esperanza, desesperanza y disolución, en medio de una lucha feroz de rocas y de olas, que no fueron mas que una lucha de palabras y silencios.

Hace años que venimos hablando con Aldo de este libro suyo, del que jamás me dio muchos datos ni adelantos. Pero si hablamos del tiempo que se nos iba, de trabajos e iniciativas para sobrevivir. Y en medio de todo ello, el ojo del poeta que estudia sin parar a autores que nadie conoce, o que son olvidados.
Por eso y mucho mas, agradezco que Aldo me permita decir no lo que sé, sino lo que siento por su noble labor silenciosa. Y de paso, por cierto agradecer a la propia obra de Ramón Diaz Eteróvic, que en palabras de Aldo, surgen como puntales insustituibles para ver toda la obra completa de Rolando Cárdenas.
Para terminar quisiera recordar un abrazo triple con Aldo y Jorge Teillier. Era de noche en Santiago, afuera de "La Unión Chica". El abrigo del poeta disimulaba su flacura. 
No entendimos qué quiso decirnos antes de subirse al taxi. Parece que fue semanas o días antes de su muerte. 
O bien ya estaba muerto pero quiso disimularlo porque seguramente sabía de nuestra gratitud y no querría apenarnos.
A este mundo imaginario o no, pertenece el poeta Rolando Cárdenas que hoy volvemos a recordar gracias al querido amigo poeta Aldo Fernández.