domingo, 5 de marzo de 2017

OBLIVION


Finalmente todo será olvido, hasta el propio olvido. 
Hasta la sombra de lo que fuimos.

Y sin embargo antes de que el tiempo y el espacio se curven inexplicablemente en la esquina de la calle imaginaria, sobrevendrá la nostalgia sin pasado: el extravío, los parajes que se inauguran y se deshacen.


Solo hablará la analfabeta soledad con señas desde su mudez.

QUISIERA EL SOÑADOR PERPETUAR EL SUEÑO

Persigue el soñador una muchacha, o al revés. El asunto es el encuentro y la despedida, la distancia. Se vuelven fugaces los instantes. Quisiera el soñador perpetuar su sueño.
Pero la soñada, quizás sin saber que está siendo parte un sueño, participa en el juego, ignorando y dejándose arrastrar por frescas ilusiones: amores no imaginados, parajes, canto de pájaros raros. Un mundo extraño, confuso y excitante.

Que uno no sabe de donde es y ni siquiera para donde va, es sin dudas la única realidad.
Es breve el espacio entre los silencios del comienzo y el fin.
Como si uno despertara solo para volver a dormir.

El ser es una isla rodeada de caimanes, cuando no de caníbales afiebrados de hambre.
El alma pendenciera se rebela y el instinto prende una luz tenue, lejos de los lugares comunes. Como decir, un taxi imaginario, un bosque que no existe, soñado por alguien.

Para donde uno va, el destino, como le dicen, engaña
Nadie ha regresado del futuro.
Solo hay luces (y sombras) en las que de vez en cuando emana una especie de niebla que abraza toda la realidad.