viernes, 15 de abril de 2016

EL ESTAFADOR DE LA FAMILIA / (Asesinato Neruda)

("Soy el sueño de otros VI")

Por Bernardo Reyes

¿Será el momento de hablar del estafador de la familia?
Parece un exceso entre tanto estafador de cuello y corbata. Entre tanta diarreica beligerancia política, tan superficial, tan tontuaca a ratos. Y el descaro institucionalizado, la ilusión de participación ciudadana, y la rabia de los abusados creciendo como una marea enorme, como un maremoto.
Porque digámoslo con sinceridad ¿Tiene importancia hablar del asesinato de Neruda, cuando apenas se trata de un gasto estatal de algunos millones de dólares en investigadores de primer nivel, en abogados?
Al lado de la colusión de las farmacias es un pelo de la cola. Al lado de SQM, es pecado venial.
A ratos, en este gris salón de espera de los marginados, uno quisiera que alguien hablara del país que no somos, para saber qué cresta es lo que somos. Íbamos tan bien, hasta resultaba soportable aceptarnos como reyes del eufemismo, que nos otorgaba cierta elegancia británica, aunque pasada a naftalina. Pero ahora resulta que el agua nos llega al cuello, e interpretamos los síntomas de asfixia, como mera presunción. Como una “sensación térmica” de la muerte.

Me dijo mi amigo Guido, puchas que nos han tocado muertos. Y claro, saltándonos el personalismo, los muertos que nos permiten seguir vivos, y que sostienen nuestras vidas, son niños mapuches asustados golpeados por los pacos, o niñitas abusadas y muertas en el Sename, lloriqueadas mariconamente cuando no hay nada que hacer. O muchachos atrapados en los ghettos de la droga, o en reducciones.

Pablo, mi hijo, me dijo que al estafador de la familia debíamos nombrarlo directamente como “maricón sonriente” por sus características físicas y síquicas. Esto para el guion que tomo como base para estos comentarios y que tiene un listado de entrevistas y tomas diversas por realizar.
Pero Pablo –le dije- cómo vas a referirte a alguien de tu sangre como maricón sonriente, alguien que se codea con presidentes, con fundaciones, con gente importante. Y claro, como es porfiado, me sigue soplando al oído que debe ser nombrado como “maricón sonriente”, cuestión a la que me niego, dado que la palabra tiene distintas acepciones. Y lo que interesa destacar es la acepción de ser cobarde, pusilánime, y no otra.

De manera que no estoy en condiciones de referirme al maricón sonriente, sino apenas a un estafador que utilizando la burda maniobra del robo hormiga ha dejado anhelando su dinero a herederos del vate sumamente pobres. Apropiación indebida, se le llama a este choreo, similar al de los carteristas. Extraordinariamente similar al modus operandi de las ratas de campo.

Pero por aquí viene lo grave: resulta que el estafador de la familia está vinculado a las querellas por un asesinato inexistente de Neruda, donde el querellante inicial es el Partido Comunista, al cual lealmente le hice llegar, como corresponde, documentación para juzgar el mérito de mi postura y conclusiones.
Por estos días algunos periodistas han denominado “luciérnagas” a aquellos personajes dados a la narcótica experiencia de estar hablando tonterías por los medios de información. A este estado de iluminación mesiánica de un foco LED de TV al que se le acabará la batería en algún momento.

Sin ahondar demasiado en el tema, que presumo otro día desarrollaré, debo decir que recuerdo a Antonio Quintana, nuestro líder sureño, cuando era dirigente estudiantil, y era un político bastante limitado. Sin embargo funcional en la común lucha contra la dictadura.
Sin embargo uno piensa que la mente de los que nos dirigen evoluciona, que la torpeza de los inicios va mutando en sabiduría. Pero a cata rato vemos que la frase de Gabo, tiene validez plena: “la sabiduría llega tarde, cuando ya no sirve para nada”.

Antonio Quintana, un muchacho bueno, pero igual de superficial como antaño, ha recibido oficialmente a la representación familiar del 17% aprox. El 65% o mas, nos quedaremos sin el discutible honor de escuchar su voz.

Es raro.
Pero, ¿Hay algo que no sea raro en este país?
Un amigo que aprecio, me decía que la militancia no se improvisa, a propósito de Camila Vallejos. ¿Será verdad que el condicionamiento sea lo mismo que el asombro?