domingo, 10 de abril de 2016

¡ BASTA DON MANUEL !

(“Soy el sueño de otros I”)

Por Bernardo Reyes *


En los días que sigan me he propuesto escribir diariamente un comentario referido a este colosal fraude ético en que se ha convertido, lo que el decadente periodismo, ha denominado, “el caso Neruda”.
Lo hago por el compromiso adquirido con mi hijo menor que había pensado en titular documentalmente todo este patetismo nacional, como “Soy el sueño de otros”. Su guion, que rescato de sus apuntes, lo expongo parcialmente, dado que en este largo viaje que ha emprendido para entrevistar a la lluvia, al viento marino, a la espuma, y a los ecos de las sombras, tomará un tiempo.
Y porque Ud., don Manuel, representa mejor que nadie el daño encubierto de la dictadura: el valor insospechado de la apariencia, la simulación, la demencia avanzando por los meandros de la impostura.
Naturalmente el mejor testigo de lo que afirmo, es usted mismo, porque sabe a ciencia cierta que usted ha mentido y sigue mintiendo aunque lo descubran.
Lo definí en una oportunidad, en una radioemisora, muy descortésmente, como un mitómano clínico. Le pido disculpas. No pensé en su familia, en sus amigos, en sus camaradas de partido. Tampoco pensé en su ciudad que lo ha tenido casi a punto de convertir en héroe nacional.
Fui un desconsiderado, además, al no pensar en aquel poeta agudo y puro, ahora dedicado a tiempo completo a imberbes ocurrencias, como fue proponer un monumento en honor a Ud.
Quizás no debiese ser crítico de los materiales de este sensible y visionario poeta, que sugirió al estiércol cómo material de construcción. Hasta es probable que este monumento perviva, pese a que la lluvia suele diluir hasta la roca.
No lo sé, nunca he sabido cómo se hacen los monumentos, y carezco de conocimientos de cómo pervive la mierda. Pero aún fosilizada, la mierda sigue siendo mierda.
Dice el Tao: Lo que hay de más blando en el mundo, vence a lo más duro. Lo inmaterial penetra aún aquello que carece de fisuras.

¿Pero Ud., por su parte, ha considerado el daño que se está causando, el dolor que significa estar envejeciendo proyectando su futura imagen que no será ni mas ni menos que una piltrafa despreciada por todos?
Casos como el suyo hay varios. Recuerde Ud. al jovencito, aún adorado, que decía ver a la virgen.
Le diré que en su afán de figurar y querer compensar los zarpazos de la dictadura a su vida, usted es y seguirá siendo funcional al fascismo, a su prensa, a los que anhelan la involución de nuestra patria, teniendo a parte de la población sumidos en la pobreza, en el control mental mediante la exacerbación del hedonismo, del consumo, de la avaricia.
También le diré (y develaré, si es posible) en quiénes son sus asesores: montajistas de tomo y lomo; estafadores de su propio partido y de la familia; termacéfalos variopintos que sin ninguna capacidad de análisis, han repetido como loros un engendro de conclusiones infundadas.

De manera que le haré una propuesta que me parece bastante razonable: diga la verdad a la prensa, ahora sin que le paguen, llore en público, pida ayuda a sus camaradas, en donde hay gente valiente, buena, compañeros que aprecio y respeto.
Libérese don Manuel de esta carga injusta. Libérese de esta misión innoble de ser un instrumento justamente de los herederos de la dictadura.

Reflexione, piense en el daño que ha hecho exponiendo a sus propios camaradas a un soberano ridículo. Sueñe cómo sería Ud. mismo pero sin la demencial perseverancia de querer ser otro.
Espero que no hubiera olvidado las ocasiones cuando le pagaron sumas bastante considerables para hablar de “Pablito” (¿Estaré cometiendo una infidencia?. No debiese ser, esto está consignado, solo que se ha omitido por la prensa).

Si Ud. tomara esta valiente decisión, quizás pueda evitar el bochorno  de ser desenmascarado, a Ud. y a quienes lo han ayudado vilmente. Y lo haré con la ardiente paciencia que el caso amerita.
No señor, ya basta: el poeta no necesita de sus afirmaciones mentirosas para ser el que es. Y Ud. no ha hecho ningún aporte al descubrimiento de un homicidio, por la sencilla razón que este homicidio, o acto homicida, solo existió en su imaginación.

* El presente comentario es de exclusiva responsabilidad de su autor, que no está vinculado a ningún partido político, o institución.