miércoles, 6 de abril de 2016

LO QUE SE OCULTA Y CALLA

 Reseña del escritor Mario Valdovinos, para "Artes y letras" de "El Mercurio", 27 de marzo 2016. 

El diario de Cristina
Bernardo Reyes. Novela
Editorial RIL. Octubre 2015. 133 páginas

La novela, carente de diálogos, está escrita sobre la base de secciones y capítulos muy breves, con un decorado minimalista, por medio de un  estilo atractivo y elaborado. La historia de una mujer muerta hace cincuenta años, en 1962, aparece narrada por el bisnieto, quien construye una trama evocada y conjetural: la biografía de Cristina, a partir de residuos, de un diario infantil,  de fotos -polvo azul de exterminadas fotografías-,  y de marcas adheridas, como fantasmas que agonizan, en la memoria de los protagonistas. Cristina es analfabeta, después cleptómana y ninfómana, viuda a los veintitrés días de casada, un ser sin lenguaje, pues sus vaivenes los reconstruye la voz de un narrador testigo, su bisnieto. Cristina, una guacha, es una pariente pobre y conflictiva, una pieza que no encaja en el orden de las familias de la región de La Frontera, durante el siglo pasado. La novela describe un mundo perdulario y espectral, no exento de violencia y de pasiones desaforadas, de sombras y enigmas, de secretos guardados y misterios, de abusos, tabúes y celadas. Un microcosmos donde es más elocuente lo subterráneo que lo dicho, y el rumor de lo cotidiano mucho más intenso que la épica y la vida heroica. Una trama despojada de hechos solemnes, movida por un lenguaje poético  y provisto de la virtud capital de la prosa: la amenidad. Son sombras que murmuran, reptan y complotan, unas contra otras, en un paraje cómplice de esa larvada forma de existencia.
 
En medio de la historia, Cristina queda en la penumbra y alcanzan mayor visibilidad el abuelo del narrador, innominado, adicto a las mujeres, y el correlato frecuente que apunta a la figura también evocada de un poeta criado en Temuco, que cumple estaciones biográficas muy parecidas a las de Neruda, quien, en su correspondencia enviada desde oriente, cuando era un abandonado cónsul, menciona en sus cartas a Cristina. Sobre Neruda la voz narrativa incluye ironías y conjeturas disparatadas, no desprovistas de humor, satiriza su figura. El diario de Cristina acumula vidas mínimas, figuras de segundo plano, comparsas, actores de reparto.
Después aparece la bisabuela, quien, cansada de la sumisión, huye con un gitano; el narrador, verdadero protagonista del relato, enferma de cáncer a la cadera y se retira con sus reflexiones y recuerdos a una casa costera. Allí la noción argumental se desmadeja un poco, respecto de la historia de Cristina, si bien el interés narrativo no decae, debido al estilo de contar: reflexivo, crítico y autocrítico, matizado con episodios y sentencias de  impacto.
La conclusión es que lo que se oculta y calla resulta, a fin de cuentas, lo dicho.



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