jueves, 14 de abril de 2016

DOS LOROS DESPLUMADOS Y DOS HISTORIAS IMAGINARIAS /(Falso asesinato N.)

Por Bernardo Reyes

("Soy el sueño de otros V")

Primera historia imaginaria.
Esta era una vez un joven que tuvo la misión de llevar dinero a Buenos Aires, para proteger la vida de un grupo de chilenos clandestinos, que probablemente entraron por pasos ilegales, huyendo de la barbarie pinochetista.
Se me vino a la mente el Chico Oliva, pololo de la Yanny, y que murió acribillado en una de las encerronas de los militares argentinos, lejos de su natal Temuco.
La historia es decadente, vergonzosa, porque termina con que el dinero no llegó a destino si en los bolsillos del emisario. Quizás, no lo sé, algún muchacho acobardado y con hambre murió y desapareció en las calles laberínticas de Buenos Aires debido a esta falta de dinero.

Segunda historia imaginaria.
Esta era una vez un amante y conocedor de la poesía. Sonriente, cariñoso. Bueno para dar consejos a los jóvenes, a los niños.
Pero su decrepitud moral con los años lo fue deformando, hasta que sucedió lo inevitable y cayó en desgracia al ser un presumible abusador de menores.
La historia es triste, algún muchacho poeta debió apagar para siempre un poema que quedó aleteando en su boca, para denunciar la infamia.
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Sin embargo el motivo de esta quinta entrega, no tiene que ver con estas dos historias tristes y anónimas, inventadas, escuchadas, olvidadas en sí mismas. Pero que con seguridad sucedieron, suceden. Desalientan.
Esta es la historia de dos oportunistas que de alguna forma contribuyeron con un lastimoso apoyo a una historia completamente falsa.
Pero la mente es así, funciona con rapidez, pasando de un dolor a otro, de un goce a otro. Ying Yang. Uno puede ficcionar en cada momento, aunque la realidad sea otra.

Pero antes quisiera hacer notar que una de las razones de la difusión del asesinato de Neruda, fue el silencio cómplice, la obsecuencia, y el gozoso y automático fervor con que fueron sumándose numerosos intelectuales, que sin reflexionar en los antecedentes conocidos, se sumaron para ser parte de la teoría del magnicidio, quizás para no quedar fuera del reparto de galardones morales.
Surgieron pues, cientos de poetas rabiosos, agudos, intelectuales. Nerudosos  fustigados por la orden de su partido, repitiendo como loros el discursito oficial.
Personas que aprecio, como el alegre Alain Sicard, que cambia de ceño de inmediato si acaso alguien le contradice que Neruda no fue sido asesinado. ¿Y Adam Feinstein, que agregó un capítulo a su magna obra para no quedar fuera de la luz denunciadora? Una lista de diplomáticos, de hombres del decir ampuloso, como lo son los dueños del poder político, de esos que parecen estar mascando maní en todo momento. Hombres de culo chico, como los describe una magnífica poeta.

Pero los nombrados en realidad no han hecho ningún daño a nadie, salvo mostrar con inocencia, que no eran tan agudos como pretendían, y que por importante que fueran sus nombres, sus hechos los empequeñecerán, al punto de que a nadie les importarán sus vidas, salvo a quienes irán a dejarle floras frescas .

A los que si me resulta difícil no decirles oportunistas parten con el profesor y Premio Nacional de Educación don Hugo Montes. A don Hugo le debo el inmenso favor de haber difundido y haberme estimulado a escribir mis primeros poemas buenos o malos. Pero como no soy obsecuente, debo dejar testimonio de una mentira con la que quiso adherir a la causa del asesinato de Neruda.
En síntesis, en lo referido al asesinato de Neruda, don Hugo dice que Laura Reyes, le habría dicho que la muerte del poeta había sido por intervención del gobierno militar.
La entrevista se desarrolló en la ciudad de Villarrica, aparece consignada en su libro “Cartas a Laura”, y en casa de una prima mía (16 de febrero 1976).
Sé con detalle de esta conversación, de lo que el propio profesor asevera en su prólogo. Por esos días, y permanentemente Laura Reyes vivía con nosotros en Temuco, y alternaba con viajes donde algunos parientes.
Decenas y decenas de veces conversamos los detalles del deceso de Neruda, y jamás supe de intervención alguna del gobierno militar.
Conclusión: Hugo Montes mintió con descaro, sin necesidad de hacerlo. Su propio libro, esta recopilación de Cartas mas sus comentarios, son valiosos pero ¿Y porqué razón habría que silenciar el descaro?
Lo siento, pero considero que don Hugo, si la vida se lo permite, debería pedir disculpas por haber mentido o metido la pata. Me imagino que su moral cristiana aún estará vigente.

El segundo oportunista es el poeta Gustavo Adolfo Becerra, que declara en la entrevista: Creo que la exhumación de Pablo es un homenaje merecido a don Manuel Araya, a su tenacidad: la verdad develada cualquiera sea debe culminar con el imperio de la justicia, cualquiera que sean los responsables.
En buenas cuentas su convicción es la de estar frente a un héroe, y no frente a un mitómano. ¿Entonces para responder simplemente optó por el camino de la especulación sin reflexionar? ¿Fue Becerra, un becerro arrastrado por la campana del líder de la manada?
Pero la mediocridad investigativa es lo de menos. Becerra proviene de un círculo de poesía, de poetas nobles del sur formados con el afecto del gran musicólogo y joyceano don Víctor Molina Neira. ¿Merece su ser esta autoflagelación moral?
Recuerdo el runruneo de una poesía hermosa, brotando de una máquina de escribir que no se detenía. Poemas interminables, a veces crípticos, pero siempre con bella sonoridad.
Y también lo recuerdo junto al circunspecto y posero director de coros Mario Baeza, en un acto coorganizado con Gustavo Becerra, donde con una mala educación que aún me resulta desagradable, Baeza quiso saber qué leería para establecer su censura estúpida proviniendo un hombre del que se reconoce su labor artística y política, su defensa a los derechos humanos. Becerra en ese homenaje póstumo a Matilde, me dejó sin silla. Recién habíamos dejado en su nicho a Matilde.
Me resulta intolerable que sus palabras, antes dedicadas a una bella poesía, en esta entrevista las utilice para denigrar oblicuamente a Matilde, la mujer que lo acogió con cariño, gracias a mi amistad. La que abrió las puertas de corazón y de su casa. La que le permitió escribir sus memorias. ¿A qué viene esta historia absurda y  cobardona que narra sin que le tiemble la voz?
Resulta bastante imperdonable hablar de cuestiones íntimas cuando han ocurrido estas muestras de cariño.
Y es justamente por lealtad con el poeta que fue, que no hago ni haré mas aclaraciones referidas a su serpenteantes respuestas. Pero hay seres a los que no perdono. Y este es uno de ellos.

….Hay otros. Muchos otros. Pero hablar del español Luis María Ansón, por ejemplo, es quedar pasado a mierda.


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