lunes, 5 de enero de 2015

5 enero 1985- 5 enero 2015/ A 30 AÑOS DE LA MUERTE DE MATILDE URRUTIA




“Alguien me avisó a Temuco que Matilde había fallecido, cuestión que al encender la radio, a esa hora temprana, ya estaba siendo difundida por las radios.

Viajamos de inmediato con Marycruz, en auto, y con nuestros dos hijos, David y Pablo, aún pequeños.

Todo me resultó bastante extraño, pues hacía pocos días, justo la noche de Año Nuevo, había hablado por teléfono con Ángela, la hermana de Matilde, ya a cargo de toda la casa, y me había dicho que Matilde se encontraba en las termas de Chillán.

Después supe que Matilde había solicitado que por ningún motivo yo me enterara de su cáncer, ni mucho menos de su agonía.

Como hubiese sido, celebramos ese cumpleaños de Marycruz, el día siguiente, de manera fúnebre, visitando La Chascona, con un nuevo velorio a su haber.

Era extrañísimo ver a los muchachos de las JJCC con sus uniformes haciendo guardia al féretro sellado. Y más extraño era el nerviosismo de los muchachos, también de las JJCC, a cargo de la seguridad. Tuvimos alguna dificultad para entrar, pero alguien caritativo me reconoció.

Sentí pena y una sensación que habían usurpado esa casa, dado que las puertas lucían candados y cadenas recién compradas.

Y claro, no podía ser de otro modo, dada la multitud.

Cuando salió el cortejo, ya por avenida Perú, salió un piquete de carabineros con palos en las manos. Íbamos adelante, tomados de los brazos, el cura Marotto, Cárdenas y varios otros, que antes de tomarnos de los brazos pusieron cara de que yo podía ser un infiltrado. Asunto que fue aclarado por algún poeta, que me conocía, y que había recomendado mi presencia.

Ahora que lo recuerdo, fue una sensación terrible: cuando los pacos estaban a menos de diez metros, me dije que si algo había aprendido de Matilde, era que al miedo había que enfrentarlo. Y muerto de susto, me quedé petrificado, y creo agaché la cabeza y me resigné a que si querían me partieran la cabeza pero yo no retrocedería.

Y ocurrió el milagro, pues fueron los pacos los que retrocedieron.

Poco más allá, un amigo actor, que me reconoció, bajó de su pensión descalzo y a medio vestir para abrazarme, con una mezcla de pena, rabia, y alegría. En Temuco, con Andrés –ese era su nombre- por años habíamos hecho actividades en contra de la dictadura.

Pasaron varios años antes que pudiera volver a esa casa. Incluso cuando regreso estos días, una nostalgia indefinida me invade. Siento la sensación que habrá una nueva orden, y que desaparecerán las visitas, y las flechas indicadoras.

En varias ocasiones, cada 23 de septiembre, Matilde me indicaba que me volviera antes a La Chascona para preparar un pisco sour. Luego llegaba ella, aún medio ofuscada, pues tenía que ir a sacar a los muchachos detenidos de las comisarías, y entre otras cosas, recibir los insultos de los padres, que la miraban como una mala influencia comunista.

Al poco rato, retomaba la calma, su carácter duro se ablandaba, y bebíamos hasta que la noche comenzaba. En algunas ocasiones, los poetas jóvenes que fuimos le leímos nuestros poemas.

Creo que si hay algo de esa presencia física de Matilde que aún pervive en La Chascona, y el resto de las casas, se debe al afecto de muchos. Hace pocos meses hablábamos con una persona encargada del aseo en Isla Negra, y me conmovió el cariño que vi en sus ojos.

Me parece que la memoria afectiva la construimos entre todos.

Y siento que solo así lo transitorio puede hacerse trascendente, hasta el fin de los días”.

Bernardo Reyes,  5 de enero de 2014

http://www.fundacionneruda.org/es/noticias-y-actividades/a-30-anos-de-la-muerte-de-matilde-urrutia