viernes, 2 de octubre de 2015

EL DIARIO DE CRISTINA (novela)



El narrador mira a los personajes que desaparecen en la bruma del relato, de regreso a sus páramos, a pueblos y ciudades que a veces se nombran como existentes.

Porque la verdadera historia fundacional del «sur del mundo» no es la que cuentan los ocupantes de territorios tomados por la fuerza, sino la de pueblos sin nombre, mimetizados con el paisaje o borrados por la lluvia y el musgo.

Un misterio, una niña que no conoció otra cosa más que el rencor, un padre ausente y un célebre escritor, que aparecen y desaparecen como en una obra teatral, y este paisaje conmovedor son los elementos fundamentales de esta novela, situada a mitad de camino entre la ficción y la realidad, en una ciudad que arbitrariamente se denomina Temuco, pero que bien podría llamarse Cantalao o Comala.

Cristina, una hija «ilegítima» signada por la pobreza y la soledad, registra malamente una realidad que apenas puede comprender porque parece ampliarse hasta mucho más allá del entorno sureño en el que está inmersa.

Así, explorar en la conformación de una familia a partir del más ignorado de sus miembros resulta ser un símil, un arquetipo de cómo, desde las omisiones, es posible reconstruir una historia que nos conforma como individuos y como nación.