viernes, 9 de enero de 2015

EL ÚLTIMO TREN A CASA



Busto Neruda, Metro de Santiago, Estación Cal y Canto 
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Por Bernardo Reyes



Le pidieron al testigo que recordara el rostro que fugazmente divisó hacía cuarenta años.

Al poco tiempo le solicitaron al mismo dibujante policial, que envejeciera el retrato hablado unos cuarenta añitos, a ver si con esta astuta estrategia encontraban al sospechoso caminando por el Paseo Ahumada, o comprándose esvásticas en el Mercado Persa Bío-Bío, o por último en algún hospital geriátrico.



Nadie, ningún periodista, hizo el menor comentario del absurdo implícito en solicitar la recreación de un rostro visto hace tantos años y por un lapsus breve de tiempo.

Pero, por las dudas, hice el ejercicio de intentar recordar los rostros de los milicos cuando entraron -por ejemplo- en la Universidad Técnica del Estado, sede Temuco, donde estudiaba ingeniería, aquél terrible día de septiembre de 1973.



Y lo que recordé fue una mezcla de rostros provenientes de sueños,  de películas, de fotos viejas y de borracheras.

Toda esta absurda diligencia pericial se desarrolló en Santiago de Chile, hace algún tiempo, a vista y paciencia de decenas de medios de información, a propósito de diversas gestiones ordenadas por don Mario Carroza, ministro a cargo de la investigación por el presunto asesinato de Neruda, querella sostenida por los dichos de un probado mitómano clínico, bajo el gentil auspicio de hiperventilados querellantes, sin escrúpulos en la superficialidad y burdos razonamientos de sus estrategias jurídicas.



El argumento del cuento se basaba en que un médico de turno en la clínica Santa María, donde se encontraba internado el poeta aquél día 23 de septiembre de 1973, y los días anteriores, vio o supo de un doctor, que al parecer efectuaba un reemplazo.

O bien se trató de un soplón simulando ser médico. O efectivamente era un médico, y no se llamaba Price, como dijo que se llamaba, sino Prize, o Pfeiffer, o Pérez. O no se llamaba de ninguna de estas formas, sino que el primero de la cadena que escuchó el apellido, tenía una disfonía, o una tartamudez, y la palabra de marras, quedó así rebotando de oído en oído en forma defectuosa por los mismos cuarenta añitos en que los querellantes cayeron en la cuenta de que el ovillo del intríngulis, comenzaba nada menos que en esta operación de encubrimiento de la dictadura para asesinar al poeta, que algún intrépido imaginativo bautizó creativamente como Operación Price, o Prize, o Pérez.

No tengo la menor idea si el doctor Sergio Droper -que fue quien mencionó al espectral médico reemplazante en su declaración ante la PDI -, mintió, o se equivocó de nombre, o lo que hubiera sido.

Pero el asunto fue que nadie recordó al fantasmal galeno, que presumiblemente tenía que ver (o quizás no) con una supuesta maniobra homicida.

Y cuando se dice nadie, es nadie. (¿Existió realmente?).

Pero como la probada ramplonería sobra en los querellantes y dos expertos morcilleros, que antes de recaudar la fortuna que provendría del best seller denunciante, terminaron tirándose mordiscos, establecieron que sí existió la rimbombante Operación Pérez (o cualquiera de sus variantes fonéticas). Y nadie les refutó nada. Inclusive se escucharon aplausos de algunos discutibles exégetas nerudianos.

Ergo, existía, para ellos, la necesidad de realizar un retrato hablado.

Estos morcilleros, o expertos en embutidos, cada uno convencido en su peculiar y única verdad, lo que han demostrado es la ridiculez argumental, al razonar con unos cuantos terminachos médicos acerca de temas complejos, como es la evaluación de residuos tóxicos, que pudiesen provenir de intentos de envenenamiento.

Pocos recuerdan por ejemplo que entre los elementos extraídos de los cancerosos huesos del poeta, se encuentra una sustancia que servía para la coloración de jugos sintéticos. Es decir, se supo hasta del juguito que tomó el día previo de la muerte, pero no de alguna sustancia homicida, como lo aseveraban las diarreicas e interminables verbosidades de esta pareja, ahora distanciada profesional y, al parecer, emocionalmente.



Otro autor de otra obra denunciante, con cautela ibérica, contempló el decadente espectáculo de los mordiscos, y manifestó para todos los que quisieran escuchar, que el no dijo lo que dijo, sino que diciendo lo que dijo, dijo otra cosa.

Vale decir, ha intentado el bisexual acto de quedar bien con Dios y con el Diablo, cuestión que ya poco importa, pues retomando los bríos creativos, y no quedándole más remedio,  ha evacuado una nueva obra, que ahora sí le dará con el palo al gato: él lo nota clarito.

Se trata de una biografía dedicada al poeta, y otra obra ya circulando, al líder mayor de los émulos chilenos del Ché, fallecido en trágicas circunstancias por un baleo de los militares, a pocos días del golpe militar.

En resumen, en este caso científicamente ya se demostró que no existe un homicidio, dado que la evidencia forense es de tal contundencia que presumir algún procedimiento homicida, es casi tan probable como agarrarle el trasero a un ánima.

Dicho de otro modo: no hay homicida, ni procedimiento homicida, ni sospecha homicida, pero si hay una querella basada en el loco afán de creer que la duda razonable representa un hecho concreto y tangible, dado que un señor estableció un hecho que tan solo él vio, o creyó ver.

O imaginó ver.



De que nuestra justicia es una porquería, ya nadie lo pone en duda. Pero en este caso hablamos que el ministro que ejerce la justicia es un hombre probo y equilibrado, que no se aparta de la ley escrita,  creada muchas veces por redactores que, notoriamente, exponen la torpeza de sus propias limitaciones.

Hay ciertamente casos, recientes y no tanto, en que la ley aplicada por jueces inexpertos, provoca vergüenza ajena: ocho años de cárcel para quien roba la gorra de carabinero, y cero años para un conspicuo borracho que atropella y mata a una persona, podría servir de ejemplo a lo dicho.

No es ni remotamente el caso del ministro Carroza, que hace lo que tiene que hacer.



Le pregunté a un destacado penalista acerca de si acaso lo realizado por el Sr. Ministro estaba en lo correcto, y manifestó que cualquier hombre que entienda de leyes, habría tenido que hacer todo lo que solicita la parte querellante.



Brota entonces la pregunta de cómo es que se arma este insustancial castillo de naipes, y qué papel juega entonces la medicina, ya que basta que cualquier persona invente algo para que esto de origen a una querella criminal. Y de estas fantasmagóricas querellas, hay decenas de casos. Presos políticos, que no lo fueron; torturados, solo en su imaginación; montajes masivos de actos pedófilos (caso Gemita Bueno, por ejemplo), etc.

Al deficiente sistema de salud PRAIS (Programa de Reparación en Atención Integral en Salud y Derechos Humanos) de mi barrio, donde concurren los verdaderos torturados, y donde muchos compañeros de lucha deben soportar las carencias de medicamentos, las interminables esperas en los hospitales, se soporta a diario las limitaciones y la indiferencia de quienes fueron dañados por la dictadura.

No es noticia que una joven engendrada bajo tortura padezca de epilepsia y que no disponga de ayuda médica. Pero sí lo es el fastidioso parloteo de quienes ocultando su arribismo y su presunta búsqueda de justicia, o de querellas para forrarse, adopten cierta pose de justicieros.



¿Es que no existen los medios de evaluación médica de quien hace una denuncia? ¿Es que las declaraciones no pueden ser chequeadas? ¿Es que no existe abundante información, refrendada por los informes Valech y Retting, que puedan dimensionar la verosimilitud de los dichos?

¿Es que no existen estudiosos de la obra del poeta que puedan hacer estudios comparativos entre las declaraciones hechas y la documentación manuscrita existente?



Mientras tanto, comenzando a girar el año, vuelven a hacer noticias las mismas estupideces del año anterior, estafas de poca monta, explícitas filtraciones del expediente por el asesinato inexistente de Neruda, que coinciden con agonizantes entrevistas que ceban bostezos mediante añejas y presuntas noticias.

No, no es noticia la esclavitud y sometimiento a un sistema de porquería que destaca por horas las entrevistas sobre qué hacer cuando hay treinta grados de temperatura, o de cómo ha sido el flujo vehicular un día de congestión.

 
Interior metro. Fotografía B. Reyes.

Hoy viernes 9 de enero del 2015 comienza a circular un tren del metro de Santiago, durante un año, decorado por dentro y por fuera con los “Veinte poemas de amor”. (VER VIDEO)

Pareciera una inequívoca respuesta del poeta, de la poesía, desde el  más allá, a un montón de presuntuosos oportunistas, que utilizando vínculos familiares y políticos, han pretendido apoderarse hasta de los despojos físicos.

Seguramente los jóvenes poetas, como sucediera con Neruda cuando escribió estos rupturistas versos, dirán que ya es ñoñería excesiva, que no están ni ahí. Y soñarán con nuevas formas como intervenir la ciudad para mostrar la continuidad creativa generacional.  

Y me alegro que así sea, que surjan nuevas e innovadoras voces poéticas, que se atrevan a escribir como lo hiciera Zurita en los cielos, si quieren mediante un láser dirigido a la luna. Que inauguren una poesía tan inverosímil que ya ni ocupe palabras, como lo anunciara el propio joven Neruda en sus arranques de extrema expresividad creativa, justamente cuando viviera, pobremente, en el barrio por donde pasará este tren del metro decorado con sus versos. Aquella calle Maruri, mítica y dolorosa, donde el poeta veinteañero, recién llegado de Temuco, soñara con que sus poemas se conocieran por todo el mundo.

Todo ello me parece justo, y claro, y necesario. Será necesario que los antiguos y nuevos poetas  sigan batallando en el límite del sueño, aunque se mueran de tedio y desesperanza, aunque sepan de antemano su derrota pero sueñen con el triunfo de la
Interior metro. Fotografía Pablo Reyes
vida.



Solo así será posible que los derrotados celebremos nuestro triunfo, tomando ese último tren a casa a esa hora terrible en que solo sobrevive la poesía y la ciudad traga a todos sin misericordia, mientras quienes manejan los hilos del poder o son serviles a él,  urden, a esa misma hora, renovadas formas para seguir manteniéndonos sumidos en el marasmo de la estupidez.



La intervención artística del Metro de Santiago es posible gracias a la FundaciónPablo Neruda, promotora de esta iniciativa junto al Metro, Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes (CNCA) y BancoEstado.



Los artistas participantes son: Nico González (Poema 1); Carmen Cardemil (Poema 2); Patricio Otniel (Poema 3); Ángeles Vargas (Poema 4); Isabel Hojas (Poema 5); Raquel Echenique (Poema 6); Virginia Herrera (Poema 7); Daniel Blanco (Poema 8); Sole Poirot (Poema 9); Jorge Quien (Poema 10); Cristóbal Schmal (Poema 11); Alejandra Acosta (Poema 12); Cata Silva (Poema 13); Leonor Pérez (Poema 14); Margarita Valdés (Poema 15); Álvaro Arteaga (Poema 16); Marcela Trujillo (Poema 17); Pati Aguilera / Fito Holloway (Poema 18); Sol Undurraga (Poema 19); Francisco Javier Olea (Poema 20) y Karina Cocq (Canción desesperada).





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