lunes, 23 de septiembre de 2013

LA PASION DE MICHELANGELO



Funeral de Pablo Neruda. 1992, salida Congreso. Santiago.
Chile me mató porque me llevaron a un mundo de nada, a un mundo que yo no quería.
Me usaron y después me abandonaron
Karole Romanoff

La historia de Miguel Ángel Poblete, precursor de Karole Romanoff, y  protagonista del último milagro de la Virgen María que mutó su cuerpo de varón al de una dama, incluida la aparición de senos, que según entrevistas no fueron producto de implantes, sino de un acto propiciado por la magia mariana, de semejantes resultados al de una cirugía completa de cambio de sexo, ha sido reflotado en una magnífica recreación, del director  Esteban Larraín, y un notable elenco de actores, que utilizaron como locación el mismo cerro El Membrillar, cercano a Valparaíso, epicentro de las apariciones de la virgen. 


El regalo cinematográfico destinado al robustecimiento de nuestra anémica memoria, se emitió por la señal abierta de Televisión Nacional de Chile, la noche del sábado 21 de septiembre, a escasas horas del inicio de la primavera y de la conmemoración de la muerte de Neruda.


Pero no fue este último milagro el que conmocionara a Chile, en días en que el acceso y el respeto por la transexualidad, es asunto corriente. Ni tampoco lo fue la noticia de los decadentes últimos días de Karole (falleció el 2008), alcoholizada, obesa, seguida por un raleado rebaño de fanáticos que conformaban hasta su muerte su personal congregación de “Los apóstoles de los últimos tiempos”, que le aseguraban las monedas para sobrevivir y emborracharse.

Los verdaderos milagros ocurrieron antes, entre 1983 y 1988, que es donde se sitúa la trama fílmica, histórica y mítica. Vale decir en plena dictadura militar, cuando se empezaron a alzar las voces de la resistencia chilena.

Protegido por sectores de la iglesia católica, y por hordas de fanáticos que alcanzaban multitudes de 100 mil personas, Miguel Ángel, con coquetería sin igual logró seducir a frailes y personas en el rescate de la fe perdida por la fiereza de la dictadura, del sin sentido de días de bares repetidos sin descanso, de la letanía del insomnio y repetidos fantasmas y alegorías del miedo en noches interminables, propios de los atroces años de sufrimiento de la dictadura infligidos a toda la nación.

Volodia Teitelboim y Bernardo Reyes
El muchacho abandonado, el mitómano necesitado de afecto y reconocimiento, hambriento de ternura, de un lecho donde la voz de su madre le hiciera evocar ángeles, o duendes, es el hombre, es el verdadero protagonista, que emerge en esta historia que trasgrede y trasvierte la historia oficial de un Chile que no queremos o no podemos ver.
Emociona la fragilidad humana: un muchachito homosexual, adicto a la inhalación de solventes, probablemente abusado, abandonado, es el instrumento para replicar burdamente el milagro de la Virgen de Fátima. Y las palabras que le transmite esta virgen de mala muerte, es que se adore y se hagan cadenas de oración por Augusto Pinochet y sus sicarios. Dicho sea de paso, los encargados del adiestramiento de la mensajería celestial, eran obviamente agentes de la dictadura, y curas proclives al régimen dictatorial.

En 2003, a quince años de la visiones de Miguel Ángel Poblete, durante el gobierno del presidente Ricardo Lagos, ya sin dosis de éxtasis o delirios místicos, una remozada versión de otro acto histriónico y plagado de contradicciones, vino a enardecer el ambiente de los medios de información. Y los protagonistas, en esta ocasión, ya no era una multitud de desesperanzados, sino al revés: se trataba de una multitud de esperanzados en querer tener una dosis de figuración social, a propósito de un escabroso caso de estupro, prostitución infantil y producción de material pornográfico, que involucró al afamado empresario Claudio Spiniak: jueces, políticos, siquiatras, sacerdotes, diarios de todo el espectro político, sociólogos, cayeron rendidos frente a la menuda Gema Bueno, que creó una fantasía sin igual en aspectos sórdidos del caso, llegando a determinar las zonas de tatuajes de altos dirigentes políticos, definiendo las características físicas de menores de hasta ocho años de edad abusados, e inclusive llegando a sugerir el asesinato de alguna niña. Era, como antes y como ahora, una testigo clave.

La cantidad de información falsa proporcionada por Gemita, como se le define con dulzura, en esta ocasión involucró  a intelectuales, a panelistas que después de todo el escándalo, se acomodaron como comentaristas casi de cualquier materia, y hoy son naturalmente los portavoces de todas las verdades oficiales.
Y bueno, Claudio Spiniak, un drogadicto condenado, pasó hace rato a segundo plano. Pervivió el mito enfermizo de una niña, necesitada de ser protegida, o reconocida, proveniente de hogares mal constituidos, y que manejaba con destreza total el arte de la mitomanía. O dicho en su soez aunque exacta definición: me pasé a Chile por …

Hace pocos meses, otra noticia basada en la sordidez de la mentira patológica, remeció la prensa. El caso del poeta y comunicador televisivo, Pablo Mackenna, el que seguramente con alguna copa de más, y absolutamente conmovido por la soledad de una niñita sentada en un casino del litoral, a altas horas de la noche, fuera acusado con descaro por la madre de la pequeña, que la obliga a sostener que ha sido abusada. Lloriqueos ante las cámaras, juramentos de llegar hasta las últimas consecuencias, e iracundas señoras gritando en contra del abusador, fueron la utilería burda del escenario que ya conocemos de memoria.

Sin más ni más,  el acusado es “atrapado infraganti”, esposado y encarcelado, y juzgado por los medios, y por hiperventilados periodistas, que buscan la exclusiva, alguna señal de arrepentimiento, o algo.
Cuando el fiscal se da cuenta de que ha metido la pata hasta el fondo, y que el acto ha sido ideado por la mente de una persona enferma, el poeta queda en completa libertad, con pruebas que demuestran que Mackenna trató justamente de proteger a la menor, y con una carga enorme de tener que explicarle a su hijita algunos años más tarde, que toda esta acusación de abuso de una niñita como ella, fue falsa. La madre, la inventora de la mentira, no recibe ni siquiera una sanción de disculpa pública. Ni menos un llamado de algún organismo de defensa de los niños.

Es con esta misma dinámica, con el mismo fervor nacional beato, infundado, y patológico, ejemplificado en estos tres casos, que damos cuenta de una especie de deporte macabro, repetido en ciclos lunares, y que van conformando la mitología de lo escabroso, una deformación que demuestra porfiadamente,  nuestra verdadera chilenidad oscura y torcida.

Por estos días un hombre absolutamente enredado en la telaraña de sus invenciones, habla desde su enraizada patología mitómana. Con un descaro que asusta, un partido político lo apoya. Lo apoyan intelectuales, que suelen jactarse de la torpeza como razona el resto. ¿Será que la nueva expresión de la dialéctica es el arribismo puro y duro y que no importa lo que se diga sino cuánto se diga?
No lo sabremos, hay que esperar con paciencia inhumana, que huesos e historias encajen y desencajen. El ying y el yang asociado como la noche y el día a una misma unidad vital.


Mientras, baste decir que comienza la primavera, que el día está precioso. Que siento amor por los míos. Y que este día único e irrepetible coincide con la muerte de Neruda y su tumba vacía que recoge palabras que nadie, salvo el vacío, podría escuchar.

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