sábado, 11 de mayo de 2013

FESTIVAL DE POESIA DE GRANADA, NICARAGUA, Y LA DESCONSTRUCCIÓN DE LA INFAMIA



Francisco de Asis Fernández y Gloria Gabuardi

Por Bernardo Reyes 

Hasta 1979 el cuarenta por ciento de la economía nicaragüense se encontraba en manos de los Somoza. Ese mismo año en su vergonzante renuncia, Anastasio Somoza Debayle, el último dictador de la familia, dijo: He luchado contra el comunismo, y creo que cuando salgan las verdades, me darán la razón en la historia.

Ni la historia ni nadie le dieron la razón. Murió como una alimaña, en Paraguay, el 17 de septiembre de 1980, despedazado por ráfagas de ametralladoras y lanzacohetes. La prensa aseguró que sólo sus pies estaban sin carbonizar.

Por esos años, desde Chile seguíamos con atención el movimiento insurreccional, aplastados como estábamos por nuestra propia dictadura, y fue conmovedor ver las imágenes de las tropas del FSLN entrando a Managua. Pero con la entrada del ejército revolucionario, entró con ellos la poesía, representada primordialmente por Ernesto Cardenal, poeta que en los primeros años de la dictadura chilena no podía  ser estudiado en nuestras universidades.

Treinta y cuatro años más tarde, muchas cosas han cambiado en Nicaragua. El mismo Cardenal renunció al FSLN en 1994 y el actual mandatario, Daniel Ortega, líder revolucionario, es cuestionado transversalmente.

En una mirada de visitante  transitorio, pueden advertirse grandes deficiencias, pero también grandes aciertos: un país empobrecido brutalmente por cerca de cuarenta y cinco años de dictadura brutal, despiadada, que es capaz de ponerse de pie y de provocar actos de ternura y afecto, como el Festival de Poesía de Granada, que países sin las limitaciones de Nicaragua, como el nuestro, son incapaces de realizar. Una industria del turismo desarrollándose a pasos agigantados, es otro ejemplo. O el enorme respeto por la diversidad cultural y las etnias.

En esta décima versión del Festival Internacional de Poesía de Granada, bellísimo evento de envergadura mundial, orgullo de todo el país, y de inclusive el propio gobierno de turno, que ha suspendido toda ayuda económica a tan magno evento, los participantes nos sentimos parte de un sueño que desde nuestros países hemos sido incapaces de concretar. Conversando con uno de los muchachos que estaban asignados como nuestros edecanes, y que hoy son nuestros amigos, me decían que no podían entender la medioeval práctica chilena de someter a nuestros hermanos mapuches a “reducciones”.

Sin embargo, ahí está nuestra fatuidad, perviviendo en medio del dolor de una multitud de asediados por la pobreza, o esclavizados por la usura bancaria, o desesperados por no disponer de recursos para medicina ni educación. Nosotros somos los “desarrollados”, y otras naciones, como Nicaragua, son quienes están en vías de desarrollo. Al parecer esta convicción del libre mercado, es justamente al revés.

¿Habrá algún momento en que podamos mirarnos a los ojos y nos reconozcamos como parte de una nación, y no fragmentos disociados, separados social o racialmente? ¿Será posible que los movimientos sociales, como el magnífico movimiento estudiantil, logren articularse e impongan patrones éticos a los desgastados partidos políticos, y su verbosidad pasada de moda?
El poeta Francisco de Asís Fernandez y su esposa Gloria Gabuardi, son el motor de este afecto a ratos desenfrenado del Festival de Poesía de Granada. De una catarsis de alegría y encuentro, tan necesaria en nuestro gremio de poetas afanados en las zancadillas y el chaqueteo.

No renunciar a la esperanza socialista, palabra esta entendida como el arquetipo de la solidaridad de la condición humana, parece ser el único camino de reconciliación del hombre con el hombre. Aunque ya no existan las vanguardias políticas, y las que existen no sean sino un remedo habitado por una verborrea cansadora y gastada, y cada vez más escasos seguidores.

Granada, la bella, ha convocado para febrero de 2014, a un nuevo festival, esta vez como homenaje a Rubén Darío, chileno neto a pesar de su alma nicaragüense rotunda. Serán más de sesenta países representados por sus poetas, los que estarán honrando la alegría.

Y los astros ya comienzan a alinearse para esta nueva versión: a nuestro amigo Francisco de Asís Fernández, se le entrega el 11 de junio del 2013 la Medalla de Honor de la Asamblea Nacional, merecimiento más que justo por una labor que es ya reconocida en el mundo entero.

Esperamos que esta distinción vaya aparejada a un apoyo estatal, que permita la sobrevivencia del festival, y sobre todo de un evento que honra no solo a los organizadores, sino que a Nicaragua entera.


lunes, 6 de mayo de 2013

UNA SIRENA PARA NERUDA Y MATILDE EN PUERTO SAAVEDRA (05 de mayo 2013)

Obra realizada para emplazamiento exterior

(Homenaje del escultor español Cándido Pazos, y del poeta Santiago Vivanco)

Discurso de Bernardo Reyes

Hay una imagen que llevo tatuada en mi ser, que pertenece al mundo de los sueños más que al hecho vivido.
Se trata del río Imperial  entrando en el mar, cubierto de niebla.  Cuando a la misma hora ambigua, el lago Budi, se une  al océano con una película de agua, pareciendo  ser  la desembocadura.
 Se sabe de  varios naufragios que ocurrieron frente a este litoral por capitanes  que equivocaran la entrada al río.
Por eso tomo ciertas precauciones con el flujo de mis palabras, para no quedar varados. Partiendo por establecer que resulta primordial saber  que solo cuando la mente canta al unísono con el corazón que el hombre logra su máxima plenitud expresiva.
Esto lo aprendí gracias al afecto de mis hermanos poetas mapuches, tan ligados al hablar poético, al ser poético, que hoy nos convoca y nos acoge.
Y es por eso que miro desde la estructura de mis emociones, para sentir, para que sientan, las voces de quien les habla, y por qué les habla.
Hay una voz sefardí que busca espacio y lo encuentra en mis orígenes Reyes. Hay otra voz que igualmente saca la bandera azul, el Marinao de mi abuela materna.
Y en esa mixtura hay un niño asombrado, que enmudecido solo atina a señalar hacia el oriente, allá donde el mar se despeña y la noche acude al litoral para devorarnos.
Y es solo mediante este ejercicio del afecto que podremos entender que nada es fortuito: solo el misterio nos hace vivir, solo el misterio, nos está diciendo Federico García Lorca.
Mi hermano Santiago Vivanco, me habló en España de esta escultura. Me habló de mi querido camarada de sueños, el escultor  Cándido Pazos, cuyas obras son apreciadísimas en España.
Lo que no supo ni Santiago, ni Cándido, era que la estatua sería inaugurada justo el día de cumpleaños de Matilde Urrutia la gran musa de Pablo Neruda, fecha que por horas casi coincide con la fecha de muerte de don José del Carmen Reyes, el padre de Neruda, y de Raúl Reyes, el nieto de José del Carmen (y mi padre), y que además coincide con el nacimiento de Pablo, mi hijo menor, tataranieto de don José del Carmen.
Como si no bastara toda esta numerología medio forzada, agreguemos que Cándido entre miles de inspiraciones, sin conocer la región físicamente, con sus emociones anegadas por la poesía, escoge una sirena,  una figura mítica que con ciega perseverancia convocará a sus pares para un canto de sirenas que nadie pueda ignorar.
Quiero narrarles un hecho vivido en Puerto Saavedra hace algunos años.
 Por esas causalidades de la vida, semejantes a la de hoy, tuvimos que acompañar con Maricruz, al traductor  al italiano de toda la obra de Neruda, el profesor Dario Puccini quien andaba acompañado de Stefanía, su esposa.
Puccini, al igual que Cándido Pazos, conocían la obra poética, pero no la región física. Darío era muy amigo del gran director de cine Federico Fellini, y estaba tan tremendamente agitado por el correlato de paisaje y poesía, que casi pensando en voz alta, dijo que apenas llegara a Roma hablaría con su amigo Fellini para que enviara a sus equipos para realizar un registro visual.
Desgraciadamente cuando Puccini llegó a Roma, Federico había fallecido, y el registro jamás se hizo.
De esto han pasado ya 20 años, y no solo no se hizo este registro específico, sino ningún registro de una región, de una geografía, de una cosmovisión, y que inspirara la poesía más notable en idioma castellano que conociera el siglo pasado.
Quizás no exista un lugar del planeta como Puerto Saavedra con elementos tan particularmente importantes para convocar a todo el mundo a una labor de preservación  de los grandes íconos culturales, como son en primer lugar la cultura mapuche y la poesía de Neruda, y que los ignore de manera tan inmensamente torpe.
El poeta sugirió hace décadas, la necesidad de la existencia de una universidad mapuche, un centro de estudios superiores que permitiría una proyección de la zona a nivel internacional. Hasta este momento solo alguien políticamente incorrecto, como vuestro servidor, puede hacer mención pública del tema.
Nadie sabe las razones técnicas de por qué no se ha dragado la desembocadura del río imperial, existiendo en todo el mundo dragas gigantescas, que permitirían la entrada de barcos de gran tonelaje hasta Carahue, cuestión que ocurrió en un pasado reciente, hasta que las compañías inglesas  dejaran de asegurar los barcos que encallaban, muchos de ellos extraviados por estas confusas imágenes de dos desembocaduras vistas desde el mar.
No existe un lugar que honre la memoria de Neruda, un centro de estudios, un museo, salvo el museo ferroviario. Los trenes llegarían hasta Puerto Saavedra, decían nuestros abuelos, pero los dejaron morir. A nosotros nos trataron de convencer de esta muerte, pero por 10 años nos desplazamos por estas vías abandonadas rememorando  a Neruda, haciendo una fiesta cada vez que se cumpliera un aniversario de la muerte, con el tren de la poesía, que no buscaba sino cumplir con el dictado poético de “Para nacer he nacido”.
El profesor Puccini, en uno de sus magistrales ensayos sostenía que en Neruda el mito se hacía historia, en la medida la historia se hiciera mito. La mitología como herramienta de preservación del legado de la condición humana, será lo único que permitirá dejar en el olvido las mezquindades de estos días, estoy seguro, para habitar, más temprano que tarde, esas espléndidas ciudades vislumbradas por Arthur Rimbaud, y que Neruda conociera precozmente cuando un bibliotecario de Puerto Saavedra, el poeta Augusto Winter, le facilitara aquella “temporada en el infierno”, aún en francés. Neruda jamás olvidaría esta lección de luz, y menciona al arquetipo de su infancia, al poeta maldito y visionario en su discurso del Nobel. Pero tampoco olvida su pertenencia a este pedazo de tierra austral, a esta geografía, a este océano, a esta cultura mapuche que impregnó su propia constitución de poeta.
Finalizo diciendo que esta pincoya mitológica, que esta sirena que es Matilde, que son todas y ninguna de las mujeres que amaron o que fueron amadas por el poeta, representa la continuidad del mito, transmitido de persona a persona gracias al afecto del fogón que convoca las miradas.
Por eso es que intento honrar la memoria de los míos, en estos días rastreros que manchan los cielos de la memoria, con la desmemoria de vuelos obtusos, como de murciélagos ebrios, acobardados frente a este océano que hoy canta para nosotros con su lengua de espuma. Para ello escogí un poema de Estravagario, que con secreta infundada certeza pienso que fue  escrito para esta ocasión:

Pido silencio
AHORA me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.

Yo voy a cerrar los ojos

Y sólo quiero cinco cosas,
cinco raices preferidas.

Una es el amor sin fin.

Lo segundo es ver el otoño.
No puedo ser sin que las hojas
vuelen y vuelvan a la tierra.

Lo tercero es el grave invierno,
la lluvia que amé, la caricia
del fuego en el frío silvestre.

En cuarto lugar el verano
redondo como una sandía.

La quinta cosa son tus ojos,
Matilde mía, bienamada,
no quiero dormir sin tus ojos,
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera
por que tú me sigas mirando.

Amigos, eso es cuanto quiero.
Es casi nada y casi todo.

Ahora si quieren se vayan.

He vivido tanto que un día
tendrán que olvidarme por fuerza,
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue interminable.

Pero porque pido silencio
no crean que voy a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.

Sucede que soy y que sigo.

No será, pues, sino que adentro
de mí crecerán cereales,
primero los granos que rompen
la tierra para ver la luz,
pero la madre tierra es oscura:
y dentro de mí soy oscuro:
soy como un pozo en cuyas aguas
la noche deja sus estrellas
y sigue sola por el campo.

Se trata de que tanto he vivido
que quiero vivir otro tanto.

Nunca me sentí tan sonoro,
nunca he tenido tantos besos.

Ahora, como siempre, es temprano.
Vuela la luz con sus abejas.

Déjenme solo con el día.
Pido permiso para nacer.




(Poema de P. Neruda, tomado del libro "Estravagario")