domingo, 1 de enero de 2012

DRAGÓN DE AGUA

Por Bernardo Reyes (31 diciembre 2011) 

¿Soñaba o el mismo era un sueño? 
Agua y sal, 
el espacio dónde caían los pétalos de sus días. 
Tiempo sin tiempo, 
hasta llegar a ser crepúsculo, 
ocaso reflejado en las pupilas de los amantes.

Así nacieron sus fauces. 
Así, su vórtice y su vuelo. 

Voy a olvidarme de mí, 
dijo un día con menos días que otros días, 
y arrancándose sus ojos de agua,
pudo ver su abismo, su sueño, su desesperanza, su furia. 

Niña mía, murmuró, sumido en el agua del olvido. 

Las hadas se desnudaban bajo el álamo temblón y le decían, 
deja ya tu cáncer y tu daga. 
Y perfumaban con menta sus pechos. 
Y se bañaban desnudas en las vertientes.
Y le decían, cantando con voz de agua, nada es para siempre.

En el mandala del fin, 
el dragón dijo, o pensó con colores de agua ciega, 
con su caleidoscopio de anémonas celestes: 
nada es para siempre, dijo. 
Se dijo en ese solsticio de diciembre.

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