domingo, 25 de diciembre de 2011

MARUCA NERUDA, LA AMANTE INCONCLUSA

Por Bernardo Reyes (Publicado el 25 de diciembre 2011)

Raúl Reyes, mi padre, recordaba con detalle la llegada del poeta y su esposa gringa a Temuco.
Desde el momento del pitazo del madrugador tren que venía de Puerto Montt ya todos los vecinos se asomaban por las puertas mirando hacia el oriente los escasos metros que los separaban de la estación de ferrocarriles por la calle Lautaro. 
Cayó viernes, ese 15 de abril de 1932. 
Las mujeres de la familia esperaban en la casa, luciendo galas y manteles albos. Los hombres lo hacían en el andén. Neruda tenía 28 años. Maruca, lucía espléndida con sus 32 años. 
Las mujeres de la familia la encontraron elegante, buenamoza, y de suave trato. Al menos es lo que me aseguraba mi abuela Teresa. 

Apenas dos semanas duró el reencuentro del poeta con la familia paterna, después de cinco años de ausencia ocupando diversos consulados en oriente. Luego partió a reencontrarse con Santiago, su segunda cuna poética.

Desde ese momento, las navegaciones y regresos comienzan a estructurar el mito nerudiano, repetido en el lugar común de biógrafos y exégetas. Y es desde ese mismo momento, que la historia de Maruca comienza a diluirse de la redacción de los memorialistas, olvidando la relación biográfica de esta mujer con la consolidación del mayor logro lírico de la obra nerudiana: “Residencia en la Tierra”. Maruca Hagenaar, y posteriormente Malva Marina, la hija de ambos, fueron parte de una historia no contada del poeta: apenas una decena de cartas, unas escasas fotos y postales, dan cuenta de la incidencia de estos dos seres, que aparecen y desaparecen enmascarados en diversos momentos de creación poética de esta poesía fundacional. 

José del Carmen Reyes, mi severo bisabuelo, Trinidad Candia mi tierna bisabuela, y mi dulcísima tía Laura Reyes, de alguna manera se las arreglaron para que el hijo supiera que se le esperaba por un regreso definitivo que jamás llegó: ser provinciano del mundo, fue su vocación y destino. De Maruca sabemos poco, pero lo suficiente como para establecer que se trató de una persona con vinculaciones con el mundo de los eventos sociales, huellas suyas que quedaron sobre todo después de su regreso a Chile en 1948, coincidiendo con el período en que el poeta debe refugiarse en la clandestinidad, perseguido por Gabriel Gonzalez Videla. 

Después de la expectación inicial de la prensa sensacionalista, Maruca nuevamente desaparece en diversos barrios de Santiago. Y es entonces que sus huellas digitales quedan estampadas en un manojo de cartas, dirigidas a un tal Jack, que de pronto derechamente es Joaquín. Parten por intercambiarse fotos tomadas en 1932, en ese regreso de Oriente, donde ambos participan con jolgorio junto a Neruda. Pero luego se retoma una relación inconclusa, y que tiene su mayor esplendor entre 1950 y 1953. En este reencuentro con Santiago Neruda en el año 32 tenía como objetivo revivir con sus amigos de jarana y poesía sus locos años veinte. Pero también rememorar y reincidir con dos mujeres que amó o que lo amaron: Albertina Azocar y Olga Margarita Burgos a quien le regala una copia del poema “Walking Around”. Al parecer fue en esas circunstancias que Maruca encontró consuelo al lado de Joaquín Edwards Bello. Y luego, bajo el formato epistolar, la relación continuó mientras fue la esposa de Neruda, en Buenos Aires, España y Holanda. Las cartas de Maruca a Joaquín, dan cuenta de una amistad algo avanzada. Lo dicen los textos explícitos, que nos hablan de encuentros amorosos clandestinos, de reproches, y exigencias de separación. 

Pero también nos hablan de una mujer que tiene una opinión política sólidamente anticomunista. Si bien es claro que Videla la instrumentalizó para denostar al poeta, no es menos cierto que Maruca es la amante de uno de los más preclaros escritores de la época, lo que nos aleja de la figura de la mujer sumida en la miseria moral y económica, que husmea por los tribunales buscando ganarle algún dinero a su famoso marido. Neruda regresa de su exilio en 1952, viviendo con Delia en forma oficial, y con Matilde en forma extraoficial. Maruca permanece en el país, enredada en juicios diversos contra Neruda, y pasando sus penas con Joaquín. 

El año 1954, mientras se preparan fastuosos actos para conmemorar el cincuentenario del poeta, Maruca es detenida por tráfico de drogas mientras vivía en una acomodada casa de la calle Luis Thayer Ojeda, en la comuna de Providencia. 
Se sabe de un arreglo económico, luego de ser rescatada de un cuartel de investigaciones y que abandona para siempre el país. Su historia nuevamente se pierde, hasta aparecer de nuevo, cuatro años más tarde en Holanda. 
La vida de Maruca fue una vida de consecutivos amores inconclusos, que sin embargo nos permiten una relectura de hechos descritos por el siempre fastidioso discurso redactado por un politburó empeñado en mostrar la imagen sin mácula del poeta. Una relectura sin más pretensión que mostrar a dos seres humanos que amaron o que fueron amados.

* Libro en preparación. Se publicará bajo el sello de RIL Editores, marzo del 2012. 
* Fotografía, gentileza de “El Mercurio”.