miércoles, 7 de septiembre de 2011

DANUBIO AZUL


Por Bernardo Reyes (07 sept.2011)

Bailó aferrado a su cintura, aunque de pronto, al alejarse, ella se difuminara entre los círculos concéntricos de las gasas de su falda, que flotaban con el aire del crepúsculo.
Y luego, en círculos arrebolados, un ocaso bermellón incendió de luz al túnel boquiabierto de la muerte.
Era un planeta girando en sí mismo, la violenta ternura del otoño con su danza de hojas por las plazas.
Por triste que parezca, en el fondo del vórtice de la fosa abisal, solo encontraron cuerpos anteriores de otras ninfas marinas que también bailaban en el sueño de otros valses.
Rudo olvido, el de nacer, olvidándose del estertor desde donde se nace, y se sobrecoge el ser.
Las columnas de sus piernas fue lo único que se encontró, fuera de un atado de cartas de su amante, que el mar tradujo en sal.

Y aquel vals, viciosamente nupcial.