miércoles, 3 de agosto de 2011

DANZA CON SERPIENTE

Por Bernardo Reyes (3 agos. 2011)


Ahí, entre babas, estaba el germen del mal y del bien.
El sueño ebrio girando en su carrusel oxidado.

Por qué me abandonaste, me dijo, desabrazándome,
huyendo de mí,
manca, ambidextra, lúbrica.
Y sola, como recién parida del huevo de una serpiente.

Sería inútil negarlo: jadeabas en mi oído,
antes que te fueras de ti.
Y luego, cuando te fuiste, te sentí hurgar en mis sueños,
caliente y furiosa como nunca.

Si tu me miras yo me vuelvo hermosa, dijo citando a la Mistral.
Y luego desapareció, reptando, por un sendero
de álamos temblones.