jueves, 9 de junio de 2011

AGUAS


Por Bernardo Reyes (9 junio 2011)

Aguas chicoteando los rostros con finas púas de hielo. Aguas escapando de los cuerpos, enrojecidas aguas abandonando la guarida.
El cerebro, casi pura agua, la sangre, los músculos: agua. Aguas patagónicas asediadas por la usura.
Y eso sería todo: la fertilidad de los sueños nutridas por las aguas de este y del otro lado.

Es por el vacío de aguas estancadas en la usina de la nada, que se encuentran los amantes. Como cuando por vez primera se encuentran los cauces de dos ríos en la estepa sombría: suma de aguas, en donde miran su rostro el cielo y las estrellas.

Copas vacías aguardan el retorno de los brindis, dos alegrías chocando en el bar deshabitado.

Raudos seres pasan por los días, sin saber que son ríos, lagos repletos de recuerdos que flotan como insectos dispuestos a volar: dos miradas de agua que se cruzan, se ignoran y se pierden entre el yepo de culebras de agua de la multitud.