viernes, 23 de septiembre de 2011

BAJO EL ÁRBOL SOLITARIO DEL SILENCIO

A mi hermano Boris Reyes (+ 20 de septiembre 2011). 
[ Publicado 23 sept. 2011.]

Allí, en Coipúe, pueblito ribereño al río Toltén, enviaron a criar a mi abuelo Rodolfo por la ignominia de ser un hijo natural, antes que clareara el siglo pasado. 

El niño se hizo amigo del río y de los pumas. Atravesaba a nado con el solo pretexto de ir a caminar y soñar al otro lado, poniendo entre él y los demás un abismo de aguas indomadas. Aún no se construía el balseadero. 

La comunicación entre las orillas se hacía en botes, y las historias de naufragios siguen siendo una constante hasta hoy. 

Aguas abajo, en el puente de Pitrufquén, mi padre me contaba que tuvo una de las experiencias más dolorosas de su juventud, cuando una muchacha que no pudo aceptar que existen amores transitorios, se suicidó lanzándose a las aguas. Había una carta dirigida al juez, y otra para él. Su cuerpo fue encontrado días más tarde. Pasaron décadas antes que mi padre se atreviera a invitarme a pescar en las temibles aguas de ese río. 

Sin embargo, a pocos kilómetros, estaba el pueblito de Barros Arana, y cerca la casa de mi centenaria tía abuela Leonarda Rodríguez Marinao. Desde Temuco llegábamos a la estación ferroviaria donde nos iban a buscar los primos con caballos. Allí llegábamos por los veranos con mis hermanos Boris, Juan Carlos y Pedro. 

El río tenía un recodo, un remanso sin corriente. El agua era tibia. Por horas, diariamente, nos íbamos a bañar, y a tendernos desnudos bajo los árboles. Y cuando las aguas del remanso regresaban al torrente madre, podían verse cuervos absortos en su pesca, y algunos jotes de cabeza colorada paveando junto a las aguas. 

Un viejo vals inunda el wurlitzer de la memoria. Las mujeres se secan las manos en el delantal y aceptan la invitación a bailar: todos vuelven a la tierra en que nacieron, al embrujo incomparable de su sol. El humo del asado es un incienso para la alegría. 

Las bocas sólo se abren para reír y beber, y a ratos para seguir cantando: bajo el árbol solitario del silencio, cuántas veces nos ponemos a soñar, todos vuelven por la ruta del recuerdo, pero el tiempo del amor no vuelve más.


 ¿ Escuchas, ahora escuchas hermano, en el regreso de tus aguas –de todas las aguas-, a la mar ? 

Link al vals  "Todos Vuelven" . Letra César Miró. Música Alcides carreño.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

DANUBIO AZUL


Por Bernardo Reyes (07 sept.2011)

Bailó aferrado a su cintura, aunque de pronto, al alejarse, ella se difuminara entre los círculos concéntricos de las gasas de su falda, que flotaban con el aire del crepúsculo.
Y luego, en círculos arrebolados, un ocaso bermellón incendió de luz al túnel boquiabierto de la muerte.
Era un planeta girando en sí mismo, la violenta ternura del otoño con su danza de hojas por las plazas.
Por triste que parezca, en el fondo del vórtice de la fosa abisal, solo encontraron cuerpos anteriores de otras ninfas marinas que también bailaban en el sueño de otros valses.
Rudo olvido, el de nacer, olvidándose del estertor desde donde se nace, y se sobrecoge el ser.
Las columnas de sus piernas fue lo único que se encontró, fuera de un atado de cartas de su amante, que el mar tradujo en sal.

Y aquel vals, viciosamente nupcial.