martes, 5 de julio de 2011

CON OJOS DE ALACRÁN AZUL


Por Bernardo Reyes (5 julio 2011)

Mas allá del bosque, aguas arriba de la vertiente, el alacrán azul mira al niño que sueña con que su bote de papel, arrastrado por las aguas, llegue al mar.
Olvida entonces la mancha, el carcinoma obsceno. Y sin prisa navega en una bronca que luego se amansa y retrocede.

Y quiere saber cómo fue que llegó a ser, pero sus palabras rebotan como taguas y se hunden en la oquedad del sin sentido, y una marea de aguas inexplicables lo deja asfixiado en la arena, boqueando palabras que no brotan.

Y percibe que en ellas no hay un desde ahora, sino siempres poblados de cadáveres exquisitos, y una soledad que ilumina el cerebro de luciérnagas imaginarias, como si de verdad fueran constelaciones.

El cáncer es un mantra del silencio, una afonía del miedo, un niño duende frente al espejo de agua de un remanso preguntándose si acaso alguien recuerda su rostro reflejado en esas aguas, donde el cielo se miraba, un día precioso de otoño.

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