miércoles, 29 de junio de 2011

EXTREMAUNCIÓN


Por Bernardo Reyes (29 junio 2011)

Desfogadas de su hastío, ellas repiten mantras y mudras. Y bendicen en luna llena sus crucifijos hechos de perdernales azules.
Y leen a Madame Blavatsky para olvidar calenturas y amantes. O tedios crónicos y esposos ausentes.
Y dicen, se dicen, que irán a Cheops a un ritual de purificación y descarga. O a pavear para que una de esas se les contagie la conjuntivitis de Horus.
Y se soñarán orinando en cuatro patas como una pantera detrás del Ashram donde orinó Krishnamurti.
Y se prestaran libros de Connie Méndez, y recitaran de memoria a Paulo Coelho, felices en su urgente cotorreo. Y sin entender una palabra, adoraran al Yug Yoga Yoguismo, de De la Ferriere, el mitómano.

Y darán por caducado el fuero de los ojos diciendo: no madre, no creo en tus ojos de muerta desaguados.
Y solo habitarán el hedor de los cuerpos yertos, vacíos de alma.
Y cubrirán de mirra e incienso sus días, mientras por las avenidas un mar de muchachos dirán que los pacos no saben amar, como un mandala indomado de furia.

lunes, 20 de junio de 2011

EL "ASESINATO" DE NERUDA III


Por Bernardo Reyes (20 junio 2011)

Ese día jueves 12 de julio de 1973, Neruda esperó con ansiedad la llegada del senador Volodia Teitelboim y los diputados comunistas Gladys Marín y Rosendo Huenumán.

En Isla Negra había gran algarabía, y pese a que el organizador de su propia fiesta de cumpleaños se encontraba en cama, debilitado, se puso feliz con el obsequio que su partido le hizo llegar. De inmediato se puso a hablar de proyectos poéticos y políticos.

Entre ellos se detiene a conversar con el también poeta Huenumán acerca de la creación de la Universidad Mapuche, proyecto largamente acariciado por Neruda, que visualizaba una entidad donde se enseñara la lengua ancestral y su cultura en general: el poeta consideraba que los mapuches tenían derecho a ser respetados como una nacionalidad con plenos derechos.

Sin embargo Volodia, observador acucioso, percibe que detrás de este torrente de ideas que fluye a pesar de encontrarse enfermo, existe la premura de quien debe hacer sus últimas tareas.

Es en su magnífica biografía “Neruda”[1] que Volodia se extiende sobre el débil estado de salud de su amigo y camarada: “me quedo admirado por el fuego que pone en ese nuevo proyecto el hombre que yace enfermo”, dice.

Mas adelante describe con detalle lo que a su juicio es una despedida:

Antes de una semana llega a mi casa en Santiago, de Matta Oriente 393, de repente, el auto de Neruda. Desde mi escritorio, con sorpresa, lo diviso a través de la ventana. Veo a Manuel Araya, el chofer, que viene con un cargamento en los brazos. Me entrega una carta, que leo con resuello contenido.

“18-VII-73

Querido Valentín: pienso que este abrigo (de origen losadesco) te vendría bien y es más juvenil que tu sotana oscura. Muchas gracias si lo aceptas; yo estaré en cama en invierno y no va bien entre las sábanas.

Te abrazo. Ven por estos lados. P.”

No se necesitaba ser buen entendedor para comprender esas pocas palabras. No era el capote de Gogol. El regalo del chaquetón contenía una metáfora, la metáfora de su despedida. Era una donación anticipadora, extratestamentaria, por causa de la muerte.

Idéntica visión tuvo mi padre –sobrino del poeta- que viajó desde Temuco, invitado también a la misma fiesta: Neruda ya no era el mismo, estaba sumamente decaído, y había participado en la fiesta solo por poco rato.

Y esta visión también coincide con la de Laura Reyes -hermana del poeta-, y finalmente con la de todos los invitados, con una sola excepción: la de su chofer, don Manuel Araya quien lo vio y lo sigue viendo en un magnífico estado de salud.

Araya, devenido por estos días en incomprendido intérprete médico, nos ha elaborado una absurda idea que pretende convencernos que en realidad haber internado al poeta en la clínica Santa María, se debería más a una estrategia para simular un estado de mayor gravedad, con el objeto de protegerlo de los militares golpistas, y que por tanto su cáncer era algo ya casi completamente superado: ergo, su muerte se debió a un asesinato, cuyas huellas casi imperceptibles, solamente fueron vistas por él. No por su mujer, ni su hermana, personas cercanas y celadoras de la intimidad, durante todo el tiempo.

Por cierto dicha teoría ha contado con apoyo político: la del propio Partido Comunista, el que basado en estos dichos y presunciones, entabla una aparatosa querella criminal por homicidio y asociación ilícita en la persona de Neruda. Y son ellos los que transcribieron el viejo anhelo de Araya y lo transformaron en una querella, hecha y derecha. Porque a estas alturas ya nadie desconoce que hace mucho tiempo que el chofer venía insistiendo en el tema, y lo vociferaba públicamente cada vez que tenía la ocasión. Y en este largísimo período de 38 años, nadie, ni su propio partido lo escuchó según dice públicamente.

La enfermedad del poeta es quizás uno de los aspectos biográficos más estudiados, y en todos ellos se coincide que comienzan en julio de 1971 aproximadamente. Dice por ejemplo David Schidlowsky[2]: en julio, Neruda enferma. Son dolencias que no lo abandonarán hasta su muerte. Comienza una larga lucha con una enfermedad, de la que él nunca conocerá toda su magnitud, con altas y bajas. Desde hace años sufría de flebitis, de ataques de gota. Pero esta enfermedad era distinta. Para el poeta era reumatismo. Los médicos y Matilde sabían que era un cáncer prostático que con el tiempo generaría metástasis en los huesos. Neruda comienza a usar una sonda unida a un frasquito en su bolsillo. Al baño mas cerca lo llevaba a vaciar. Matilde lo cuida y controla. La enfermedad lo obligaba a descansar y seleccionar sus compromisos.

En el mismo libro reproduce una carta que Neruda le envía a Teitelboim, fechada el 11 de julio de 1971:

Querido Volodia, después de haberme dado de comer y haberme sostenido para ir al baño en mi primera levantada de cuatro días (10 metros, 10 minutos), Matilde, rebosante de salud, me permite también terminar el dictado…[…]

Por Laura Reyes supimos que una vez superada esta crisis, pudo salir para mostarle el Eliseo junto a Matilde.

Luego en la familia supimos que a fines de septiembre, se realiza su internación en una clínica para hacerse unos exámenes, que determinan la necesidad de operarlo.

La operación del cáncer a la próstata se realiza en octubre, en el Hospital Cochin de París.

Luego, el 21 de octubre de 1971, se le comunica la noticia de haber obtenido el Premio Nóbel. Las fotos de la celebración íntima, junto a su hermana Laura, Matilde, Carlos Vasallo y Gabriel García Márquez, son un testimonio elocuente del débil estado de salud.

Sin embargo lo que había marcado el agravamiento irreversible sucedió un mes antes en el verano europeo[3] de 1971, en Siena, Italia, con motivo de una visita a esa ciudad y a Florencia. El estudioso, Hernán Loyola, sostiene[4]:

Neruda, Matilde y Otero Silva habían llegado a Siena la víspera del Palio di Mezzagosto[5] (con su espectacular carrera de caballos). El verano de 1971 fue particularmente caloroso en la región Toscana. Neruda se sintió mal durante el desarrollo del Palio, con pérdida de conocimiento y un estado de pre-coma que aconsejó de inmediato traslado a Florencia en ambulancia. Hasta la clínica llegaron desde Roma el embajador Carlos Vassallo y Carmen, su mujer. Las jornadas de convalecencia las pasó en el Hotel Baglioni de Florencia, en compañía de los amigos a quienes dedicó este soneto[6]: Carlos Vassallo y Miguel Otero Silva.

El mencionado texto, fue escrito en Florencia, el 18 de agosto de 1971.

Las referencias biográficas de su estado de salud son absolutamente contundentes y coincidentes. Volodia Teitelboim, por ejemplo, recibe correspondencia de Matilde el 6 de noviembre[7]:
[…] me dice que a ella la aterra ese viaje a Chile por un mes. Pablo tendría que permanecer en Santiago por algunos días en un hotel, pero ahora con lo del premio sería imposible: estaría al alcance de todo el mundo. “Yo creo –explica- que tenemos que protegerlo un poco. Pablo está muy débil todavía, su recuperación va lenta. Con este terremoto del Premio Nóbel tiene mucho trabajo. Él tiene muchos deseos de ir a Chile pero yo pienso, ¿es cuerdo esto?”.

Después de la recepción del Nóbel en Suecia, el 10 de diciembre de 1971, se dirigen al ayuntamiento de la ciudad de Estocolmo, donde el poeta es fotografiado en el vals ritual junto a su esposa. Lo que no se divulgó fue que se trató de escasos pasos, ya se encontraba tan mal que tuvo que retirarse a su hotel, la suite Bernardote, del Grand Hotel Royal.

Volodia Teitelboim es quizás el primero en estar informado en detalle sobre el preocupante y delicado estado de salud del poeta, y en sus diversos libros hace mención una y otra vez de sus constantes recaídas, hasta su retorno definitivo al país el 21 de noviembre de 1972. El 18 de octubre (1971) le escribe a Volodia:

Entre los estremecimientos que nos da la situación chilena y el embargo del cobre, tengo que darte, además, otra mala noticia. Se me ha producido un fuerte retorno de la misma enfermedad: estoy de nuevo condenado a muchos días de sondas y objeto de inyecciones y comprimidos de antibióticos. Según el médico, hay que hacer de nuevo lo que llaman “una limpieza”, lo que es en realidad, una operación con anestesia total. […] Tampoco puedo hospitalizarme de inmediato porque arrastrándome tengo que andar con los líos del cobre y en la conferencia de la UNESCO en donde debo hablar el jueves 19 de octubre. El 26 de este mismo mes seré recibido por Pompidou para plantearle nuestra situación sobre el embargo del cobre […] He escogido, entonces, el 27, después de la entrevista con Pompidou, para hospitalizarme y entrar en la sala operatoria. […] dicen que el período de hospitalización durará una semana […]

En definitiva en un año y ocho meses a cargo de la embajada de Chile en París, designado por Allende, período comprendido entre el 20 de marzo de 1971, fecha de llegada, y el 21 de noviembre de1972, se desata una cantidad impresionante de eventos de enorme relevancia histórica, política y poética, que le valen la consolidación definitiva como una figura relevante del siglo veinte.

A comienzos de 1972, la familia se entera de una nueva recaída que termina en una anemia aguda, por lo que se sabía a ciencia cierta que dejaría la embajada por motivos de salud.

Valga agregar como colofón, un detalle menor, que retrata de algún modo el deseo de torcer los hechos vistos por una de las protagonistas, Laura Reyes Candia, hermana menor del poeta, y como hemos dicho quien lo acompañara en París, y posteriormente casi todo el tiempo que permaneció enfermo, en especial mientras estuvo internado en la Clínica Santa María cuatro días: Leonarda Rodríguez Marinao, mi centenaria tía abuela, que en varias ocasiones conversó con Neruda acerca del proceso fundacional de la ciudad de Temuco y la región, un día trajo de regalo una paloma tejida a crochet, para mi esposa y yo.

El año 1976, la vio Laura Reyes, y le pidió a mi señora que le comprara crochet e hilo para hacer una copia. Y así lo hizo: esa copia es la que se mantiene hasta el día de hoy colgada de una ventana de Isla Negra pues se decidió cambiarla, ya que la cortina anterior estaba demasiada deteriorada, de acuerdo a lo que nos explicó.

¿Cómo fue que me transformaron a esta señora con una vista tan buena que podía tejer las pequeñas puntadas del crochet en una persona incapaz de ver lo que le sucedía a su hermano agónico? ¿Estaría distraída mentalmente, con algún trastorno síquico? –me pregunto-.

El 5 de diciembre de 1972, fue la última aparición en público del poeta, con motivo del homenaje popular y masivo en el Estadio Nacional, que contó con la presencia de las máximas autoridades del país. Su famoso discurso, ha sido reeditado muchas veces.

Pero un trozo del manuscrito de ese discurso, lo conservó Laura, porque se dio cuenta del valor histórico que tenía preservar esas palabras borroneadas. Lo sé pues forma parte de mi archivo. Hay otro archivo emocional, que subyace con este archivo físico: el relato pormenorizado de una multitud agolpada fuera de la embajada de París, festejando al poeta por el premio Nóbel, o la ocasión en que el poeta se dirigió al país el 24 de octubre por Televisión Nacional, agradeciendo los centenares de cables enviados, mientras el poeta presenta a su hermana a las cámaras, o la descripción de esas fatídicas horas de agonía, y en particular de esa noche del 23 de septiembre de 1973.

Se trata de la misma persona que hoy quieren mostrar como casi ciega, y con sus facultades mentales algo perturbadas, y cuyo testimonio resulta inoficioso a la hora de escuchar las palabras del único hombre que vio un gesto homicida, y que tuvo la desconsideración de ocultárnoslo por 38 años.

(Fotografía de Wikimedia commons, marzo 2011, Hospital Cochin, París).

[1] “Neruda”, V. Teitelboim, Ed. Losada, 1985, Argentina. Pgs. 387-388.

[2] En “Las furias y las penas”, RIL Ed., 2008, Chile, Tomo 2, Pag. 1296.

[3] 21 de junio al 21 de septiembre.

[4] En Obras Completas, Galaxia Gutenberg, 2002, España. Tomo V, pag. 1405.

[5] Fiesta popular de origen medieval que se celebra en Siena, todos los 16 de agosto. Es una carrera de caballos, donde compiten diversos barrios de la ciudad. Dura alrededor de 3 minutos en que los competidores dan vueltas alrededor de una especie de medialuna de gran tamaño.

[6] Se refiere al Soneto Florentino.

[7] En “Las furias y las penas”, Ib. Cit.. tomo 2, pag. 1307

jueves, 9 de junio de 2011

AGUAS


Por Bernardo Reyes (9 junio 2011)

Aguas chicoteando los rostros con finas púas de hielo. Aguas escapando de los cuerpos, enrojecidas aguas abandonando la guarida.
El cerebro, casi pura agua, la sangre, los músculos: agua. Aguas patagónicas asediadas por la usura.
Y eso sería todo: la fertilidad de los sueños nutridas por las aguas de este y del otro lado.

Es por el vacío de aguas estancadas en la usina de la nada, que se encuentran los amantes. Como cuando por vez primera se encuentran los cauces de dos ríos en la estepa sombría: suma de aguas, en donde miran su rostro el cielo y las estrellas.

Copas vacías aguardan el retorno de los brindis, dos alegrías chocando en el bar deshabitado.

Raudos seres pasan por los días, sin saber que son ríos, lagos repletos de recuerdos que flotan como insectos dispuestos a volar: dos miradas de agua que se cruzan, se ignoran y se pierden entre el yepo de culebras de agua de la multitud.