martes, 10 de mayo de 2011

PERRO DESOLLADO FRENTE A LA MAR


Por Bernardo Reyes (10 mayo 2011)

De retorno a la albahaca, la mar resuelta en luz, concurre a la nostalgia, tierra afuera de su espuma.

El fino encaje de esos días acostumbrados a la sal, era un organdí de fantasías flameando en el mástil de su talle: sincera, directa, creyente como era, sostuvo que ella sabía que estaba con Dios, y Dios con ella.
Un pacto donde no cabían referencias a que ella recordaba a los hombres por el sabor de su semen. O por el olor ferruginoso y ácido del sudor.

Las polleras de sus olas emulan solo regresos, pero los estatutos doctrinarios del agua, convocan a sus bases al vaivén.

Y desde el fondo de las aguas los ahogados del naufragio, los rehenes de las aguas, creen escuchar los ladridos de un perro que persigue las gaviotas: pero son ladridos mudos, esqueletos de ladridos acallados por la lluvia marina.
Pero alguien ladra en el litoral y alguien huye por siglos invisibles.

En la huída se desgasta el pelaje del alma. Luego, el enrojecido lomo desplumado, olvida las caricias.

La arena son colmillos disueltos por la sal. La espuma, la última huella de una lucha sin sentido.

*Fotografía de un perro sin esperanza, llamado Aysén.

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