sábado, 13 de marzo de 2010

ALMACÉN ESPERANZA


En cosa de un año desaparecieron los traficantes y los borrachos. El barrio se veía lindo, y la lluvia de otoño favoreció que brotara maleza. El musgo pronto cubrió los muros de grafitis absurdos y feos y la gente comenzó a tener confianza.
En la población tampoco supieron qué ocurrió con los gatos y los perros hasta ese día que los vecinos se percataron que don Pelayo tenía una leona africana, una gorda felina mansa y silenciosa, detrás de su pequeño almacén.
Hubo, claro, un escándalo mayúsculo. El hombre tranquilo y solitario fue exhibido esposado y el Servicio Agrícola y Ganadero, en conjunto con grupos de defensa animal, llamaron esa misma tarde a una conferencia de prensa para explicar los alcances del abuso, sin tocar siquiera el origen de la pellejería de las mascotas por todos lados.
Hubo ternura en esa última mirada que se dieron la felina y su protector, antes de partir cada cual a celdas diferentes.

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