domingo, 14 de febrero de 2010

LA DES-CONCERTACIÓN







Por Bernardo Reyes (14/02/2010)


Manuel Vázquez Montalbán, fue célebre también por sus frases que surgían como expresión de síntesis y lucidez.

Era amigo de Volodia Teitelboim, quien en más de alguna ocasión me habló de su gracia y de su chispa.

Por ejemplo, se refirió a Jorge Edwards, nuestro infalible intelectual, como el hombre que “se subió a los hombros del poeta para que lo vean a él mismo de más lejos”, aludiendo a su autobiografía Adiós Poeta” que de paso incorpora a un personaje secundario: un tal Pablo Neruda.

Volodia no comentó el juicio de Montalbán más que entre sus cercanos, quizás por una especie de decencia de caballero a la antigua. De haberlo hecho, quizás sí se hubiera podido entender con más elementos de juicio al personaje que hoy se palmotea la espalda con colaboradores de la dictadura.

Sin embargo se equivocan, a mi parecer, quienes ven a nuestro galardonadísimo escritor solo como a un servil instrumento de la derecha reaccionaria. La condición humana no se divide en dos bandos como la obvia repartija de jugadores en una pichanga de barrio: Edwards ha tenido actos de decencia en su vida, como fue su renuncia a la Fundación Pablo Neruda, aún habitada por socialités bastante desacreditados.

Dijo en la ocasión que consideraba rascas a sus directores, en cuanto a gestión cultural, juicio que no comparto del todo, pues hay gente valiosa como Manuel Jofré, por ejemplo.

Otra de las frases de Montalbán, que nos viene como anillo al dedo por estos días, es la que hace referencia a la desilusión de los intelectuales españoles en la posguerra: “Contra Franco estábamos mejor”, a pesar que la frase se le ha atribuido también al cineasta Luis Buñuel, y a otros.

En estos días estivales, en que parece haber muerto todo el viento del sur que suele refrescarnos la ciudad, tiene uno la sensación de que solo están ellos -los que jamás dejaron de estar-, programando una nuevo reparto del botín, el tristemente célebre goteo, que tendría que empezar a producirse cuando los embalses de la usura, groseramente enormes, ya estén repletos.

Nosotros desde acá, al lado afuera, perfectamente podríamos parafrasear a Montalván diciendo “contra Pinochet estábamos mejor”, no porque quisiéramos retrotraernos en el tiempo, sino por la necesidad de evocar esos años en que tuvimos conciencia de quién era el enemigo.

Nada de eufemismos técnicos, de índices macroeconómicos escritos en códices solo interpretables por iluminados obispos de Harvard: acción frente al abuso; acción frente a la usura; acción frente a la colusión de precios de los medicamentos.

Por cierto, no se puede ser ciego: se ha hecho justicia pese a todo, aunque a ratos la timorata reverencia a los militares, que aún ocultan los nombres de los asesinos, más parezca un favor que les hacen a las víctimas del fascismo, que un derecho constitucional.

Hoy cuando deambulan tantos lloriqueantes, que se han quedado sin sus cargos de funcionarios mediocres, y recogen y reordenan su querido y obvio tablero de damas del poder, que alguien les ha pateado; que se reflotan vanguardias políticas con rostros renovados, jóvenes líderes que les soplan al oído qué decir; que el miedo sigue haciendo de las suyas persiguiendo a los perseguidos; que se sigue creyendo en partidos de izquierda serviles a la usura; que seguimos impávidos frente a la idiotización sistemática de la población por los medios de información, ya sería hora de concluir que estamos des - concertados.

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