miércoles, 6 de enero de 2010

OMAR ROBERTO VENTURELLI LEONELLI


Especial para El Clarín, publicado el 06/01/2010
Por Bernardo Reyes

Ese día llegaron los milicos al domicilio de don Víctor, tal vez un segundo o tercer piso de un edificio pequeño ubicado en Av. Alemania casi esquina de la calle Doctor Carrillo.
De un comienzo intentaron denigrar al hierático rector: ametralladoras empujándole el trasero y la espalda, fue un lenguaje suficientemente claro para expresar que los días del cambio habían llegado a Temuco, a su querida Universidad Católica donde el oficiaba de rector.
Un par de cuadras separaba su domicilio del Campus Menchaca Lira, y hasta ahí llegó tembloroso, conminado por la fuerza de las armas en su espalda, a abrir la universidad.
Sostiene Raviola en una declaración realizada ante la esposa de Venturelli, y luego ratificada ante la policía, que su nerviosismo le impidió abrir la puerta.
También Raviola le expresó que el uniformado a cargo del operativo, armado hasta los dientes, le había increpado groseramente, diciéndole que si no era capaz de abrir una puerta, como iba a pretender dirigir una universidad.
A continuación ordenó a su tropa derribar a patadas la puerta de la universidad, para enseñarle de una buena vez de qué manera el cambio era posible de materializar en un corto período de tiempo.

El encargado de hacer cumplir las órdenes de Pinochet a partir del golpe militar, era Alfonso Podlech Michaud, fiscal militar del Regimiento Tucapel de Temuco. Y vestía uniforme militar, a pesar que por estos días lo niegue, como también negara con descaro que alguna vez fuera siquiera fiscal militar.

Podlech, detenido el 26 de julio de 2008, en el aeropuerto Barajas de Madrid, miró con perplejidad a sus captores ese inimaginable día de su detención. Mientras leen sus derechos, que de sobra el conocía en su calidad de jurisconsulto, le informan que actúan por una orden de aprehensión vigente proveniente de Italia, una orden de captura internacional originada en la causa de la desaparición de Omar Venturelli Leonelli, profesor de aquella pequeña universidad en donde el dio la orden de derribar la puerta principal para que entrara a establecerse el fascismo.

Venturelli, ciudadano italiano, era un hombre de izquierda reconocido en la región mapuche donde floreciera la poesía de Neruda.
Vinculado a lo que hoy se denomina la recuperación de tierras mapuches, en un movimiento político denominado Cristianos por el socialismo, era ciertamente identificado por la derecha golpista como un agitador del marxismo internacional, un cura rojo, que abandonó el sacerdocio para vivir en amancebamiento con Fresia Cea, ex alumna del Colegio Providencia de Temuco.

Nadie recuerda el legado político del ex sacerdote, ni siquiera la prensa de izquierda, como si su sola virtud hubiera sido ser simpatizante de izquierda y haber unido su vida a la de Fresia.
Víctor Raviola, fue uno de los invitados a aquél matrimonio de Omar y Fresia. Ese día fue personalmente a entregar su regalo al domicilio de los recién casados.
Todos, de una u otra forma, eran personas cristianas. Inclusive don Víctor, a quién muchos durante la dictadura lo consideraron un delator, fue obligado a firmar decretos de expulsión de profesores de la Univ. Católica, como lo acreditan sus firmas al pie de cada documento.
Su legado es más bien modesto: profesor de literatura; probable simpatizante político bastante pasivo; un ser que para sobrevivir en la vida ocupó la decente estrategia de la omisión, con la que nunca nadie podría cuestionarlo seriamente.
Su testimonio referido a Alfonso Podlech, en la investigación del caso de Omar Venturelli Leonelli, es prueba de ello, cuestión que la propia viuda ratifica.

“Ámbito” era el nombre de una de las clases que el ex cura hacía en la universidad Católica de Temuco. Era un ramo extraño, con mucho de asistencia social cristiana, unido a una formulación de preceptos básicos para entender el extremo mundo de la pobreza. Los alumnos y alumnas tenían que ir a las poblaciones marginales de Temuco y relacionarse con un mundo ocultado por el sistema, y a partir de esa experiencia, ser evaluados.
Marycruz, mi esposa, era una de sus conmovidas alumnas, y en algún momento le manifestó a Venturelli no poder comprar el libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado” del célebre coautor de Marx, Friedrich Engels, el cual debían leer. Por cierto Venturelli se lo prestó.

Eso sucedió más o menos en junio o julio de 1973, mientras David, nuestro primogénito, crecía en su vientre menudo. Así fue que el libro, que siempre me lateó leer, llegó a nuestra biblioteca en cierne.

Dos o tres meses después llegó el maldito golpe militar, ese flato asqueroso de la historia, que aún la derecha se esfuerza en justificar.

A los días después, casi finalizando septiembre, Marycruz y mi cuñado, curiosamente también llamado Omar, en Av. Prat esquina de San Martín, se encuentran con el espectáculo de ver a Omar Venturelli Leonelli, su profesor, maniatado a la espalda y vigilado por dos milicos, cruzando la plaza con destino al Regimiento Tucapel.

Llegando a nuestra casa, en rigor nuestra pieza, Marycruz conmovida me dice que tenemos que esconder nuestros libros comprometedores entre los que estaba naturalmente el libro de Engels, prestado por Omar.
Por años así estuvieron, ocultos entre los pliegues de una puerta, hasta que pudimos rescatarlos, destruyendo la puerta que los ocultaba, ya inservible como la dictadura.
Cuando lo hicimos, la imagen de Omar maniatado y apuntado por adolescentes soldados que podrían haber sido sus alumnos, afloró.
Este testimonio, que siempre consideramos superficial, de pronto, juntando fechas y atando cabos, pudo al fin ser parte de un todo.

Fresia Cea, ex alumna del Colegio Providencia de Temuco, -al igual que Marycruz-, ha llegado hasta nuestro domicilio treinta y seis años después.
Cuando Fresia toma ese pequeño retazo de su historia, llorosa denuncia que Omar Venturelli Leonelli, el esposo, el profesor que aún muchos esperan que regrese, había roto con el compromiso familiar de no prestar libros.

Ese día Omar Venturelli iba vestido de azul, una chaqueta tal vez de pana, unos jeans, una camisa en el mismo tono.
Fresia así lo recordaba saliendo de su casa para nunca volver.

Lo que ella no sabía, no tenía cómo saber, era que una alumna de su esposo, lo vio maniatado y apuntado por dos milicos siguiendo las ordenanzas del fiscal del Regimiento Tucapel de Temuco, y vestido de azul con la misma sobriedad con la que asistía a hacer clases en la Universidad Católica de Temuco.




Foto: Matrimonio de Omar Venturelli Leonelli y Fresia Cea Villalobos, 30 de Octubre de 1970 en Temuco. Archivo de Fresia Cea Villalobos. La novia tenía 21 años. El novio 28 años.

2 comentarios:

ignacio dijo...

Maciso artículo estimado Bernardo. Por fin te encuentro después de tanto buscarte. Soy el mismo José Ignacio Painemilla Antinao. Compartimos las mismas horas del Taller literario de la Biblioteca Municipal de Temuco en los años 70. Época dura, juvenil, viva y ansiosa de libertad. Que agradable sorpresa. Felicidades por tu persistencia.
Adelante

Eugenia dijo...

Muchas gracias Bernardo por este texto. Cononozco esta triste historia,y a todos los nombrados, unos mas, otros menos. Aun -- a traves de estos septiembres pasados--me conmueve. Te agradezco que conserves en la memoria la existencia importante de estas personas. Mucho se podria decir.
ET