lunes, 16 de noviembre de 2009

LAS CORRIDAS DE CERCO DE "EL CAMIÓN" Y EL "CAPITÁN GARFIO"


Por Bernardo Reyes

Arauco indómito, es el nombre de un documental trasmitido hace algunos días por Chilevisión -el canal de Sebastián Piñera- que intentó mostrar de manera bastante objetiva el conflicto de los mapuche en el proceso de recuperación de tierras usurpadas.
Lo que no hizo la Televisión Nacional, ni ningún otro canal, sí lo hizo un canal cuyo propietario es un hombre de derecha, que trata de disfrazar sus simpatías por Augusto Pinochet, y por toda una cáfila de soplones, arribistas, y asesinos institucionalizados, como fueron las camarillas financiadas por el dictador. Herederos de Pinochet, les llama el ex presidente Ricardo Lagos.

Imágenes perturbadoras quedarán por mucho tiempo archivadas en el códec incognoscible de la emoción colectiva: un niño mapuche llorando desesperado mientras los carabineros se llevan detenidos a sus padres, mientras uno se imagina la soledad de ese niño aplacando su llanto con el canto de los grillos y los treiles del amanecer.
O una machi maniatada como un cordero, mordiendo la tierra, humillada frente a los suyos, con sus modestas pertenencias destrozadas luego del allanamiento a su casa, imagen que me evocó a mi abuela materna, Rosa Rodríguez Marinao.
O niños mapuches de un jardín infantil, balbuceando con su media lengua su relación con las bombas lacrimógenas, con carabineros disparando y allanando casas o golpeando a sus madres.
O un sacerdote, mordiendo su rabia, mostrando a la prensa el testimonio visual de la prepotencia policial a niños, mujeres y ancianos.
O la presencia de los representantes de la UNICEF denunciando la agresión a niños indefensos.
Toda esta basura es lo que se llama orden, y para eso se contrata a otros jóvenes igualmente morenos, proveyéndoles de uniforme antibalas, y adiestrandolos para no sentir la mas mínima culpabilidad de patear con sadismo en la cara a un adolescente mapuche, ya reducido y apresado, por otros carabineros, que avergüenzan a la institución.

Hace algunos años el mismo Sebastián Piñera cuestionado por la Superintendencia de Valores y Seguros por utilizar información privilegiada para comprar acciones de la LAN, tuvo el descaro de bautizar un salón VIP como Neruda (en el recinto del Aeropuerto Arturo Merino Benítez), sin contar con la autorización de quienes somos los legales propietarios de la marca registrada Neruda.
Por cierto frente a este acto ilegal, mas temprano que tarde tendrá este señor que responder. Se trata de un acto de usurpación flagrante por donde se lo mire.
Y no se trata de que gracias a su creatividad empresarial el poeta logre perpetuarse, y ser difundido. Es justamente al revés: hay detrás de este bautismo forzado, un afán de lucro, que no se detiene a utilizar como suyo algo que no lo es.
La prepotente historia es añeja: el loco afán del camello tratando de pasar por el ojo de una aguja, ignorando que para un rico todavía es más difícil ingresar al reino de los cielos.

Semejante actitud es la que ha tenido y tiene Juan Agustín Figueroa Yávar (“el camión” para sus colegas), presidente vitalicio de la Fundación Pablo Neruda, quien por estos días está tratando de demostrar ante tribunales que nosotros –los comuneros consanguíneos- no somos herederos de Neruda. Dicho más explícitamente: que no soy hijo de Raúl, mi padre; ni soy nieto de mi abuelo Rodolfo, hermano de Pablo, mi tío abuelo; ni que soy heredero consanguíneo de todos ellos.

Entre este cinismo jurídico que irrita, que Figueroa pone en práctica utilizando toda su prepotente capacidad de jurisconsulto fogueado en mil batallas ante tribunales, y el oportunismo de Piñera, uno no sabe con cual quedarse.

Pero hay un punto en común entre estos dos expertos en corridas de cerco: la utilización de la obra y el ícono de Neruda para ocultar las carencias de sus vidas mezquinas.
Figueroa llega a la administración de los bienes de Neruda, por el accidente de que su hermana Aída y su esposo fueran amigos del poeta, y por sus relaciones subterráneas con el mundo de la derecha pinochetista ¿Acaso no fue Figueroa el que recientemente llamó a los adherentes de Sebastián Piñera a votar por su adversario, el precandidato José Antonio Gómez? Todo esto, antes que se masificara la chispeante mueca de la narizota, en relación al cuatro que es el número de Eduardo Frei en la papeleta de votación.
Piñera por su parte, tiene olfato para saber cómo vender sus pomadas, y por cierto la marca registrada Neruda, no es algo que su avaricia pueda omitir.

Ambos se caracterizan por no tener absolutamente ninguna relación con la vida cultural, y ser despreciados por el mundo de la cultura.
No en vano Figueroa ha tenido que ver como emigran de la fundación personajes como Jorge Edwards con fuertes declaraciones en contra suyo. Otros intelectuales connotados han expresado su rechazo a este manejo feudal y “vitalicio” con franca aversión.

Entre ambos las referencias a los mapuches, también están presentes de una manera también predecible: la heroica raza araucana puede mutar en un grupúsculo terrorista, con adiestramiento paramilitar (de preferencia marxista). Todo depende de las circunstancias.
Sabemos que cuando fuera incendiada una casa del fundo de Figueroa, un delito común, fue utilizada la inmisericorde y homicida ley antiterrorista, creada por Pinochet para perseguir a sus detractores.

Por eso es que las destempladas opiniones de uno de los directores de la fundación, publicadas en La Nación (pinchar aquí para ver artículo) referidas al uso indebido de algunos versos de Neruda y publicados en Chile con Todos, instrumento de propaganda presidencial de Piñera, nos parecen francamente una ñoñería mayor.
Puede quien quiera vestirse con ropajes nerudianos, como señal de mecenazgo, con la misma sinceridad que un patrón invita a un asado anual a los empleados que explota durante todo el año. El asunto está en que la idea de instrumentalizar un cosismo ramplón, que no puede distinguir al poeta visionario, los llevará inevitablemente a mostrar la decadencia personal, y no lo que ese dedo señala en el horizonte.

Y es lo que ha pasado con estos personajes, que día a día corren como pueden un poco los cercos para expandir sus dominios.
Juan Agustín Figueroa, el “demócrata concertacionista” y amigo entrañable de Ricardo Claro vinculado a la desaparición de personas, y Sebastián Piñera quizás el hombre más rico de Chile, que ahorra bebiendo menos cocacola para enfrentar la crisis en su hogar, son ciertamente parte de una historia que la historia se apresta a olvidar.