miércoles, 16 de diciembre de 2009

CUÁNTO GANÉ, CUÁNTO PERDÍ


Por Bernardo Reyes


Dónde estarán los amigos de ayer
la novia fiel que siempre dije amar.

Dónde andarán mi casa y su lugar
mi carro de jugar, mi calle de correr.

Dónde andarán la prima que me amó

el rincón que escondió, mis secretos de ayer.

Cuánto gané, cuánto perdí,
cuánto de niño pedí,

cuánto de grande logré
qué es lo que me ha hecho feliz

qué cosa me ha de doler.
[…]

Pablo Milanés


A veces el santo y seña era francamente ridículo:
- soy Carmen, y vengo a buscar empanadas.
O bien:
- hay que ir a buscar en auto al primo porque se curó.

Casas de seguridad, bobamente disimuladas, carpetas de plástico o mesas con doble fondo escondiendo la entrada a documentos secretos, cajas de fósforos conteniendo insondables misterios, chequeos y contrachequeos, antes de cruzar una palabra con quien pertenecía a un cuadro compartimentado diferente.

Recuerdo con cariño a mis hermanos del MIR, a pesar que en mi vida he visto mayores contradicciones: propagandas armadas descabelladas, impracticables, o con riesgo evidente de la vida de inocentes; o el acto de convencer a muchachos y muchachas de que la revolución se concretaba solo con saber manejar un arma.

Pero asimismo ¿cómo podría olvidar esa fraternidad a toda prueba de ese compañero que con sus dos hijos nos custodiaban en actos públicos con Marycruz?
Eran tiempos de crear el CODEPU en Temuco, con ayuda de nuestra entrañable amiga Fabiola Letelier, teniendo a diario vigilancia de investigaciones y carabineros, cuando se empezaba a rearmar esto que hoy se llama democracia, cuando era habitual tener el teléfono intervenido y seguimiento evidente. Las amenazas de muerte o las obscenidades andaban a la orden del día.
A muchos políticos de mi región, hoy electos, los conocí cuando corrían velozmente para un lado y otro para demostrar a última hora ser los más perseguidos de todos los perseguidos políticos, los más demócratas entre los demócratas.
Había entre ellos gente honorable, por cierto. Nuestro amigo abogado, torturado a sus dieciséis años, sufriendo la asfixia despiadada con una bolsa de nylon amarrada en su cabeza, hasta que tuvo que hablar, y con ello lograr que la entrada del aire a sus pulmones se restableciera, es uno de esos seres que debió haber sido escogido para gobernarnos.
El no fue un delator, sino una víctima de torturadores regionales que después bajo el pretexto de obedecer ordenes superiores, salieron indemnes casi de toda culpabilidad.

En su momento ví con recelo esta connivencia alegre con personajes siniestros de la dictadura como Alfonso Podlech, torturador o promotor de la tortura, ahora preso en Italia. Muchos hombres vinculados a las leyes y a la democracia en mi región hoy estarán espantados por el rigor de las leyes europeas, que mantienen preso al colega, que cometió el pecado venial de pasársele la mano con unos patipelados de ultraizquierda.

Porque es así de inmoral nuestra justicia. Recién anteayer usurparon las tierras mapuches, y hoy los usurpadores exigen pagos millonarios por esas mismas tierras.
Ayer y hoy la jibarización del delito, permitió una interpretación ambigua de la ley, que derivó en la consumación a largo plazo del delito. Con ello la prescripción es apenas un trámite menor.

Había otros, como un miserable mitómano profesional, de apellido francés, que en una noche de borrachera hizo escribir una amenaza de muerte en contra de sí mismo en los muros de un colegio donde hacía clases, con el objeto de lograr notoriedad como un genuino perseguido.
Decía ser amigo de Luciano Cruz, y hasta del padre del actual hombre del cambio que les aguó la fiesta a la Concertación. Hechas las averiguaciones, jamás había tenido tales relaciones, pero ya su red estaba tejida, y el partido socialista lo acogió como un socialista renovado para canalizar su sapiencia y lucidez revolucionaria luego de impetrar con ahínco su anhelo de servir a la causa socialista, mediante la impostación de una supuesta excelencia política.

A cada nuevo proceso de reparación corrían como putas a tocar algo de la repartija, que llegaba gratis de La Moneda, en desmedro naturalmente de quienes merecían con justicia dichos actos reparatorios. Sin mencionar que fueron los primeros en merecer cargos de confianza, prebendas diversas, o trabajo, el mismo trabajo que sistemáticamente la dictadura y la llegada de la democracia, nos negó a muchos.

Olvidé o quise olvidar para siempre el nombre de una regordeta democratacristiana, refocilada con sus viajes a Europa y esta democracia que le caía del cielo: su esposo era un profesor soplón, y ella misma como dirigente de los profesores, le negó una ayuda mínima a Marycruz, mi esposa, quien también pertenecía al Colegio de Profesores, cuando nuestra situación era espantosamente precaria por la falta de trabajo y que había luchado codo a codo por la democratización del gremio.
La descarada engullidora negó ese necesario y modesto pedido en mercaderías, de los muchos pedidos que ella hacía para el consumo de su familia, delicatessen incluida, pero financiado por el colegio de profesores.
Hasta hoy se le respeta en su partido, y se le dan cargos de confianza.

Olvidé o quise olvidar para siempre el nombre de aquél antropólogo, supuestamente cara visible del MIR, quien dispuso que Flavia (nombre ficticio) fuera dirigente de los estudiantes que irían a realizar esos primeros trabajos voluntarios en los campos mapuches.
El detalle es que omitió decir que esta joven en su desequilibrio mental, no tenía capacidad para vislumbrar el peligro, que por todas partes surgía.
De pronto la paranoia nuestra desgraciadamente se convertía en realidad. La muerte de Manuel Melín en uno de esos trabajos voluntarios, fue una de las tantas pruebas de ello. Por cierto con el auxilio adicional de la barbarie de la dictadura.

¿Qué será de aquél pintoresco personaje, farfullador profesional, elevado a la quintaesencia del discurso de renovación ideológica, inserto en el comité central (o Regional) del PS, al cual aún se acude a consultar sobre el devenir de la historia, como quien acude a un tarotista, con respeto de los adivinadores de arquetipos y de símbolos oníricos?

Quienes nos opusimos a la dictadura llevábamos tatuada la marca de Caín en los ojos. Nos sabíamos expulsados de nuestros barrios, de nuestra ciudad, de nuestros amigos, pero no de nosotros mismos.
Alimentábamos el afecto a diario, con libros, con esos nobles cassettes, regrabados hasta casi volver transparente la cinta, con videos betamax, con información política, circulando con velocidad de mano en mano, de corazón a corazón.
No había un sentido superior de pertenencia a alguna tienda política en particular. Esa expresión del arribismo vino después. Existía una convicción superlativa de ser los portadores de una ética, y era lo único que de verdad importaba.

Pero de estas rémoras, de estos mediocres y arribistas, se compuso grandemente la institucionalidad hoy vigente que hoy siente que se desangra el poder, tan dulce, tan inasible, tan deseable.

Estos días nos repitieron majaderamente que había que votar por Marco porque representa el cambio, un político que ha resultado con tanta o menor locuacidad que el multiplicador de pollos y de pesos, el inaguantable y felizmente olvidado Fra – Frá, candidato a la presidencia en 1989, bajo el creativo slogan Gana la gente.
Sin embargo, nadie, ha tenido la deferencia de explicarnos en qué diantres consiste dicho cambio, salvo efectuar novedosas ofertas tipo outlet.
Eso sí, no hay que negar que audiencia televisiva hubiese tenido este gobernante. Resulta fácil imaginar el reality familiar, transmitido desde La Moneda, donde pretendía vivir junto a los suyos.

Luego de su derrota, el histerismo ahora se vuelca, en que el progresista sobreviviente, hijo de otro asesinado, que intenta demostrar –con sutileza se entiende- que de no llegar de nuevo al gobierno, el país se retrotraerá a 1973, es decir a la friolera de treinta y seis años.
¿Será verdad? ¿Será posible?
En el intertanto con el manejo de miedos, se convence a la masa que los índices macroeconómicos, o las minucias de las disminuciones de intereses usureros, tiene alguna incidencia en quienes vivimos desde siempre al borde del colapso.

Un día, pasamos con Marycruz frente a una oficina de cambios, y miramos con estupor la tremenda bajada del dólar. De pronto nos dimos cuenta que hacía tiempo no teníamos en nuestros bolsillos ni el más mínimo dólar, y nos largamos a reír.

Y en el otro extremo del ring está el empresario oportunista, del que no se puede comprender cómo pueda tener tanta avaricia bajo el discurso de ser un servidor con vocación social por excelencia, a pesar de que nunca lo fue.

Del bueno de Arrate, hombre culto y entretenido, nada podríamos decir. ¿Con qué derecho contradecir a quien parafrasea el ético discurso de Allende con impecable oficio de escritor?
Si hasta su poco decorosa salida como perdedor-ganador de la contienda presidencial, cediendo con facilidad el respaldo de sus adherentes a Frei, ya la olvidamos. En términos reales, digámoslo sin eufemismos, políticamente importa un comino, aunque mantengamos los buenos modales con su persona.

Es a mi parecer el sabio historiador Gabriel Salazar, el que nos dice un par de cosas importantes:

- Que asistimos al acto de disolución de una muchedumbre movediza, que siempre se está desplazando en espera que algo surja, algún nuevo adalid de los cambios, quizás alguna meretriz farandulosa, que de pronto pueda hilar más de tres palabras de corrido y mostrar sus pechos o el vaivén de su colita, o un millonario que haga realidad esa bella imagen de Rico Mac Pato, cuando repartía a granel esos billetes que soñamos en nuestra infancia y que jamás llegaron.

- Que el Proyecto País futuro, tendrá que construirse en dos instancias, una conformada por herederos de Pinochet, y otra por los demócratas concertados en erradicar a la dictadura, pero que en los hechos, resultaron funcionales a los requerimientos de quienes detentan el poder económico.

Releo las palabras escritas y me pregunto a título de qué nacieron. Mi blog lo leen con suerte amigos pacientes y considerados, con los cuales a veces resulta interesante ver sin la venda en los ojos ésta intríngulis, desde donde parece anidar una bronca sin fin.
De manera que creo que estas palabras están escritas por una necesidad de explicarme, de hablar en voz alta, como suelo hacerlo cuando amanece sobre Santiago y pienso de qué manera sobrevivir otro día.

Tal como no es posible construir el futuro sin hacerse cargo del pasado, es poco sensato creer que pueda tener alguna repercusión profunda esta simulación de justicia social, cuando el maquillaje corrido de la musa, devela el rostro ajado del travesti que de pronto representa ser algo, y en el minuto siguiente otra cosa diferente que niega a la primera, de acuerdo a los requerimientos del cliente, o del rating.

[…] Me lanzarán al viento
y a mi tiempo me retornarán

vendré feliz y fresco

para siempre sé donde estarán.

1 comentario:

volcan dijo...

amigo:

yo que vivo una eternidad no elegida tan lejos y sin derecho a voto, yo que regreso como una extraña a Chile, sin otro proposito que abrazar a los seres queridos, ver mi territorio y mi volcan, siento un pasado tan comun y esa porfiada mania de seguir fiel a lo que siempre fui. al borde diario del abismo. y tan vivos!
gracias Bernardo- mi abrazo desde-15 grados y mucha nieve!

Isabel