sábado, 5 de diciembre de 2009

CARTA A UNA AMIGA EN EL EXILIO

Por Bernardo Reyes

A Isabel Lipthay

Veré como en los días que vienen llevo al papel a esas miles de personas cantando en la plaza Brasil, esos bares repletos de gente bebiendo cerveza, ese hombre anciano, que perdió la movilidad de sus caderas por los golpes de la tortura y que estuvo detenido junto a Víctor, preguntándome para donde quedaba el velorio, y que me decía pobrecito cuanto golpearon a su amigo, omitiendo que el también había sido golpeado y que venía caminando desde la Posta Central, rengueando como podía.
O esos jacarandá botando sus flores lilas que uno pisa y que tiñen la calzada en color morado, sin mencionar la fragancia que hace felices a los jilgueros.
También espero poder describir esa larga cola para entrar con Marycruz a ver y tocar el féretro unos instantes, en mi caso para murmurar chao Víctor y golpear excesivamente la madera con esos palmeteos sureños que a veces me salen excesivos, y en el caso de la Mary con lágrimas.
Y decir que en ese duelo en verdad no había impostura, circunstancia política, sino duelo de verdad, constancia que el ciclo se cerraba, que ya bordeando nuestros sesenta años podíamos cerrar un ciclo siendo protagonistas que el ciclo de la muerte se cierra con el comienzo del ciclo de la vida.
Y, lo más importante, creo que todo esto me permitiría escribir que nuevamente sentí esa extraña sensación que tuvimos durante la dictadura: reconocernos entre desconocidos.
Ahora vamos saliendo al funeral,
que coincide con una tontería organizada tipo Michael Jackson con disfraces de muertos desfilando con algarabía por el centro de Santiago.
No hay reproches, eran niños que ni existían el día que despedazaban a Victor, y ahora juegan a la muerte, como cuando nosotros jugábamos a la guerra.
Simplemente que vamos a lo nuestro, a acompañar estos huesitos pocos, de los que somos parte, en esta muerte que es también nuestra muerte, para que siga la vida, nuestra vida.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

lloro, Bernardo. gracias...
lo acepto en nombre de todos y todas que estamos repartidos por este planetita, a causa de la muerte de Victor, tantas muertes y tristezas.
que nos envuelva el manto de la ternura, aqui y allá.
gracias por estar unidos, sin conocernos, por este hilo invisible que nos une a tantos que seguimos porfiadamente luchando por las antiguas utopias de justicia y paz para todos.
mi abrazo emocionado. y gracias por seguirnos contando el funeral de Victor y esta fuerza, fuerza hermosa que se ha provocado, aqui y alla.

Isabel

Muenster, 5.12.09

Mariíta dijo...

Es bueno recordar. Los tiempos cambian y también la forma de homenajear a quienes partieron. Supongo que debemos acostumbrarnos a los nuevos modos siempre que en ellos se guarde el merecido respeto a lo que ocurrió. Sólo para que nunca vuelva a suceder.
Gracias, Bernardo, por recordar esa vivencia tan tan tan sentida.

jhordana dijo...

...Pero no encerremos nuestra alma entre sus escasos huesos....sigamos creyendo que muchas veces mas los jacarandas sembrarán los suelos de lila....esperemos ese milagro mientras soñamos con un mundo mas amable, una justicia mas justa y una humanidad mas humana....sol asi honrraremos a él.....