viernes, 27 de noviembre de 2009

DIME CON QUIEN ANDAS


Por Bernardo Reyes

Marco Enríquez-Ominami, el hombre del cambio que Chile necesita, ha anunciado con emoción la incorporación de Juan Agustín Figueroa Yávar a su campaña: “…Juan Agustín Figueroa suma mucho a la campaña…un ícono de la concertación”, declaró con agudo, veloz y pícaro descaro, el joven candidato, en esta suerte de coquetería inicial, anterior al encuentro carnal, de los abrazos y juramentos, de los dientes reblanqueados en la foto del diario, con el que finalmente envolverán el pescado ensangrentado en un mercado lejano.

Hacía poco que por su parte Juan Agustín Figueroa había convocado a los seguidores de Sebastián Piñera – el otro hombre del cambio que Chile necesita- a que votasen en las primarias por el deslucido precandidato radical José Antonio Gómez. Obviamente, su descaro político fue despreciado hasta por sus más cercanos, teniendo en cuenta su calidad de vicepresidente del Partido Radical.

“Creo que Marco pasará a la segunda vuelta, y eso hará que se rebaraje el naipe político…” expresó a la pasada Figueroa, en camino probablemente al Club de la Unión, para jugarse un solitario, acompañado de su cotidiano coctail.

Ya con años que pesan, el penalista se dedica a su deporte favorito: hablar una que otra tontería, con lo que su cuota de adrenalina le permite rejuvenecer por un instante mejor que un café cargado, y creer que efectivamente es una pieza “histórica” en la conformación de la Concertación, y no un oportunista profesional, como porfiadamente lo demuestran los hechos.

El Presidente Vitalicio de la Fundación Pablo Neruda, ya ha dictaminado que “el tiempo de Neruda terminó”, orinando claramente el terreno ganado. Por cierto que se tratan de otros tiempos: Neruda no hubiera invertido su dinero en empresas vinculadas a Ricardo Claro, un cristiano empresario que fuera asesor de Pinochet, y relacionado con la desaparición de personas en sus empresas, como lo señala el informe Valech. Y es lo que hizo la gestión administrativa de Figueroa, al invertir dinero de la poesía en Cristalerías Chile, empresa vinculada al millonario amigo de Figueroa.
Tampoco el poeta hubiera aplicado la Ley Antiterrorista, creada por Pinochet, para torturar, detener ilegítimamente, y hasta asesinar legalmente. Hay que recordar que esto lo hizo para castigar el incendio de una casa en su fundo de Traiguén, delito común que al ser calificado como delito terrorista, modificó con fiereza las penalidades de los presuntos implicados en el delito.

El otro deporte del anciano es declarar con firmeza y patronal decisión su voluntad de declarar que los herederos de Neruda no lo son, inaugurando el conceptual y surrealista planteamiento jurídico, que una persona no es hijo de su padre, ni es nieto de su abuelo.

Queda claro entonces, que el atropellamiento verbal de Marco Enríquez-Ominami, en el que a ratos creemos encontrar una visión de un futuro esplendor, no es otra cosa que caos y sombra. Como cuando en el mandala del caleidoscopio infantil creíamos ver una fiesta de estrellas, una realidad tan al alcance de la mano, que habitarla parecía ser cosa de cerrar los ojos y abrirlos.

Por su parte la futura y carismática primera dama, ícono televisivo, y últimamente rostro del programa que hace apología del militarismo en la forma mas boba que se pueda uno imaginar, hace campaña a la par de su marido, con tanto o mas entusiasmo que cuando promueve detergentes u otro producto de llegar y llevar.

Uno que otro acto sexual de los reclutas, visto en forma difusa en dicho programa, como las voyeristas cámaras de pornosoft que las parejas suben a Internet, no es algo con lo que se pueda denostar a la simpática Karen. No hay legalmente nada que viole la ley escrita. Solo hay miles y miles de jóvenes, que en la soledad de su cuarto miserable están siendo condicionados para creer como cierta la alcohólica burbuja de imágenes de otros jóvenes hermosos y plenos, que como ellos están erotizados y librando la batalla de competir y de desbarrancar a los contendores, para habitar eso que se llama triunfo.
No creo en la mano militar para cosa alguna, nos decía nuestra sabia Gabriela. Pero ella seguramente hubiese tenido con esta frase un peak de audiencia que todos los estrategas comunicacionales hubieran deplorado.

Pero por increíble que parezca, de esta basura televisiva, de estas raíces que nutren la difusión de la campaña de Marco, está estructurado el concepto de un cambio.
No cambia el ser, pero el ser puede cambiar a partir de lo externo. Pero ¿no fue este concepto el que llevó al colapso a los regímenes socialistas?

De tanto en tanto, un rostro y figura estilizada, suele darnos consejo de lo poco solidarios que somos, y haciendo lo que otros no hacen, siendo positivos hasta el delirio nos convocan a movernos, a sacar fuerzas de flaquezas para derrotar un orden determinado, injusto e inhumano.
No importa cómo lo hagamos, sino que lo hagamos.

Un niño o una niña agoniza, y no existe dinero para pagar la medicina. Los medios de información, otras futuras primeras damas, nos dan una lección de humanidad y hacen un llamado a contribuir con un grano de arena a la loable causa de salvarle la vida a un inocente. Llora la dueña de casa frente al televisor, saca un billete para el pan de los suyos y concurre a depositarlo en la cuenta que se le indica, el mismo día en que el gobierno de turno estudia la continuidad en el poder del cambio que Chile necesita, para cerrarle el paso a otro promotor de otro cambio que Chile necesita.

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