jueves, 24 de julio de 2008

POR UNA CABEZA

Por Bernardo Reyes


Motivo de gran debate entre intelectuales, políticos, documentalistas, religiosos, y jubilados, ha sido por estos días, la exhibición de documentales, de “Grandes Chilenos”, de TVN. Una mala copia de la licencia de un programa televisivo comprado a la BBC, denominada Greats Britons.

Una entusiasmada Consuelo Saavedra, mujer de grandísimos atributos intelectuales, de acuerdo a lo que con modestia y claridad declara en algunas de sus entrevistas, casi da brincos de emoción, cuando la masa de ciudadanos convocados por la propaganda, miran entusiasmados el ranking avanzando con su favorito, para después por un módico y accesible precio, votar una y otra vez por celular o teléfono fijo.
-También gratis-, dice dichosa la festiva conductora, mientras dure el programa con las propagandas incluídas de los “gentiles auspiciadores”.
Pero a nadie le interesa leer la letra chica, ni menos multiplicar el números de miles de llamadas por el valor de cada una de ellas. Solo se trata de que la voz del individuo anónimo sea considerada en forma democrática. Y esto, al parecer se trata de democracia total, casi un diamante de democracia.

Comienza así pues la mas grande mentira urdida por algún medio de información de Chile.
Si a ratos nos habíamos asqueado con el manejo informativo del duopolio informativo de los medios escritos chilenos, que permite la pervivencia de una forma de censura, un poco mas refinada, que ahora solo limita la expresión a no cuestionar al “mercado”, es decir a casi todo, ahora nos presenta una carrera hípica cultural.

Los jamelgos desganados no tuvieron tiempo de abrevarse en sus vertientes natales, ni alimentarse de pastos tiernos. Simplemente fueron arreados, fustigados por una tropa de oportunistas dispuestos a servir sin cuestionamientos a patrones.

Por la pista primera corre Victor Jara, se le adelanta en la curva Arturo Prat, pero por una cabeza Manuel Rodríguez, quien asediado por el chicote de la rebeldía juvenil va por los palos, hasta que Neruda con un caballo mas alto, parece ganar, pero no. Lautaro se acerca a tres cuerpos, sin embargo, Caupolicán, el toro indomable, que no fue convocado corre fuera de la pista, y lanza el tronco de su furia sobre la pista.
Naturalmente Alberto Hurtado, escupe y bufa, y parte en la carrera, ya no recoje niños en la calle, ya no le interesa ver que en una vitrina un niño sonríe hambreado mirando como salen del horno pollos y papas fritas, tan al alcance de la mano. Qué decir de los mendigos, que tendrán que entender que esta es una carrera seria, y que por tanto tendrán que morirse de hambre porque lo que importa es la carrera, y solo la carrera.

¿Pero de quién es ese caballo solo galopando sin manada sobre el perfil apesadumbrado del crepúsculo? No, no tiene jinete.
Piafando mira hacia el mar, donde pareciera que nace el infinito. No tiene riendas, tampoco montura. Es simplemente un caballo azul, orinando lluvias mientras espera a alguien.
Y lo curioso es que no está apurado, pese a su notoria energía, a las patadas que da de tanto en tanto a la brisa. Espera a alguien, aunque nadie lo sepa.


Veo amanecer sobre Santiago. Hoy es un día que me regala, una vez más, la imponente cordillera. Tomo café mirando esas grietas amadas, esos faldeos imposibles, esa nieve que esconde de la vista los nidos de los cóndores. No escucho noticias por la radio, la ciudad está en silencio, y tengo la sensación por un instante de ser el único habitante. Me digo, que algún día tendré mi casa en una de esas montañas.
La cuchara rompe el silencio al golpear contra el plato, luego lo hacen los zorzales amigos del parque aledaño.

Un murmullo comienza a desplegar su manto, hasta que el canto de los jilgueros, de los tordos, y los débiles ladridos de perros insomnes, quedan ocultos, como si no existieran.

Cada vez que puedo, recorro el centro de Santiago. Allí, en el Colegio San Ignacio, mantienen aún la sobria habitación del cura Hurtado, ese hombre que puso en movimiento a su ser partiendo por el corazón. Pocos libros, mas que nada los suyos, están en las escasas estanterías, quizás como expresión de reafirmar sus convicciones en la intimidad de su cuarto. Me parece que fue ahí donde esperó la muerte, pero más que eso, esperó el nuevo día para salir a la calle y tender una mano solidaria a quien lo necesitara.

Pero también están en este mismo centro, las casas, pensiones y conventillos en donde viviera Neruda, el poeta que ya a sus veinte años era conocido, y que proviniendo de una familia pobre, ya había enseñado a seducir con sus versos a los niños bien de Santiago.
Allí, en calle García Reyes, vivió con dos amigos, en una sola pieza, ya que no disponían dinero para alquilar una pieza independiente. Conmueve la ternura y la pasión de este muchachito medio feble, habitando la utopía, en donde el único destino posible era realizar aquel pacto de amor con la hermosura.

Más allá, está la calle que duele y mortifica los porqués, allí donde de cuarenta balazos el cuerpo sano de Víctor Jara fuera convertido en un guiñapo, en algo semejante a una frazada mojada por la lluvia en donde hasta los perros detestarían dormir.

Nuestros son los dolores y cada una de las alegrías del ser colectivo, ese que justamente se genera por la obvia ecuación de ser la suma de los individuos. Y en esto no cabe la competencia ni la comparación, sino la solidaridad, el asombro por ver una ciudad y sus habitantes, un barrio del que somos parte.

Sin embargo, febles “creativos” empezaron un viaje absurdo, utilizando una truculenta y torpe maquinaria, cuyo motor simula no contaminar, y cumplir con todos los estándares internacionales. Partiendo por el estándar europeo, o mejor el inglés.

Vicente Sabatini, asertivo director de decenas de teleseries y actual Director de Programación del canal estatal, informó con sapiencia y contenido pedagógico, que se había comprado una licencia de la BBC, “Greats Briton”, que ya ha probado en Inglaterra, y Holanda, que el barniz cultural puede servir de remedo para aparentar que no se es decadente.

Porque definitivamente, nadie podría en su sano juicio pretender que noveles defensores, muchas veces desconocedores de la obra de sus defendidos, puedan tener otra pretensión más que ser ellos mismos los protagonistas.

Así, subiéndose a los hombros de sus defendidos, se matan dos pájaros de un tiro: ganan notoriedad ellos mismos como animadores, o comentaristas, apareciendo como dignos representantes de la cultura querida por todo el país, ganando honorarios de paso, nunca sabrá uno si mucho o poco.

Pero no será la cultura chilena la que se lleve la real ganancia de toda la gestión, sino las empresas que “solidariamente” apoyan para cubrir los costos de producción, y se provocará un supuesto acto de reivindicación cultural gracias a desconocidos y lúcidos “defensores”.
Así por ejemplo, Manuel Rodríguez, seguramente convocará la esencia nacional revolucionaria; Pablo Neruda lo hará por su maciza inserción como portavoz poético de un continente; Alberto Hurtado por su implacable y sobrehumana capacidad de solidaridad; Arturo Prat como el arquetipo del abogado joven de vanguardia, que opta por el impulso vital de la defensa territorial del país; Victor Jara, por la masificación de un sentido de identidad nacional, etc.

El sin sentido de comprar una licencia, de aplicar un esquema televisivo para que nos coadyuven a promover quienes somos, es tan irrisible como absurdo, y nos resulta un ejercicio francamente imposible, el determinar donde está la creatividad de toda esta charada.

Pero una multitud de convencidos en las bondades de este programa, seguramente saldrán con la suya y terminarán por imponer a alguno. Un chileno ganador, chileno entre chilenos, que podrá competir en las finales, que algún otro creativo europeo cree, para después competir todos entre sí, en una mundial o universal de grandes.

Será todo un espectáculo pues.