miércoles, 20 de febrero de 2008

UN TROZO DE RUDA MISTRAL

Por Bernardo Reyes

Ya nadie recuerda la imagen de dos damas sosteniendo un busto de Gabriela Mistral, ataviadas de risas bobaliconas, retratadas en plena consagración del rito de traer de vuelta a la poetisa.
Perpetuada tamaña hazaña, ya tendríamos que ser habitantes del anunciado reencantamiento mistraliano, pero al parecer nada de esto ha sucedido.
La rotunda y ceñuda roca al parecer se encontraba entre el voluminoso legado de manuscritos, libros y papelería inútil, guardados con pertinacia y ternura por la compañera y secretaria de Gabriela, la bella y erudita Doris Dana.

Con la llegada de este valiosísimo cargamento, naturalmente se ha abierto la sed de indagar en el ser escondido en la charada del homenaje-emblema del billete de cinco mil pesos, ahora para transformarlo en algo más consistente. No supimos descifrar qué formato tendrá esa consistencia, porque estas damas aturdidas de emoción, dieron por hecho que adivinábamos qué quisieron decir. El asunto es que dijeron nada.

Esta desechable iconografía periodística, quedó relegada al olvido por otras noticias de actualidad política difundidas en ese momento, y que son todavía más desechables.
Me refiero a la extemporánea, y ahora añeja disculpa y proclamación del ex presidente Ricardo Lagos, quien en forma magistral pidió disculpas al mismo tiempo que no las pidió.
El Transantiago debe estar entre las máximas estafas conocidas en el presente siglo, y que involucra privados, instancias gubernamentales, y oportunistas. Solo la competencia bursátil, debe seguir capitaneando los rankings de la sinvergüenzura nacional.

Las malas acciones se medirán por la cantidad de votos, nos espetó y clarificó el expresidente. Nadie preguntó de qué votación se trataba, pero implícitamente uno supone que se trataría de una votación futura, en la cual el cuestionado, sería ese evidente ciudadano sin aludir. Es decir, el autor de la disculpa y proclama.

Previamente ya habíamos escuchado las temblorosas palabras de Patricio Hales, hombre que compartió el lecho con el mandatario en las mazmorras de la dictadura y que, en virtud de esa cercanía emocional, vistió su rostro de pucheros para leer ante las cámaras de la televisión chilena las conclusiones de la cámara de diputados.

El diputado Hales había presidido la Comisión Investigadora del Transantiago de la cámara baja, que demostró la responsabilidad y negligencia de al menos quince autoridades, entre las que se encontraba Lagos, su ex compañero de celda.
En cualquier otro caso de juicio, quien fuera parte comprometida, se abstiene de constituir el jurado. Pero no aquí en Chile.

Por algún motivo, estas insufribles disculpas trajeron a la mente otra anterior, que ya son parte insustituible del inventario patrimonial de la ñoñería nacional.
Me refiero a la manida disculpa al pueblo de Chile de Patricio Aylwin, a nombre de los torturadores, asesinos y comisionistas, de los años del asco.
Raro es pedir disculpas por algo que no se ha hecho, pero más raro es cuando el que pide disculpas no exprese derechamente que fue un promotor del golpe militar, y que horrorizado con las consecuencias de actos que el mismo estimuló para que ocurrieran, optó por salvar el pedazo de alma que le quedaba sin agusanar.
El resto de su sanación seguramente fue completada con vehementes y sistemáticos rezos, autoinflingidos en el formato de rosarios y otras estructuras implorativas.

Entre tanta mise en scène y destemplados actos de liturgia política barata, nos quedamos con la sensación que ya no será posible establecer en una síntesis necesaria todo lo relativo a los presos mapuches en huelga de hambre, que culminaron con los ciento diez extenuantes días de Patricia Troncoso.
Como nadie murió, los ideólogos de esta suerte de fascismo solapado, quedarán en la punta de la lengua de todo el mundo, pero nadie pronunciará nombre alguno.

La tela de la síntesis se debería cortar por doquier, en un país de poetas. Pero este poema escrito con dolor y sangre real, no encuentra editores. Y, quienes sostienen el actual orden demuestran voracidad en el trozo de pastel que les da el poder. Esto es, no cuestionar mucho al gobierno, caso contrario esta democracia que tanto ha costado construir, se nos vendrá abajo.

No obstante, de una forma u otra sabemos que Patricia Troncoso dobló en días la terrible huelga de hambre del poeta y revolucionario irlandés, Bobby Sands, fallecido el cinco de mayo de 1981 en la cárcel de Long Kesh, Belfast.
Y este hecho dramático, que ya forma parte de la memoria diluída con el alzheimer de imágenes confusas, con que se construye nuestra historia, será sacado de los discursos para luego olvidarse.
No es novedad: a nadie le interesó mucho la suerte de Patricia, hasta que llegaron los informes de inteligencia al palacio, comunicando que ya habían empezado los primeros estertores anunciando el aterrizaje de la muerte en el extenuado cuerpo de una mujer, que luchaba por los mapuche sin ser mapuche.


Dios nos libre de hacer comparaciones odiosas, pero Margaret y Michelle, parecieron en estos dolorosos días sacadas de un mismo cuento de horror.
Se trataba en ambos casos de presos que hacían exigencias bastante discretas. En el caso de Sands, era el derecho a no llevar uniforme carcelario, a no trabajar en la cárcel, a relacionarse libremente con otros prisioneros, a organizar su propio tiempo libre y derecho a recibir una visita y una carta por semana. En el caso de Patricia, un poco menos.
Por cierto, podremos discrepar mucho con la presidenta Bachelet, pero creemos que ni remotamente se podrían comparar a ambas gobernantes. En el caso de nuestra presidenta, simplemente sus asesores se equivocaron, al postergar una negociación que pudo haber ocurrido sin tanto dolor, ni jugando con la vida.

La Thatcher, en cambio, ha pasado a la posteridad como la obsoleta meretriz de un sistema colonialista pasado de moda, obscenamente inhumano. Conocedora de que Sands había sido elegido diputado del partido Sinn Fein (que significa algo así como “nosotros mismos”), mantuvo su cerrazón de alma.
La intolerancia no sirvió de nada: la reconciliación fue un proceso entendible solo desde los códigos de ingleses e irlandeses, quienes aceptaron tolerarse con las armas del diálogo.

Pero entre tanta omisión y silencio, parece ser que también nos olvidamos que esta decrépita dama fue una defensora a ultranza de Pinochet -el comisionista- en cuya dictadura se redactó y promulgó la Ley Antiterrorista ( Nº 18.314), por la cual está presa Patricia Troncoso.

La cualidad de terrorista tiene ciertas características bien específicas, que aparentemente la distancian considerablemente de lo que son delitos comunes. Por tanto las sanciones punitivas, que se han aplicado por supuestos actos delictivos, son extremadamente severas.
El prestigioso comentarista internacional Raúl Sohr fue convocado por uno de estos tribunales a prestar declaración, y de manera muy categórica demostró que internacionalmente los parámetros que definen un acto terrorista, son muy claros, y que en este caso no se dieron.

Quizás si la mejor alternativa para entender entonces la génesis de este conflicto lo encontremos en la voz de los propios protagonistas, y que aparecen en el film “El juicio de Pascual Pichún”, que registra el proceso judicial que lleva a la cárcel a un grupo de comuneros, entre ellos a Patricia.

La odiosa ley antiterrorista, redactada por los escribanos del dictador homicida, de acuerdo a lo que nos enseña la película, fue reflotada por un prestigiado miembro de la concertación el que la aplicara, para defender su derecho a la integridad de su propiedad privada violentada con un incendio.

Cuando asistimos al estreno de este film, su directora, María Teresa Larraín, nos dio una clase de lo que significa ser objetivo.
María Teresa prefiere hablar de un punto de equilibrio y no de objetividad. Es decir, a pesar de la evidencia de los hechos, deja hablar a cada una de las familias sin intervenir. Este manido punto de equilibrio de la directora, es por tanto un referente de tanta importancia como lo es la cámara. Es decir, el hombre y sus emociones tienen tanta importancia como el obturador.
¿Habitar este punto de equilibrio será entonces no sentir?
O dicho con otras palabras ¿mirar el abuso sin juicios es algo que nos inhiba de ver al abusador?
Que cada cual exponga con la serenidad que sea posible sus pensamientos y emociones, no inhabilita a nadie utilizar la alternativa de contrainterrogar cuando la contradicción se hace evidente.
Pero nada de esto ocurre. Una cámara omnisciente mira con su ojo cíclope lo que quieran decir los protagonistas. La directora no tiene nada que decir, entendemos que por el bien superior de mantener su “punto de equilibrio”. Resultado, una película que ha pasado sin pena ni gloria, en donde todos han resultado ganadores. O bien, todos perdedores y en donde, desgraciadamente, quedamos tan desinformados como antes de ver ni escuchar nada.
Vistas así las cosas, las familias Figueroa y Pichún, confrontadas con visiones de mundo contrapuestas, son ambas culpables e inocentes.

Quizás si la más flagrante contradicción mostrada en el film por uno de los protagonistas, sea plantear que su estructuración ética de hombre de bien pase por ser Presidente Vitalicio de la Fundación Pablo Neruda, ante lo que la directora con absoluto control, y no interrumpiendo su inflexible y particular sentido de la objetividad, no tiene ningún comentario al respecto.

El viejo poeta, aguerrido en las luchas de los pobres nuestros, invitó a los generales traidores de la España desangrada a mirar su casa muerta, y a que vinieran a ver la sangre por las calles. Amenazó con firmeza cuando dijo que de cada niño muerto nacería un fusil con ojos, que les encontrarían el sitio del corazón. Luego, ya en su madurez, nos convocó al nixonicidio, en poemas que mueven el piso a las convicciones de que el arte no puede estar al servicio de la política y de los problemas sociales.

Pues bien, ha llegado la Mistral a Chile, país en el que nunca quiso estar. Temía que fueran a tratarle como la Gaby pero desgraciadamente ocurrió algo peor, cuando le hicieron el monumento al olvido representado en el billete de cinco mil pesos.

A pesar que no se ha anunciado, seguramente irá a ver a su amigo Neruda, pero no a Temuco, ciudad que detestaba al recibir ataques diversos por la prensa de parte de un político de la zona.
Cabe hacer notar que el diario “La Mañana”, el primer periódico de la ciudad, y en donde el poeta escribiera sus primeras colaboraciones, fue incendiado por los mismos amigos del “orden” de estos días, que les parece sensato e indiscutible, que el Presidente de la Fundación Pablo Neruda sostenga en una entrevista al periódico “El Mercurio”, que los mapuche jamás fueron propietarios de nada, dada su condición nómada, y que era deber del estado reciclarlos (sic).
Solo así dejarían de ser salvajes y seguramente tendrían mayores opciones de acceder a la bondad, generosidad y tolerancia que representa el estado dominante.

No sé si alguien lo recuerda: Gabriela Mistral fue promotora de la reforma agraria en Chile. Fue defensora de revolucionarios de importancia en la historia latinoamérica como el nicaragüense César Augusto Sandino. ¿Cómo se las irán a arreglar para que esta recuperación del legado de la poetisa, no se transforme en el emblema de lucha de los que consideran la voz de estos hermanos mayores, como la voz que los acoge y los interpreta?

De algo sí podemos estar seguros: Gabriela Mistral y Pablo Neruda, han sido los más grandes defensores de la dignidad indígena. Y entendidas así las cosas, los que habitan la esperanza de días mejores, los heridos por la bestia del fascismo solapado que impele a sostener la felicidad de unos pocos, coaccionando la libertad de muchos, tienen dos aliados que inequívocamente están en defensa de quienes no tienen mas que unos pocos sueños como toda propiedad personal.

El trozo de ruda Mistral significa algo más que posar ante una cámara con una escultura, o mirar que en el lenguaje de los días vuelven a estar presentes los nombres de dos hitos, que no tienen nada en común con las predecibles palabras insustanciales de dos futbolistas cotizados, por ejemplo.
Se trata el asunto de mirar nuestros condicionamientos y convicciones con la determinación y el asombro de quien descubre en sí mismo, la ternura de la esperanza a partir de un profundo y revolucionario sentir, que ponga al hombre como asunto central, entre otras cosas.

El viento Mistral, pule a la roca Mistral. La roca Mistral que sabe el lenguaje que viene de tramontana, nos traduce palabras que invitan a la liberación, a la alegría, a la cooperación.