sábado, 4 de octubre de 2008

EL RESCATE DE MALVA MARINA


Por Andrés Gómez Bravo
Publicado en "La tercera cultura", pag. 13, 4/10/2008.

Muerta a los ocho años en una casa adoptiva, lejos de su padre, quien la omitió en sus memorias, la única hija de Neruda –fruto de su matrimonio con la holandesa María Antonieta Hagennar- revive en una cinta para TV.

El telegrama –frío y preciso- traía el membrete del Ministerio de Relaciones Exteriores: “Para cónsul Neftalí Reyes.- Se ha recibido de Berna el siguiente telegrama: ‘Señora Neruda avisa desde Holanda que su hijita falleció 2 de marzo sin sufrimientos.- Desea reunirse con su marido a la brevedad posible’. Ruego a US. Comunicar resolución interesado para trasmitirle a su esposa y hacer los trámites necesarios”.

Era marzo de 1943 y Malva Marina Reyes, hija única de Pablo Neruda y María Antonieta Hagenaar, moría en Gorda, Holanda, lejos de su famoso padre, entonces cónsul en México. Nacida en agosto de 1934 en Madrid, la niña sufría de hidrocefalia y tras su muerte se convirtió en una incómoda sombra en la biografía del poeta.

Neruda no contestó el telegrama ni viajó a Holanda. Tampoco volvió a hablar de ella y, como si buscara borrar sus huellas, la omitió de sus memorias, Confieso que he vivido. Pero medio siglo después, un libro y un filme rescatan su historia.

A fines de 2007, Bernardo Reyes –investigador y sobrino de Neruda- publicó El enigma de Malva Marina, libro que sirve de base a una película para TV a cargo de Fernando Valenzuela y Eduardo Larraín, director y productor de 1973 revoluciones por minutos.

Con guión de Perla Devoto y la asesoría de Reyes, el filme –con estreno proyectado para 2010- es el primero que abordará la historia de Malva, así como uno de los períodos menos conocidos y más mistificados de la trayectoria de Neruda: su vida en Oriente. Una etapa intensa febril, marcada por la soledad, el alcohol y el opio, donde vivió un romance hot con una birmana, escribió uno de sus grandes libros –Residencia en la tierra- y se casó con la holandesa María Antonieta Hagenaar.

“El espíritu de la película no es condenar a Neruda, sino explorar la complejidad de las emociones”, dice Fernando Valenzuela. “Es una historia dramática: cómo un tipo que fue un genio de la poesía al mismo tiempo fue tan falible. Neruda traía una herida primordial, que es la muerte de su madre recién nacido. Eso marcó sus relaciones con las mujeres y con la paternidad. El fantasma de la hija lo persiguió siempre”, asegura.

De la ilusión al desconsuelo

Estructurada en cuatro episodios, la cinta arranca en México, en 1943, con la noticia de la muerte de Malva. Desolado y acosado por sus demonios, Neruda pasa revista a su mundo afectivo desde 1927, cuando dejó Santiago rumbo a Birmania. Así, por el filme transitan Albertina Azócar, su novia del Pedagógico; Josie Bliss, la “pantera birmana”, como la llamó en sus memorias; “Maruca” Hagenaar y Delia del Carril, sus segunda esposa.

La primera parte recreará Oriente, “un período de luz y sombra para Neruda”, dice Bernardo Reyes. “Representa la plenitud poética, pero atravesada por la desilusión. Está solo, alcoholizado, su etapa de opiómano es más fuerte de lo que admite en sus memorias, y conoce a Josie Bliss, una mujer que no supo manejar”.

Tan atractiva como celosa y posesiva, Josie ahuyentó al poeta, que escapó a Ceilán y luego a Java. Allí durante un partido de tenis, conoció a María Antonieta Hagenaar, con quien se casó en 1930.

De regreso a Chile por el cierre del consulado, el matrimonio hace crisis, como relatará el segundo episodio: Neruda vuelve a la bohemia y se reencuentra con Albertina. Pero una nueva designación abre esperanzas a la pareja: en Buenos Aires, Maruca queda embarazada.

El tercer capítulo narrará el nacimiento de Malva en Madrid, donde Neruda sigue su carrera consular, y el quiebre definitivo del matrimonio. De la ilusión el poeta pasa al desconsuelo al enterarse de la enfermedad de la niña, a la que llama –en carta a su amiga Sara Tornú- “un ser perfectamente ridículo, una especie de punto y coma, una vampiresa de tres kilos”.

Neruda busca consuelo en los brazos de Delia del Carril y, con la Guerra Civil en ciernes, se separará de su hija y su madre en 1936.

El último episodio mostrará a Neruda en París, donde organiza el viaje del Winnipeg con los refugiados españoles, mientras su propia hija está refugiada: en Holanda, Maruca la entrega en adopción a una familia. “Neruda viaja a verla en 1939. O la recupera o paga una mesada para que la cuiden. Y decide pagar. Se revela su incapacidad para ser padre”, dice Fernando Valenzuela.

Ni Neruda ni Maruca se la pudieron. La niña los superó a ambos”, añade Valenzuela. “Malva debió ser un dolor tremendo para Neruda. Representa la desdicha y el fin de un mundo que se destruye”, sostiene Reyes. Un dolor que el poeta llevó en silencio y del que sólo quedó un triste y frío telegrama.

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