jueves, 8 de mayo de 2008

GELMAN Y BOCCANERA: DOBLE PREMIO PARA LA POESÍA

Publicado en Clarín de Chile, miércoles, 07 de mayo de 2008.

Por Carlos Monge Arístegui
En un mundo cada vez más antipoético, que la poesía haga noticia es un hecho digno de ser elogiado. A fines de noviembre del año pasado, Juan Gelman recibió el Premio Cervantes, el máximo galardón literario en el mundo de habla hispana. Y el acto de recepción concreta del premio se produjo el 23 de abril de este año, en una ceremonia a la que concurrió el rey Juan Carlos y en la que pronunció un emotivo y profundo discurso.

Pero la poesía argentina (y con ella, la poesía universal, sin duda alguna), sigue de parabienes, pues el martes 6 de mayo un jurado presidido por el propio Gelman le concedió al poeta Jorge Boccanera el octavo Premio Casa de América por la calidad literaria de su trabajo Palma real –poemario seleccionado entre 272 manuscritos- y “su diálogo profundo con la tradición poética hispanoamericana”, según reza el comunicado donde se dio a conocer la distinción.
Boccanera, en efecto, dialoga -¡y de qué manera!- con una tradición en la que se inscriben nombres tan notables como los del nicaragüense Rubén Darío, el peruano César Vallejo y el salvadoreño Roque Dalton. Junto a los puntos altos que han hecho de la poesía chilena un hito indispensable y un referente obligado en el contexto latinoamericano: Huidobro, Neruda, De Rokha, y más tarde Jorge Teillier, Enrique Lihn u Omar Lara, quien obtuvo el Premio Casa de América 2007.

Antes de seguir hablando de él, debo decir que Jorge Boccanera es mi amigo. Por lo tanto, me cuesta referirme a este personaje en un tono impersonal y distante. Puesto en este difícil trance, prefiero entonces reproducir, sin comentario alguno de mi parte, fragmentos del cable de la agencia DPA que dio la vuelta al mundo con la noticia de su premiación:
“Nacido en 1952 en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, Boccanera ha publicado una decena de libros de poesía, reunidos en compilaciones como "Antología poética" (1996), "Zona de tolerancia" (1998), "Antología personal (2001)", "Poemas (2002)" o "Servicios de insomnio" (2005).

“Boccanera, autor también de varios ensayos, dirige actualmente la Cátedra de Poesía Latinoamericana de la Universidad Nacional de San Martín en Buenos Aires y es además director de la revista cultural ‘Nómada’. Varios de sus textos han sido convertidos en letras de canciones por artistas como Mercedes Sosa, Alejandro del Prado, Lilia Vera, Raúl Carnota, Silvio Rodríguez y Litto Nebbia.
“Durante la dictadura militar argentina (1976-1983), se exilió en México. Volvió a su país en 1984, pero en 1989 se fue a Costa Rica, donde residió hasta 1997, año en el que retornó a Buenos Aires”.
¿Qué más se puede agregar a lo ya expuesto? Tal vez complete el sucinto cuadro biográfico señalar que Boccanera, además de poeta, es dramaturgo y que dos obras suyas, Arrabal amargo (1982) y Perro sobre perro (1985), han sido montadas en Buenos Aires.
En el plano más personal, y sin que esto signifique traicionar ninguna confianza, podría decir que tras salir de su Bahía Blanca natal se afincó en Banfield, el mismo suburbio del sur del Gran Buenos Aires, donde alguna vez vivió Julio Cortázar. Y que tiene un hijo, Roberto Nicolás, que se desplaza regularmente entre Argentina y Costa Rica, donde vive su madre, Yasmín.
La última vez que vi a Jorge fue cuando vino a Santiago invitado por Chilepoesía, en su versión 2005, y se produjo un enojoso incidente extraliterario en el momento en que varios poetas que participaban de este encuentro –entre ellos, Raúl Zurita y José María Memet- fueron a leer sus versos a la Escuela Militar. Boccanera rehusó el, a su juicio, envenenado convite y prefirió visitar, acompañado por quien esto escribe, al poeta Bernardo Reyes, sobrino de Pablo Neruda, con quien trasegamos alguna botella de vino tinto.
No añadiré nada más a lo dicho. Salvo que Boccanera me honra con su amistad y tuvo la generosidad adicional de prologar un tímido primer libro mío, Palomitai y otros poemas, que publiqué en Buenos Aires, en 1986. Prólogo en el que menciona, de paso, a Roberto Bolaño, el muchacho alucinado por la poesía al que conoció en el Distrito Federal, a fines de los años 70. Mucho antes, por cierto, de que se convirtiera en la figura mayor de la literatura que es hoy.
Sólo cabe agregar que es un día de gloria para la poesía el día en que sus textos han obtenido un nuevo reconocimiento que se suma a otros muchos: Premio Casa de las Américas, 1976; Premio de Poesía Joven de México, 1977. Y convocarlos a leer textos como los que siguen, que dan una vívida idea de la potencia y la fuerza de su escritura. El mejor homenaje para cualquier autor es, desde luego, dialogar con su obra, y estos poemas, sin duda, invitan a hacerlo:

I

A veces la palabra
como una copa rota donde morder el polvo
y otras veces un agua
de alumbrar.
Asomada a los cielos, la palabra,
es un tambor de polvo deshecho al primer golpe.
remando en el infierno, la palabra,
es un agua posible sobre un manto de cólera.

Entonces, la palabra,
¿polvo, para morder en la oscuridad?
¿Agua, para alumbrar este cuerpo callado?


III
Bésale las piernas a la poesía
aunque diga que no que aquí nos pueden ver.
Bésale las palabras, hurga su lengua hasta
que abra los brazos y diga ¡Santo Dios!
o hasta que santodios abra los brazos de escándalo.
Bésale a la poesía a la loba
aunque diga que no que hay mucha gente que aquí
nos pueden ver. Bésale las piernas las palabras
hasta que no de más, hasta que pida más
hasta que cante.
*Del libro Polvo para morder (1986).
(Carlos Monge Arístegui es escritor y periodista).

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