martes, 31 de julio de 2007

TABARCA ES UNA MANZANA DE LUZ





Los chilenos, de una u otra forma, nos definimos como mediterráneos, en el sentido de que estamos cercados por el océano Pacífico como por la cordillera de los Andes. Y hacia el sur y el norte, por grandes extensiones de hielos y arenas que nos unen con el polo sur y el desierto de Atacama.

Por cierto un concepto enteramente diferente al ser mediterráneo español.

Tabarca, por ejemplo, es una manzana de luz que nos atraganta.
Dicen que aquí llegan navíos de sueños a encontrarse con la primavera, como es el caso.


Y quizás sea por eso que todavía nos horrorice tanto la muerte de Miguel Hernández, ciudadano de la luz, ocurrida frente a esta isla, en Alicante, luego de un periplo por 13 cárceles diferentes y a seis años de la muerte de Federico García Lorca.

Hemos recorrido con Marycruz las huellas del poeta por Orihuela: viajamos en un tren que es pariente de los trenes de Temuco.
Tocamos el cerro La Muela, en el fondo del huerto familiar de su casa natal: allá en lo alto puede escucharse a la luz y su lenguaje que nos permite ver la extensa llanura de la condición humana.

Solía venir el poeta a esta isla de Tabarca, seguramente a escuchar como nosotros al oleaje manso del Mediterráneo: aguas luminosas penetrando las cavernas de piratas que de un momento a otro pueden regresar de sus andanzas.

Bernardo Reyes

Apuntes sobre Tabarca.
Abril del 2004, primavera. Alicante, España.

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