martes, 31 de julio de 2007

TABARCA ES UNA MANZANA DE LUZ





Los chilenos, de una u otra forma, nos definimos como mediterráneos, en el sentido de que estamos cercados por el océano Pacífico como por la cordillera de los Andes. Y hacia el sur y el norte, por grandes extensiones de hielos y arenas que nos unen con el polo sur y el desierto de Atacama.

Por cierto un concepto enteramente diferente al ser mediterráneo español.

Tabarca, por ejemplo, es una manzana de luz que nos atraganta.
Dicen que aquí llegan navíos de sueños a encontrarse con la primavera, como es el caso.


Y quizás sea por eso que todavía nos horrorice tanto la muerte de Miguel Hernández, ciudadano de la luz, ocurrida frente a esta isla, en Alicante, luego de un periplo por 13 cárceles diferentes y a seis años de la muerte de Federico García Lorca.

Hemos recorrido con Marycruz las huellas del poeta por Orihuela: viajamos en un tren que es pariente de los trenes de Temuco.
Tocamos el cerro La Muela, en el fondo del huerto familiar de su casa natal: allá en lo alto puede escucharse a la luz y su lenguaje que nos permite ver la extensa llanura de la condición humana.

Solía venir el poeta a esta isla de Tabarca, seguramente a escuchar como nosotros al oleaje manso del Mediterráneo: aguas luminosas penetrando las cavernas de piratas que de un momento a otro pueden regresar de sus andanzas.

Bernardo Reyes

Apuntes sobre Tabarca.
Abril del 2004, primavera. Alicante, España.

El PEZ COMPACTO DE TU MIRADA

Hundo mi mano
en el océano de tu corazón
para tocar
el pez compacto de tu mirada


Bernardo Reyes
Stgo. 04/09/2004

viernes, 27 de julio de 2007

- CUANDO TODO ERA UNA FIESTA EN EL SAFICO. Neruda y Lorca, Buenos Aires, 1933-1934.*

*El presente artículo fue publicado por primera vez en la revista Nomada Nº 3, febrero 2007, Buenos Aires, con el título de "El Buenos Aires bohemio de Neruda y Lorca". La mencionada publicación es dirigida por el destacado poeta Jorge Boccanera, y pertenece a la Universidad Nacional de San Martín. En una segunda oportunidad fue publicada por la publicación electrónica Notiziario Nº 24 , junio 2007, dependiente de la Universidad de Milán, Italia. En dicha ocasión Giuseppe Bellini añadió una introducción en italiano.
** Este texto es un extracto de un capítulo del libro POR UNA SONRISA QUE NO CRECE. El enigma de Malva Marina, la hija de Pablo Neruda, libro en proceso de edición y que saldrá a circulación en septiembre del presente año (aprox.).

Bernardo Reyes

Ciertamente el cuerpo desnudo que vió el poeta español no era de una belleza cautivante. La figura blancuzca tanteando el agua de la tina con un pie, investida de una alegre obesidad, parecía un querubín de Botero ejecutando un imposible paso de ballet.
En aquel mediodía de Buenos Aires, bañista y observador, copa de whisky en ristre, se acomodaron uno hundiéndose en el agua y el otro en un taburete, para proseguir la charla de la regada noche anterior y reponerse de la leve resaca con exactos dos dedos de licor, mientras María Luisa y María Antonia[1], vitrineaban por calle Corrientes, al tiempo que compraban lo necesario para un eventual almuerzo, si acaso el dueño de casa no determinaba un mejor destino y materializaban el almuerzo en el Signo, mezcla de bar, restaurante y punto de encuentro de escritores y artistas, cercano al departamento.
En el piso veinte el aire marino primaveral arrastraba en su fuerte brisa una transparencia desmesurada: la visión de la enorme ciudad en que se había convertido el antiguo Puerto de Nuestra Señora Santa María de Buen Aire, nombre dado por el Adelantado español Pedro de Mendoza en 1536, y que pasados los siglos todos habían olvidado, era por cierto desafiante en su magnitud y, sobre todo, convocadora de una cautivante fascinación, allá abajo, donde el flujo de los transeúntes no cesaba en momento alguno.
Para 1933, Buenos Aires gozaba de una estabilidad económica privilegiada. Pese a las dificultades de esos años, no paraban de llegar inmigrantes, que de la mudez idiomática inicial, pasaban a la locuacidad animada y los recuerdos de sus países natales pronto ocupaban un lugar en el polvoriento baúl de la memoria.
Buenos Aires, para un lego cualquiera, olía a esencia de alegría fundacional: inmigrantes escapando de la exasperante ansiedad de la miseria, reproduciendo las lejanas arquitecturas de sus ciudades originarias.
El edificio Safico, hoy todavía majestuoso, fue uno de los primeros intentos no fallidos de imitar lo foráneo, alejándose un poco de la elegancia arquitectónica europea, para adoptar la funcionalidad específicamente neoyorkina.
Se emplazó en calle Corrientes 456 y sus cien metros de altura con veinticinco pisos llamaron la atención de los porteños, por ser uno de los primeros rascacielos de la urbe. Se construyó por encargo de una casa de renta denominada Sociedad Anónima Financiera y Comercial (SAFICO) y realizado por el ingeniero civil Walter Moll que concibió la obra como un volumen rectangular de diez pisos, sobre el que se alza desafiante el resto de los pisos en forma piramidal escalonada.
El manifiesto estilo racionalista de su constructor, contrasta con el vestíbulo de entrada y hall, frente a los ascensores, que presenta arreglos Art Decó.
Pese a que fue oficialmente inaugurado en 1934, para 1933 gran parte de los departamentos habitacionales se encontraban ocupados y su arrendamiento implícitamente relacionaba a los ocupantes con estar en posesión de cierto status económico que permitiera acceder a lujo semejante.
Sin embargo el matrimonio ocupante de uno de los departamentos, con evidentes carencias económicas, habían tenido que solicitar un préstamo incluso para poder viajar desde Santiago a Buenos Aires: el nombre de la prestamista, Amalia Alviso, y el del solicitante Ricardo Neftalí Reyes Basoalto, nombrado Cónsul Particular de Elección, adscrito al Consulado General de Chile en Buenos Aires el 10 de julio de 1933, ciudad a la que llega recién el 28 de agosto, luego de una detención en Mendoza, en donde realiza una conferencia y lectura poética.
En carta enviada desde Santiago, por encargo del cónsul Reyes a su padre, don José del Carmen el 25 de agosto de 1933[2], le expresa su pesar por no haber podido viajar a despedirse de la familia a Temuco, al tiempo de señalarle su gran fortuna al haberse encontrado con Amalia, su amiga y ya lejano amor de juventud, la que junto a su esposo deciden realizarle un préstamo de mil pesos, a devolverse cuando ya esté instalado en Buenos Aires.
El cónsul Neftalí Reyes (el seudónimo de Pablo Neruda se legaliza el 8/12/1946, doce años después de su estadía en Buenos Aires) y su esposa María Antonia Hagenaar, es acogido en casa de Sócrates Aguirre Bernal entre fines de agosto y los primeros días de octubre, cuando se traslada al piso 20º del moderno edificio SAFICO. Aguirre además de ser su jefe -Cónsul General de Chile- se convirtió en una especie de ángel tutelar, otorgándole todo tipo de facilidades para que el poeta realizara sus actividades intelectuales.
Una instantánea de aquellos días la encontramos en las memorias de María Flora Yánez, nacida en el seno de una familia aristocrática chilena, hija de Eliodoro Yánez, fundador del diario La Nación y hermana del afamado escritor Juan Emar -llamado por Neruda como el Kafka chileno- uno de los más destacados y olvidados narradores nacionales: martes 3 de octubre (1933). A las siete de la tarde se efectuó el coctel en mi honor que ofrecía Pablo Neruda. Vive en un departamento ultramoderno en el piso veinte de un rascacielos. Me recibió con una amabilidad exquisita. Con su voz baja y su lento hablar de predicador procedió a las presentaciones[…][3]. Con distintas variantes, varios de los asistentes a la reunión coinciden en señalar que se encontraban presentes González Carvalho; Pablo Rojas Paz y su esposa Sara Tornú; Norah Lange y Oliverio Girondo; Alfonsina Storni entre muchos otros escritores o poetas, y desde luego Neruda, el anfitrión y dueño de casa y su esposa María Antonia Hagenaar.
Al grupo se agregaba una actriz chilena que estaba radicada en la casa del poeta, la futura y excepcional narradora María Luisa Bombal. Y abundantes personajes variopintos, candidatos a ser socialmente considerados.
Entre los brindis generosos, Flora Yánez recuerda una figura patética: Yo no volvía de mi decepción, clavado mi pensamiento en una sola figura: esa era Alfonsina Storni […]tenía ante mí a una especie de cocinera de pacotilla, con gestos y vocabulario muy vulgares y cabellos gris-sucios, tirando al blanco. El hada se transformaba en una figura burda, gemela del espantapájaros[…] [4]
La descripción que Flora Yánez hace de Alfonsina, no era alejada de la realidad. La gran poeta argentina, contaba con la amistad y anuencia absoluta de Neruda pese a su manifiesto sentido autodestructivo: en esa ocasión Flora registra los avances indisimulados de la poetisa hacia un atractivo traductor, a quien sin previa advertencia comenzó a besarlo con pasión: a medida que comíamos, la pasión de la Storni por el traductor de Apollinaire, aumentaba. De vez en cuando le gritaba “¡Te besaría el sexo![…] [5]


Desde comienzos de octubre los diarios bonaerenses venían anunciando la llegada a la ciudad de Federico García Lorca, que arriba un 13 de octubre [6], es decir apenas instalado Neruda en su departamento nada de modesto. Como el poeta chileno, se instala en el mismo corazón de la ciudad, en el hotel Castelar ubicado en Av. de Mayo, a unas quince cuadras del edificio Safico. Desde la habitación 704, dormitorio tan reducido que parecía un camarote [7], Lorca puede observar la vida intensa fluyendo a todas horas. El día siguiente a su llegada, Lorca y Neruda se conocen en casa del escritor Pablo Rojas Paz y su esposa Sara Tornú, que acaparaban la atención de la intelectualidad argentina. El encuentro sella un inmediato pacto de afecto, alegría y afinidades. Como en otras ocasiones en esta tertulia estaban Oliverio Girondo y Norah Lange; María Luisa Bombal; Raúl González Tuñón y su esposa Amparo Mom, etc. Un grupo nada de hermético, donde entraban y salían los que quisieran.
Conocidos y repetidos como lugares comunes son los hechos que protagonizan ambos poetas entre octubre de 1933 y la partida de Lorca el 27 de marzo de 1934[8]. El respeto mutuo, el cariño profesado sin reservas, la complicidad.
Hay sin embargo dos situaciones que fueron modificadas, con completa conciencia. La primera, narrada magníficamente por Neruda en sus memorias, tiene como protagonistas a una poetisa alta y vaporosa, de ojos verdes escrutando los del poeta; a Lorca como convidado de piedra en lo que sería o fue un sacrificio a Afrodita, en una torre de una elegante casa, que termina con el poeta español rodando por los escalones al cumplir con su función de celestino, fustrando la aventura erótica cósmica.
Años más tarde la escritora uruguaya Blanca Luz Brum, futura pareja del pintor mexicano Siqueiros y de quien se fabulaba había sido amante de Perón, echó por tierra la fértil recreación poética de Neruda, señalando con detalles cómo ocurrieron los hechos: Neruda y Lorca habían sido invitados para ser homenajeados por Natalio Botana, dueño del diario Crítica y uno de los hombres ricos de Argentina. En la ocasión el poeta chileno se emborrachó hasta no saber con certeza lo ocurrido, salvo del accidente de Lorca por la cojera posterior.
El llamado a rebato acatado por la pasión desbordada del poeta, fue un inicial, concluyente y muy poco poético pellizco nerudiano en las contundentes nalgas de Blanca mientras bajaban a un sótano a conocer un fresco pintado por David Siqueiros y Lino Spilimbergo, donde Blanca Luz emergía como una deidad marina en su esplendente desnudez.
Sin embargo difieren del relato hecho por Neruda detalles fundamentales: la ninfa que erotizaba al poeta chileno por aquel entonces no era rubia, sino de pelo negrísimo armado en una trenza; no existían las centenares de jaulas de coloridos faisanes; y como si fuera poco, no existía torre alguna: todo ocurrió después de la comida, en que el vivo recuerdo del fresco, permitía desnudar a la azorada escritora. En un momento, Neruda, Lorca y Blanca, salen al jardín y ya el ataque fue frontal: Neruda intenta abrazar a la poeta uruguaya, al tiempo que ésta pide ayuda a Lorca, quien intenta separar al ardiente y algo enloquecido poeta chileno. Lorca, a pedido de Blanca, se interpone entre ellos y con mala fortuna tropieza y cae por una escalinata que bajaba hasta la fuente del jardín.
Botana, según el testimonio de Blanca Luz, le dijo después de este incidente: lo que me gusta de estos locos de mierda es la absoluta libertad que tienen. A lo que ella contestó:
- ¿le llamás libertad a la de ese borracho?- refiriéndose a Neruda. [9] Obviamente la transmutación poética de los hechos, quedó para la posteridad como alta expresión lírica de una suerte de venganza cifrada en códices reconocibles solo por los protagonistas y más cercana de la ironía que de la bronca.
Porque si hay algo que jamás existió entre Lorca y Neruda, fue la bronca.
La segunda situación está basada en un testimonio inédito, recogido por la familia de Neruda y un círculo muy estrecho de amigos. En él se da cuenta que la complicidad de ambos poetas no era un mero floreo retórico, avalado por poemas laudatorios de uno y otro.
Pese a que el vate hizo infructuosos intentos porque su relato no fuera asociado a una ciudad en específico, tanto su sobrino de Temuco, Raúl Reyes, como su ahijado Ramiro Inzunza, repitieron con ligeras variantes lo sucedido en un departamento de un edificio, particularmente parecido al Safico.
Cuando Lorca llega a Buenos Aires, habían pasado cuatro años de su visita a Nueva York y aunque su homosexualidad no era un tema para nadie, en su obra se manifestaba a veces de forma oblicua: El cielo tiene playas donde evitar la vida/ y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora. [10]
Pese a que las estructuras de ambos poetas son diferentes, hay ocasiones en que las afinidades son completas como es el caso de la enorme fascinación por Whitman.
Pero el murmurado relato aquél de Neruda, desarrollado mientras tomaba un baño, tenía relación con una inequívoca y recíproca aceptación mutua en la diversidad, más que a cuestiones de predilecciones literarias o estéticas.
Por eso fue que la declaración amorosa de Federico a Pablo, fluyó con toda la serenidad del mundo. Con la misma serenidad Neruda la escuchó, sin juicios, como cuando se escuchan en un bosque las vertientes que se bifurcan.
Planteadas las diferencias, no quedó del incidente ni la más mínima huella, aunque sí un secreto pactado sin palabras.
María Luisa Bombal, con quien escribían en la misma mesa de la enorme cocina del departamento del edificio Safico –cada uno acodado en cada punta- seguramente supo de este fallido intento de seducción. Y por ella, tal vez María Antonia, su esposa, ya en inicial estado de gravidez de Malva Marina, la única hija que llegó a tener el poeta.
El melancólico varón varonil [11]anuncia al mundo que los hospitales se pintarán de azul después del asesinato macabro del poeta andaluz, recordando su risa de arroz huracanado [12].
En el modesto cáliz de greda de la hilaridad y no en el grial ostentoso del menosprecio, el relato se mantuvo vivo saciando la sed de curiosidad de unos pocos. Las circunstancias, el tiempo, la vida, pudieron haber inferido modificaciones, pero en lo esencial Federico y Pablo, seguirán guiñándonos un ojo, desde allá, cuando todo era una fiesta en el Safico.[13]

Notas
[1] Se refiere a María Luisa Bombal, quien es acogida por el matrimonio Reyes- Hagenaar, mientras permanecen. Y María Antonia Hanenaar, primera esposa de Neruda.
[2] En Pablo Neruda, Cartas a Laura. Hugo Montes. Ed. Andrés Bello, 1978.
[3] En Historia de mi vida. María Flora Yánez. Ed. Nascimento 1980, Chile.
[4] Idem anterior
[5] Idem anterior
[6] En Vida pasión y muerte de Federico García Lorca 1898-1936. Ian Gibson. Plaza & Janés Ed., 1998.
[7] En Vida pasión y muerte de Federico García Lorca 1898-1936. Ian Gibson. Plaza & Janés Ed., 1998.
[8] David Schidlowsky en Las furias y las penas:Neruda y su tiempo Wissenschaflitcher Verlag Ed. 2003, señala que el 26/03/1934, se efectúa la despedida de Lorca en casa de Neruda. Y el día siguiente se va de B.Aires. Estos datos Schidlowsky los toma de Federico García Lorca, Vol 2, Ed.Grijalbo,Barcelona 1987.
[9] En Falsas memorias Blanca Luz Brum. Hugo Achúgar. Coedición LOM y Ed. Trilce, 2001. El mismo incidente es documentado por David Schidlowsky en Las furias y las penas:Neruda y su tiempo Wissenschaflitcher Verlag Ed. 2003.
[10] En Poeta en Nueva York, versos de Oda a Walt Witman. Federico García Lorca. O.C.. Aguilar, 1960, Madrid.
[11] En Residencia en la Tierra II. Versos de Oda a Federico García Lorca. Pablo Neruda. Ed. Losada, 1971.
[12] Idem anterior.
[13] El presente artículo es una recreación del testimonio dado al autor por su padre, Raúl Reyes Toledo, sobrino de Neruda, radicado hasta su muerte en Temuco, coincidente con ligeras modificaciones con el de Ramiro Inzunza, ahijado de Neruda, también escuchado en la intimidad de su núcleo familiar. Inzunza fue quien primero recordó los vagos detalles, al autor.

miércoles, 25 de julio de 2007

- LA PRESERVACIÓN DE LA FURIA*

* Lanzamiento del libro Toro, con poemas de Pablo Neruda e ilustraciones de Pablo Picasso (La Rosa Bianca Ed, Stgo., Chile)



Llegada al ruedo y a la parrilla.

Los vastos dominos del uro (bos taurus primigenius), se extendieron por África, Asia y Europa hace unos dos millones de años. Su llegada al Mediterráneo y a la Península Ibérica ocurrió hace unos setecientos mil años: pese a ello, la verdadera adaptación ocurrió recién hace mil años A.C., cuando fuera introducida una subraza domesticada proveniente de el Magreb (norte de África, en la actualidad Marruecos, Túnez y Argelia).
Fue el hombre, el que gracias a la depredación de los bosques y a la caza, terminó por exterminar a esta viva representación mitológica de lo bravío e indomable.
La última uro-vaca, murió de muerte natural, sin dejar descendencia, en 1627, en los apacibles bosques de Jaktorów o Wiskitki, en Polonia, donde fuera respetada su condición aristócratica de bestia en extinción.
Antes de la desaparición total, los uros vivieron protegidos en extensos bosques por las casas reales de Europa donde vivían en estado salvaje, para después darles caza.
El mismo hombre que permitió su extinción, permitió que perviviera un remedo de este noble animal, cuya aproximación genética es el actual toro de lidia.
Perdida la fiereza ancestral, entre las técnicas usadas para exacerbar su irritabilidad, está la de aislar a los toros de las vacas en corrales distintos. En estas toradas, la urgencia sexual es una herida de fuego, y ante la ausencia de un ambiente gregario suelen practicar la sodomía colectiva. Es común ver en los corrales de los criadores españoles, las montas sexuales entre machos: los dominantes o mandones, someten a los toros más débiles. En cada torada al más débil de todos se le llama, sin eufemismos, toro maricón.
Difícil resulta a los chilenos entender estos entresijos de la relación del hombre con una bestia, a la que primero teme, luego le da caza, y luego la domestica. Para nosotros la relación con los toros, tiene que ver casi exclusivamente con parrilladas. El rodeo nuestro es un acto de ostentación de poder ante un animal muerto de susto: la novillada temerosa, feble, sin musculatura ni cornamenta significativa, huyendo de los caballazos dentro de la media luna.
El ganado vacuno que en estos días existe, destinado al consumo de carne, tiene su origen en el uro. Y la reproducción artificial y artificiosa de los toros de lidia –también con propósitos comerciales- plantean la refundación de la pugna ancestral entre la fuerza y la inteligencia.
Ya en el gobierno de Bernardo O’Higgins (1817-1823), las corridas de toros fueron prohibidas en la República de Chile.

En octubre de 1961, salió a la venta la primera edición de Cantos Ceremoniales, hecha por Ed. Losada, Bs. Aires. En ella aparece un poema llamado Toro subdividido en nueve breves segmentos.
Sin embargo, un año antes, el 28 de octubre de 1960, Éditions Aux Vents d’Arles fue la encargada de editar el libro Toros, en pequeña tirada, conteniendo 16 láminas de Pablo Picasso y traducida al francés por Jean Marcenac (500 ejemplares numerados y 20 señalados fuera de comercio).Se habla de otro apartado, que sólo contiene el texto de este poema, sin las ilustraciones de Picasso, y presumiblemente también publicado en París.El amigo Rafael Inglada me ratificó hace un año atrás que este libro apareció en 1960, especificándome que el libro contaba con la litografía original de Picasso "Picador y toro" y que además reproducía 15 aguadas inéditas del artista malagueño. Inglada es considerado el más acucioso investigador de Pablo Picasso. Rafael y autor de la voluminosa obra Picasso a diario (1881-1973). La ciencia del hombre, en proceso de edición y labora en la actualidad en la entidad cultural Casa Natal Pablo Ruiz Picasso de Málaga, parte de la Fundación Picasso.
Gracias a este estimado amigo he podido entender un poco mas de la relación Picasso- Neruda y con sorpresa me he enterado por la prensa de un anuncio de viaje a Chile (“El Mercurio” 15/06/2007), que permitirá ahondar en las circunstancias que rodearon la realización del libro ilustrado de los pablos.
Pero si existe un investigador con tanto afecto como perseverancia para estudiar la obra de Picasso, existe un chileno que realizó una muy acuciosa investigación de Neruda, libro que aún no ha sido editado en Chile, pese a tratarse de una obra prácticamente imprescindible en el estudio nerudiano. Me refiero al amigo David Schidlowsky, autor de Las Furias y las penas, Neruda y su tiempo (Wissenschaftlicher, Verlag , Alemania, 2003).
Entre ambos con seguridad hubieran podido conocerse desde dos ópticas complementarias, hechos documentados, que rodean a la amistad fraterna entre estos dos gigantes del siglo XX.
Quizás si Inglada y Schidlowsky, en este hipótético encuentro, hubieran podido explicarnos que tiene en común ver a un toro en un ruedo o verlo en una parrilla. Es un hecho conocido que Neruda no tenía especial predilección por la tauromaquia.

Reedición de Toros, 2007.

La conducta creativa de Neruda, confunde a editores, exégetas y estudiosos: sus obras suelen estructurarse a partir de recopilaciones sucesivas. Es lo que ocurre con Toros. Primero se publica el libro de un poema fragmentado en nueve segmentos, y luego publica Cantos ceremoniales donde inserta este apartado.
A modo de ejemplo se puede señalar que en Cantos ceremoniales existen al menos cinco apartados (o adelantos en algunos casos): Océana (Ed. La Tertulia, La Habana, 1960); Toros (la edición ya descrita y otra conteniendo solo los textos); La insepulta de Paine (Ed. Losada, B. Aires, 1962); Océana (Ediciones de Arte y Bibliofilia, Madrid, 1971. con litografías de José Caballero; y De Pablo Neruda para Bolívar y Manuela (Caracas, 1978, ejemplares señalados fuera de comercio).
Es fácil encontrar apartados o anticipaciones de la obra de Neruda: basta con hojear pocos minutos las Obras Completas para encontrarnos con muchas de ellas (2 tomos en Ed. Losada 1967, Galaxia Ed., 5 tomos).
Llegar a diez libros, o mas, da cuenta de la enorme incapacidad editorial de la Fundación Pablo Neruda, que no ha realizado iniciativas de alguna significación en el mercado de los libros.
La reedición de Toros es una buena noticia, pero no significa un descubrimiento descollante, que pueda deslumbrar a nadie.
Ha sido Manuel Basoalto quien se ha empeñado en estimular la edición de este libro junto a La Rosa Bianca y Mariano Malachinni. El resto de los créditos de esta publicación facsimilar, son de la imprenta, que siguió las sugerencias técnicas del ejemplar impreso, para que el concepto de facsímil fuera una realidad.
Encontrar un ejemplar original, tampoco es tarea compleja. Tengo conocimiento que en Chile más de una persona tiene uno de aquellos cotizados ejemplares, y en Francia deben existir otros tantos.
La reedición de este libro señala un camino, demarca una etapa, y permite encontrar el sentido del rito de tono litúrgico -según dice el poeta- que puebla todos estos Cantos ceremoniales: la sangre furiosa de uros milenarios o el sacrificio de toros de lidia, hará florecer a la tierra cansada ya de acunar sus muertos. El derrame de la sangre sobre la tierra, entendido como el contacto de la esencia de la vida acunada por la madre continente: la mitología entendida como un arte del presente, del aquí y ahora.

La Rosa Bianca editores.

Con Mariano Malacchini, compartimos por un breve período los días fundacionales de La Rosa Bianca ed. En mi caso, desgraciadamente el proyecto no prosperó, pero sí lo hizo Toros.
El nombre de la editorial nos remite a pactos secretos, como fueron los que rodearon la génesis de la Sociedad de la Rosa Blanca, pequeño grupo de resistencia al régimen nazi, conformado por estudiantes alemanes veinteañeros, quienes basaron sus actos de resistencia en una concepción cristiana y poética. Tras un juicio sumario, fueron decapitados luego que se probara la repartición de panfletos en la Universidad de Munich. En una segunda razia los últimos sobrevivientes corrieron la misma suerte en el verano de 1943.
El hall central de la Universidad de Munich fue rebautizado como Geschwister-Scholl-Platz, en memoria de dos de sus miembros.
Carl Orff declaró a los aliados haber sido uno de los fundadores de la Rosa Blanca, pese a haber dedicado su cantata Carmina Burana a Hitler. En general el legado de la Rosa Blanca, ha dejado huellas en la cinematografía, en la literatura, y en la valoración de la resistencia política pacífica.
El nombre de esta nueva editorial, sugiere una declaración de principios, y la reedición de Toro debiera implicar una tácita concordancia con la obra de grandes revolucionarios y humanistas, que abarca legados que aún están en los anaqueles del olvido.

La herencia de Neruda y sus herederos.

La gran industria del esnobismo otorga un nimbo etéreo de inmarcesible valoración social a quienes les toquen unas cuantas gotas de poética sangre nerudiana. Importa un bledo no haber leído ni un verso del poeta, pero sí que se respete la condición de familiar de Neruda, o familiar político, o herederos políticos, lo mismo da. Baste con resucitar el lugar común llamado Neruda, para que todos los discursos suenen asertivos.
Pero, para precisar, mi tatarabuelo, José Ángel Reyes Hermosilla tuvo junto a Natalia Morales solamente a mi bisabuelo José del Carmen Reyes Morales. Fallecida esta, en segundas nupcias tuvo con Encarnación Parada 13 hijos, todos hermanastros de mi bisabuelo. Mi bisabuelo tuvo, además de Neruda, otros dos hijos: Rodolfo mi abuelo paterno, y Laura mi tía abuela.
Esta pequeña multitud, que muchas veces se siente ignorada por la injusta repartija de fama que rodea a nuestro prócer familiar, aquí termina: en la vaguedad de las estimaciones de los familiares, en el confuso relato de los ancianos.
Rosa Neftalí Basoalto, la madre de Neruda, fallece poco después del nacimiento de su hijo. A no ser que mi bisabuelo hubiera engendrado algún hijo en alguna hermana o prima de su mujer, no se puede hablar de consanguinidad.
En la actualidad la demanda por ser familiar de Neruda, es bastante tentadora, máxime cuando hasta primeras damas de Estados Unidos lo citan con emotivas y llorosas evocaciones (Hilary Clinton y Laura Buch).
Evoco los días de la naúsea: el funeral de Neruda, en tanto manifestación ciudadana, da inicio a los actos de resistencia civil a la dictadura. El poeta muere el 23 de septiembre de 1973, doce días después que Salvador Allende. Mis padres viajaron de Temuco, y acompañaron el cortejo junto a tíos.
Matilde falleció en 1985, y creo no haber faltado ningún año a la cita en que conmemorábamos la muerte de su esposo, mi tío, cada 23 de septiembre, en el Cementerio General: jamás ví a ningún familiar de Neruda cuando había que defender el derecho a ser parte de su familia directa, compartiendo además una concepción humanista y socialista. Siendo justos, muchos temían a la represión o a la pobreza que hubiera significado la declaración pública de ser un familiar de Neruda, que fue lo que nos ocurrió con mi mujer.
De alguna forma estos homenajes son ejemplos iluminados para entender el alma nacional, esto es sacar las castañas con la mano del gato: el currículum imprescindible para acceder al más modesto trabajo, ya en democracia, consistía en exhibir las heridas de guerra públicamente. Nos hemos ya habituado a ver en las esferas del poder a verdaderos rufianes de cuello y corbata, socialistas en el verbo, mas no en las convicciones y los actos, y otras extrañas especies de colección sociológica.
Conocí muchos anónimos herederos, que surgían de las poblaciones marginales, de los cercenados partidos políticos, de las agrupaciones de defensa a los derechos humanos, que lentamente y año tras año, fueron sumándose al rito de conmemorar la muerte de Neruda, convocando a la vida. Ellos me señalaron que las verdaderas herencias no consisten en tener un prócer familiar, con mayor fortuna o fama, sino en sentir que ser parte de la multitud, es un acto que revoluciona al individuo. Muy pocos familiares, y escasos amigos se acercaron a defender el derecho básico de honrar la memoria de los muertos. Que yo sepa, ninguno de los directores de la Fundación Pablo Neruda, jamás estuvo presente para haber ganado el derecho a representar por razones éticas al poeta, ante la ausencia de argumentos intelectuales.
A Neruda infructuosamente se le ha intentado instrumentalizar, haciendo de su legado poético una torpe caricatura, una estampita religiosa vendida por miles al mejor postor. A la sociedad chilena, le importa poco que Neruda hubiera centrado con tanta pasión su capacidad creativa en procesos políticos y sociales que ponen al hombre y a Latinoamérica como protagonista central.
La presencia de una rutilante figura del espectáculo nerudiano, el inefable presidente vitalicio de la Fundación Pablo Neruda, Juan Agustín Figueroa, sirve de inmejorable ejemplo del protagonismo innecesario que rodea un proyecto serio, como es la reedición de Toros.
Ni los detractores más furibundos de la fundación, podrían dejar de desconocer que el protocolo es un mal necesario, y que la presencia de miembros del directorio, deba considerarse.
Agregar a esto contenidos adicionales, es francamente una exageración: la presencia de significación ritual en un lanzamiento es proporcionalmente directa a lo que cada cual pueda aportar o decir en los discursos.
El propio gobierno, en la entrega del Premio Iberoamericano de Poesía, recurre a Juan Agustín Figueroa, como aval de algo intangiblemente incomprensible: él realiza las llamadas telefónicas a los galardonados; el cumple con hacer la simulación de un protagonismo inexistente: el premio lo da el gobierno, lo financia el gobierno, y lo decide un jurado independiente.
El Sr. Figueroa en estas circunstancias debería ser invitado por protocolo, pero su papel debiera estar circunscrito a esa situación. Lo dicho, debido a que por testimonio directo me he informado que muchos de los premiados desconocían que la fundación no tiene ninguna relación con este premio.
No en vano alguien de mi familia le comentó al jurisconsulto, de que día a día su parecido físico con el poeta que representa, iba en aumento. Yo agregaría que de tanto perseguir mapuches, ha mutado en un vivo retrato de Michimalonco, analogía que Neruda hizo con el presidente Pedro Aguirre Cerda, cuando nuestra cancillería le prohibiera la publicación de una revista hecha en México, que en la portada tenía la foto de una mujer mapuche: no somos un país de indios, le dijeron.
Este bautizo y la edición clon, fue auspiciada por el Banco Itaú. La fundación además de la sonrisa obispal, otorgó el beneficio del auspicio nominal y sacramental, mediante el pago de los derechos de autor con algunos ejemplares, práctica común en ediciones de bajo tiraje. Es posible que existan otros apoyos, lo ignoro, ni tampoco me interesa mucho saberlo. Me basta con saber que iniciativas como esta son escasas, teniendo todos los recursos para realizar una gestión cultural de algún peso, hecho que evidentemente es una carencia, y que vengo señalando desde hace años.
Entiendo perfectamente que, en estas circunstancias, quien públicamente ha considerado mediocre la conformación de la fundación, exceptuando a Volodia Teitelboim, no pueda optar a la sonrisa de charol de los cócteles inaugurales.
Pero mi repulsa es sincera: me resulta difícil no reparar que en los discursos oficiales, cuando la fundación debiera entregar efigies con el rostro de Neruda en relieve, le terminen otorgando esfinges a los galardonados, y sin facilitarles un camión. ¿Es que no hay nadie que pueda hacer los discursos de voceros de la fundación sin recurrir a la diarreica retórica hueca, que apela a lugares comunes, y que no tiene compasión ni con la sintaxis ni con la gramática, o el significado de las palabras? ¿No es una vergüenza que quienes representan a Neruda, no sepan hablar y cuando lo hacen terminen con toda la audiencia bostezando?
Tampoco puedo olvidar el bochorno de cierto directorcillo de poca monta, que en un discurso de bienvenida a Ernesto Sábato, señaló su irreprimible emoción de conocer al autor de El Socio (novela del escritor chileno Jenaro Prieto, publicada en 1923), libro que –dijo- acompañó su infancia y juventud.. Sábato, pese a esa mueca dolorosa que le acompaña, tuvo un momento de hilaridad, cuando hizo notar a los participantes de la ceremonia que para efectos escriturales, el no tenía socio (el mismo espécimen y una dama ligada a la fundación, conminaron a un tercero a que escribiese algún artículo para desacreditarme, de acuerdo al testimonio directo dado a mi persona).
Hay casos en que otros portavoces han encontrado razonable e inteligente que la fortuna del poeta se invierta en empresas señaladas en informes del gobierno chileno como facilitadoras de centros de tortura y asesinato durante la dictadura.
Como justificación destacan las obras de beneficio a la cultura, que esas empresas han hecho. Idéntica situación fue la ocurrida con cierto congresista colombiano, recordado con cariño por obras sociales en varias ciudades asoladas por la droga y la pobreza. En Medellín, hablar mal de este difunto congresista, equivale a un atentado a un templo.
Por cierto comprendo también a quienes consideran mis palabras dolosas, destempladas, inconsistentes. Habrá pues que poner en una balanza los hechos y los dichos de cada cual, y en consecuencia juzgar.
Curioso que algunos logren posicionamientos sociales, con apenas un maquillaje cultural barato, careciendo del más común de los sentidos: el sentido común, según Leonardo Da Vinci.

Vitalicios y edecanes en su tinta.

Manuel Basoalto, motu proprio ha escogido el camino de ser el edecán incondicional de Figueroa, cuando describe en su discurso a su querido amigo con alegría, y servilmente le aleja, a quienes como yo, ejercen el soberano ejercicio de la libre expresión señalando la prepotencia y la incapacidad de este señor y sus camaradas de directorio. Jorge Edwadrs, los describe mejor que yo: empresa cultural bastante rasca que no se preocupa de lo literario. Muchos, no solo él, se refieren a Figueroa y compañía, con palabras irreproducibles. Y no se trata de resentidos, hablo de premios nacionales de literatura, mis hermanos mayores, quienes en privado han cuestionado con argumentación coherente y pasión la forma de actuar de la fundación, y su vocación para jamás enmendar rumbos.
Basoalto debiera repetir los juicios iracundos que en privado ha compartido conmigo, en relación al hombre de la representación vitalicia de Neruda, en el planeta tierra: el mismo ciudadano que encarceló a mapuches de la región de Temuco, por un hecho policial, en que terminó aplicando la ley antiterrorista, creada por Pinochet para justificar o encubrir crímenes políticos, que ni la ultraderecha fascista jamás a invocado en ninguna ocasión.
Por estos días obreros de las minas del cobre, en violentos incidentes, han provocado pérdidas de millones de dólares. Ni en estos casos, la justicia chilena ha aplicado la odiosa e inhumana ley antiterrorista. Con uno de estos millones se podrían haber construído quizás más de una decena de casas, semejante a la que presuntamente fue quemada al Sr. Figueroa por mapuches indignados de ser ninguneados por leyes injustas. ¿Qué diría Neruda, qué diría Pablo Neruda, el hermano de mi abuelo Rodolfo? ¿En qué situación queda el poeta y su legado ético y estético que realizó el más grande homenaje a las minorías étnicas de América?
No hay que olvidar que entre los especialistas internacionales citados a declarar al tribunal, que terminó encarcelando a los mapuche, estaba entre otros Raúl Sohr, el que a través de medios de prensa televisivos y escritos, nos demostró que en este caso no existía ninguna forma de interpretar tales actos como terroristas. Este especialista internacional de conflictos bélicos, es respetado no solo en el territorio nacional, sino en muchos países del mundo.
Basoalto, para efectos de la edición de Toros, debe considerársele con justicia que ha ganado el título de alguacilillo, ya que hablar de banderillero o mozo de espadas, sería demasiado. El toreo al alimón de la bestia que muge y se retuerce, en la cuna de la memoria, es cosa de gigantes: Picasso y Neruda, pueblan el imaginario del hombre por venir, con pasiones inconmensurables, y el rescate de sus obras, es un ejercicio imprescindible.
Debe por tanto no perderse el rumbo a consecuencia de las palabras de este ciudadano: simplemente no es sano huir del debate, o hacer una práctica habitual hablar por la espalda. Ni mucho menos lograr notoriedad a costa de unas cuantas friegas de pomada nerudiana, debido a que los escuálidos méritos personales no lo permiten.
Tampoco parece una buena idea, que el gobierno no tenga gobierno sobre sus actos culturales relativos a Neruda. Se puede ser cortés sin quitar lo valiente.
Cada cual pues a lo suyo, y nada más que lo suyo: la furia sublimada en una obra de arte perenne, nada tiene que ver con la innecesaria preservación de la furia.


Bernardo Reyes.
Nota: La imagen de la portada,corresponde a la edición original de 1960. Las dos aguadas son del mismo libro, AVANT LA PIQUE y LES BANDERILLES, respectivamente.

domingo, 15 de julio de 2007

- Inicio

Un blog quizás sea una forma de exorcizar la soledad desde donde se ejerce el oficio de la escritura.
O el registro de un transeúnte vagando por calles que desconoce, en medio de rostros que nunca vuelve a ver.
Algo de todo eso me da vueltas en este inicio.
Aunque como declaración de principios, no está demás señalar que escribo por un movimiento instintivo que busca aferrarse, aunque sea por un breve instante, a una especie de tabla de salvación o redención, antes que el flujo de la vida llegue al océano final.