martes, 25 de diciembre de 2007

CARTA PARA UN HIJO IMAGINARIO

(En memoria de Clemente Warnken Pavlovic, hijo de Cristian y Danitza, fallecido en forma accidental casi a los tres años, el día 24 de diciembre, en Santiago de Chile).
Te escribo esta carta
sentado en la arena de un mar que no existe.

Cuando la leas,
sentirás el oleaje del planeta inventado,
las golondrinas cruzando el ocaso
y las gaviotas sin temor a la furia de las olas.

Un sol hermoso ilumina el sitio en donde habito:
una ventana inexistente
desde donde miro a los transeúntes escondido tras las cortinas.

Desde esa ventana imaginaria
puedo reconocer tu rostro entre miles.

Podría ser el rostro mío perdido que no conozco,
perdido entre otros rostros perdidos
que se encuentran sólo para desaparecer.

Pero, hijo querido, como tú no existes sino en mi imaginación,
y como tan lejano puedo ser desde tu inexistencia,
puedes si lo deseas negar la sangre con que te he soñado.

Al fin apenas éstas son palabras lanzadas a una noche
que empieza a crecer dentro de mí, pero que no existe:
aunque brillen algunas estrellas
como brillan las mínimas luces
sobre una botella lanzada al mar
por un naúfrago cansado ya de su soledad.

(Del libro "Carta para un hijo imaginario y otras desmemorias" Dolmen Ed, ISBN 956-412-6, Bernardo Reyes)

Versión en italiano

lunes, 26 de noviembre de 2007

La hija de Pablo Neruda

Publicado en la Revista de Libros, diario El Mercurio 25/11/2007.

Por Mario Valdovinos.

Bernardo Reyes, sobrino de Pablo Neruda, logra mantenerse a distancia tanto de las verdades oficiales, el canon biográfico nerudiano, que pretenden convertir al poeta en un prócer, como de las verdades relativas de quienes sólo buscan socavarlo.A medio camino entre la celebración y la blasfemia, intenta develar zonas que otros soslayaron o sin más no tocaron. Consigue exponer sin juzgar, reflexionar y especular, suponer y deducir. Asimila también un dato no menor: no hay biografía perfecta y Neruda tuvo una existencia desbordante de episodios, de apologías y rechazos, todo tajante como la época en que vivió.En medio de este tono, tampoco exento de ambigüedad, Reyes propone un par de tesis aventuradas. Una, el Neruda previo a su consulado en Oriente escribió buena parte de los poemas residenciarios en Chile, da incluso una cifra (unos 18 de los 33 en total de Residencia I), y dos, tenía algo más que una relación periférica con la bohemia santiaguina del barrio chino de Bandera y con el alcohol. Luego, tras su viaje al Oriente, en el lustro de soledad extrema que soportó, tampoco le hizo el quite al opio y a otros derivados para soportar el desamor y el desarraigo.En las referencias copiosas a otros biógrafos, Aguirre, Quezada, Teitelboim, Schidlowsky, Olivares, llama la atención que Reyes eluda a Hernán Loyola, tanto su Biografía Literaria (publicada en 2006), como la edición crítica de Residencia en la Tierra (Cátedra, 2000).Por otra parte, señala que el matrimonio del poeta con María Antonia Hagenaar y el posterior nacimiento de Malva Marina, ocupan una zona central en la génesis de varios poemas de Residencia. A continuación sigue las huellas que dejaron ambas en su poesía, en su vida, en su sensibilidad. ¿Hubo por parte del esposo y padre un sistemático olvido, porque le había brotado del corazón la ausencia y había amado otra vez? ¿Lo que le ocurrió con Delia, después con Matilde y al final con Alicia Urrutia?.¿Repudió a su hija por enferma, por deforme, por monstruo? ¿Las ayudó, a ella y a la madre, en su posterior huida, en su sigilosa desaparición, en su fantasmal lejanía, enviándoles remesas de dinero a la Holanda ocupada por los nazis, o las desterró de su órbita?.Reyes no elude el misterio e indaga, interroga, bucea, muestra imágenes de la familia adoptiva de Malva, escudriña en el regreso sin gloria de Maruca a Chile, en 1948.La fascinación de este enigma no se acaba, mientras tanto en el cementerio de Gouda, en Holanda, las raíces de un árbol sujetan una mano de niña.

martes, 20 de noviembre de 2007

Programa radial "Semáforo Cultural" 20/nov./2007

MALVA MARINA, un enigma nerudiano. (Radio U. de Chile 102.5FM)
Por Mario Valdovinos

La publicación, el mes pasado, del libro de Bernardo Reyes sobre Malva Marina, la única hija de Pablo Neruda, trae al presente una etapa aún no develada en la biografía del vate.

Por otro lado, Reyes es uno de los pocos parientes vivos de Neruda y es, además, poeta y ensayista.

El ensayo, fruto de cinco años de investigaciones y de historias que escuchó desde pequeño, abrevia los torrenciales datos de la agitada existencia de Neruda y comienza con alusiones a la vida bohemia de los artistas en los años veinte, en el barrio chino de las calles Bandera y Mapocho de la capital, para continuar planteando una tesis desafiante: la primera esposa de Neruda, la holandesa María Antonia Hagenaar y la hija de ambos, Malva Marina, constituyen un núcleo decisivo en la composición de la obra nerudiana más celebrada: “Residencia en la Tierra”. El modo en que conoció a Maruca, como todos la llamaban, y el nacimiento de su hija enferma de hidrocefalia, están en el centro de la atmósfera lúgubre y funesta de los poemas residenciarios.

Además, Bernardo Reyes añade que también buena parte del clima espiritual que envuelve al libro de las “Residencias”, temple anímico diríamos, usando el lenguaje del análisis literario, proviene del uso de sustancias alucinógenas, como el opio y sus derivados.

Al respecto, el propio Neruda reconoce haber probado, unas tres o cuatro veces, no más, el opio en Birmania (hoy este país, ex colonia británica, se llama Tyanmar). La experiencia dio pie a un episodio alucinante en sus memorias, “Confieso que he vivido”, en el que Neruda relaciona la droga con la explotación de que eran víctimas los nativos por parte de los jabalíes coloniales de Inglaterra.

Lo fumaban no para expandir su conciencia, como lo hacían los poetas malditos en Europa para acceder a otros mundos y abrir de par en par las puertas de la percepción. No y no, simplemente el opio los adormecía y aletargaba para soportar el horror del trabajo esclavo, la brutalidad de las doce o más horas diarias de jornada laboral, pagada con un salario miserable.

Continúa Bernardo Reyes: a la primera esposa de Neruda, con la que al parecer se casa por soledad y desarraigo, porque su amada Albertina Azócar, la musa de los “Veinte Poemas”, lo desdeñó y no se atrevió a viajar al Oriente para encontrarse con él, los biógrafos del poeta, ya numerosos, en general la han tratado con cierto desdén, como una figura muy poco aportadora en la creación nerudiana. Avala esta opinión el hecho de que no existe ni un solo poema dedicado a ella, y cuando el propio poeta la recuerda en su autobiografía lírica, “Memorial de Isla Negra”, publicada en 1964, señala con escepticismo: “Así, pues, me fui a titular de caballero caminante; comí arena, comí sardinas y me casé de cuando en cuando”

Después nació Malva Marina, con una malformación genética y eso ya es otro capítulo de esta fascinante y enigmática historia.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Los últimos secretos de Neruda



Sus amores ocultos y la relación con su hija
Publicado en la Revista del Sábado, diario El Mercurio,
Sábado 17 de noviembre de 2007

Por Marcela Escobar.


Bernardo Reyes, sobrino nieto del poeta, escarba en los recuerdos familiares para escribir su libro El enigma de Malva Marina, en el que describe la relación de Neruda con su hija, nacida con hidrocefalia, y con su primera esposa, María Antonia Hagenaar. De paso, revela la declaración amorosa que le habría hecho Federico García Lorca, y el supuesto romance que sostuvo con las hermanas Loreto y María Luisa Bombal.

La herencia que ha recibido Bernardo Reyes es particular: sobrino nieto del célebre Neftalí Reyes Basoalto, conocido por el mundo como Pablo Neruda, no sólo ha lucido en sus manos uno de los anillos usados en vida por el poeta, sino que guarda en su patrimonio cartas y fotos que constituyen la reserva histórica del clan, ése que creció alrededor de la casa de calle Lautaro, en Temuco, donde se crió Neruda. Y, también, fue testigo de los relatos familiares que repetían las escasas confesiones que el escritor hizo a sus parientes, y que se libraron de la discreción con la que los viejos Reyes guardaban sus secretos.–Hay que entender que para estas personas, nacidas a comienzos del siglo pasado, la forma de relacionarse con los demás, incluida la propia familia, era bien sutil. Lo que debe conservarse como secreto, ahí queda. A mí, en cambio, me parece bien reivindicar a ciertos personajes sin sobredimensionarlos –declara Reyes, explicando así las revelaciones que hace en su libro El enigma de Malva Marina (Ril Editores), en el que aborda el periodo más oscuro del vate: los acontecimientos que rodearon el nacimiento de su única hija, la que murió a los nueve años luego de nacer con hidrocefalia. Los sentimientos del poeta hacia la niña, el supuesto abandono en que la dejó y la ruptura con su primera esposa, María Antonia Hagenaar, han servido para cuestionar la figura del escritor y, a la par, para defenderlo sin distancias.–He visto muchas omisiones destinadas a desarrollar un culto al personaje –plantea Bernardo Reyes–, yo no me hago gran lío al ser familiar de Neruda. Sí asumo que ayuda a acercarse a los antecedentes.Aquellas omisiones describen, en los años previos al nacimiento de Malva, a un hombre perdido en los suburbios santiaguinos, sumergiéndose en el alcohol y, probablemente, también en el consumo de morfina. Un hombre que recibió, sin pudores, la confesión amorosa de otro gran poeta, Federico García Lorca, y que mantuvo bajo discreción total hasta dónde llegó su complicidad con María Luisa Bombal.

NOCHES DE ALCOHOL Y MORFINA
El enigma de Malva Marina es el resultado de una investigación que comenzó formalmente en 2005, pero de la que Bernardo Reyes ya tenía algunas luces, dadas sus obras anteriores referidas a Neruda: su ensayo Retrato de familia y la colección fotográfica Álbum de Temuco. Ahora, su nuevo libro busca despojar a Neruda de los ropajes de mito que se le han colgado.Por eso, afirma: "Se sobredimensiona la relación que tuvo Neruda con María Antonia Hagenaar, su primera mujer. Desde un comienzo, esta relación no fue sólida en lo amoroso".Neruda la conoció en Batavia, Java, mientras ejercía como cónsul. Era hija de holandeses y su familia se había arruinado. Algo mayor que Neruda, mantuvo siempre una mirada triste y distante, acentuada en un comienzo por su nulo dominio del español. Con Neruda se entendían en inglés, pero al tiempo aprendió a hablar nuestro idioma y llegaría a escribirle cartas a Laura, la hermana del poeta, quien las guardó hasta su muerte."Un joven diplomático de 26 años era una buena opción para ella, que no era una persona de fortuna", afirma Reyes. El Neruda que había viajado a Oriente era un hombre despechado, dice su sobrino nieto: su gran amor, Albertina Azócar, no había respondido, finalmente, a su conquista. En Santiago, además, el escritor había dejado la bohemia en que compartía con otros poetas de la generación del 20: Alirio Oyarzún, Alberto Valdivia, Joaquín Cifuentes y Alberto Rojas Jiménez, entre otros, disfrutarían con Neruda noches donde unían alcohol y morfina en grandes cantidades. Todos ellos morirían jóvenes, excepto Neruda. Reyes sostiene que su tío sobrevivió a la juerga gracias a su destinación como diplomático en Oriente. "Era un muchacho desnutrido que en esos años casi se alimentaba de alcohol", asegura. Y no descarta que experimentara con la morfina, tal como lo hizo en Oriente con el opio.

CÓMPLICES EN BUENOS AIRES
Buenos Aires fue la escala siguiente en la carrera diplomática de Neruda, y hasta allá llegó acompañado de Maruca y, curiosamente, también de María Luisa Bombal. Por aquellos días, consigna Bernardo Reyes, el matrimonio ya vivía el desencuentro. Amigos del poeta describieron a la Hagenaar como una "mujer hostil", que nunca tuvo mayor interés por involucrarse con el círculo íntimo del poeta, y que rara vez lo acompañaba a tertulias.En Buenos Aires, sin embargo, Maruca encontró en María Luisa Bombal a una amiga. Allá, también, quedó embarazada. Neruda vivía en la capital argentina en un lujoso departamento ubicado en el edificio SAFICO, uno de los primeros rascacielos que tuvo la capital porteña. En la mesa de la cocina de ese departamento, Neruda y la Bombal se sentaban a escribir, cada uno en un extremo, y allí la escritora habría dado forma a su novela La amortajada. De acuerdo a lo que plantea Reyes, existen similitudes entre el personaje que protagoniza aquel texto y la personalidad de Maruca, a quien María Luisa Bombal conoció profundamente.La Bombal había sido rechazada por su gran amor, Eulogio Sánchez, y Neruda decide invitarla a Buenos Aires para librarla del despecho. La amistad entre ambos era antigua, y había incluido en el pasado visitas de la Bombal a Temuco y un breve romance de Pablo con Loreto, hermana menor de la escritora. Bernardo Reyes abunda sobre el tema en su libro: "Todos supieron de este romance algo fugaz con Loreto, que se cancela ese año de 1933 cuando Neruda parte a Buenos Aires (…) Además de esta amistad con ventaja, circulaba el comentario con más picardía que realidad: el poeta –decían– no fue sólo un amigo que admirara a María Luisa como escritora en ciernes. Ambos se reían con la ocurrencia, sin aclarar ni desmentir lo que parecía ser una broma".–Es sabido que Neruda tiene una secuencia de amantes –enfatiza Reyes–. Y siempre se ha planteado la influencia que tuvo Residencia en la tierra en la obra de María Luisa Bombal.A su juicio, a Neruda se le ha blanqueado la imagen: "Matilde Urrutia me contaba del afecto que él le tenía a la Bombal. De ahí a que haya pasado algo… Volodia lo describía así: 'Si una mujer le daba lado a Neruda, él atacaba de frente'. Creo que eso evita cualquier explicación".Buenos Aires fue también el escenario de una curiosa declaración de amor. El sobrino de Neruda dice que, hasta ahora, no le dio gran importancia al relato que su tío realizara a la familia sobre la relación cercana que mantuvo con Federico García Lorca, poeta español que nunca ocultó su homosexualidad y que, por entonces, coincidía con el chileno en la capital argentina. De acuerdo a lo que contó Neruda, mientras él tomaba un baño de tina en su departamento –con puertas abiertas para sus amigos–, García Lorca entró, acercó un taburete y le habría confesó su admiración en términos más que literarios. "La declaración amorosa de Federico a Pablo fluyó con toda la serenidad del mundo. Con la misma serenidad, Neruda la escuchó, sin juicios", relata Reyes en su libro.Las palabras específicas de esa confesión, sin embargo, se desconocen.–No tuvo más importancia –explica el sobrino–. Neruda lo representó en muchas cosas, cuando le dedica versos. La homosexualidad de García Lorca no fue un problema para él tampoco, como tampoco lo fue la del montón de otros próceres.

EL NACIMIENTO DE MALVA
En este contexto, Neruda y María Antonia viajan a España, en una nueva destinación diplomática para el poeta. Pese a la distancia evidente que existe entre ambos, el escritor está ilusionado con la llegada de su primer hijo, y lo cuenta en cariñosas cartas a sus familiares. Luego del nacimiento de Malva, el 18 de agosto de 1934, envía tarjetas a sus más cercanos que anuncian la noticia. Al poco tiempo, al comprobarse que la niña nace enferma, le escribirá a su amiga Sara Tornú, carta de la que se ha extraído la frase que lo ha condenado al estatus de padre cruel."Mi hija, o lo que yo así denomino, es un ser perfectamente ridículo, una especie de punto y coma, una vampiresa de tres kilos", escribió el poeta. "A Neruda se lo ha descontextualizado", acusa su sobrino Bernardo. Porque no se ha hablado, insiste, de la impotencia que sintió como padre. Por eso, Reyes considera importante consignar el resto del texto: "La chica se moría, no lloraba, no dormía; había que darle con sonda (…) Tú no puedes imaginarte cuánto he sufrido. La chica, me decían los médicos, se muere, y aquella cosa pequeñilla sufría horriblemente (…) Pero, alégrate, Rubia Sara, porque todo va bien, la chica comenzó a mamar (...) se sonríe y avanza gramos cada día…".Por entonces, Neruda ya había conocido a Delia del Carril, con quien iniciaría una relación estando casado todavía con Maruca Hagenaar. A la holandesa la abandona en Madrid y parte a Marsella, en momentos en que la guerra civil española estaba ad portas. Bernardo Reyes asegura que en las cartas que la Hagenaar escribió a la hermana de Pablo, la mujer asumía la separación.Luego de que parte Neruda, Maruca decide irse a La Haya. "Es una decisión tomada por ambos", afirma el sobrino. El poeta se marcha de Francia y sólo regresa a Europa el año 39, a petición del presidente Pedro Aguirre Cerda. Es el momento en que Neruda gestiona la salida de un numeroso grupo de españoles a bordo del Winnipeg.–Se pierde en dos ocasiones, y una de ellas fue para ver a su hija a Holanda –afirma Reyes–. La pregunta del millón es por qué no fue después. Bueno, porque en el año 40 entran los nazis.Lo que ocurrió con Malva después del año 39 está ligado, más que a Neruda y que a Maruca, a los Julsing, una familia holandesa que vivía en Gouda y a quienes la Hagenaar entregó la niña en una suerte de adopción: pagaba porque la cuidaran, ante la inminencia de la muerte por su alicaída salud. Los Julsing cuidaron de Malva desde 1937, por lo que debieron ser testigos de la visita de Neruda en 1939. Pese a que estaban legalmente separados, María Antonia Hagenaar le envía un telegrama al escritor en marzo de 1943, anunciando la muerte de Malva y firmando como su esposa.Neruda no contestó esa carta. No mencionó nunca más a su hija ni a su primera mujer; sólo existen rastros de esas figuras, según consigna Bernardo Reyes, en la obra Residencia en la tierra. Los hechos, más allá de la literatura, están cubiertos por el secreto que Reyes intenta revelar para derribar el mito.–Neruda es una marca, no existe como ser humano –remata–. Contar estas cosas, ¿en qué lo disminuye? Si lo zafas de estos ropajes, te relacionas con el hombre que escribe obras fenomenales, a quien estos ropajes le quedan grandes.

martes, 4 de septiembre de 2007

EL ENIGMA DE MALVA MARINA LA HIJA DE PABLO NERUDA (*)

Por Bernardo Reyes.
(Especial para “El Nuevo día”, San Juan, Puerto Rico. Publicado el 4 de noviembre de 2007)
Malva Marina Trinidad Reyes Hagenaar, hija de María Antonia Hagenaar y Pablo Neruda, nació en Madrid un 18 de agosto de 1934, y fallece en Gouda, Holanda, un 2 de marzo de 1943.
Nueve años sumida en un sueño espeso que le impide hablar, pero no cantar. Lo asegura el escritor Luis Enrique Délano, a la sazón canciller de Gabriela Mistral y de Neruda, en el consulado de Madrid.
Para esta niña -que cantaba las canciones que su madre le enseñaba, mimada por el poeta Miguel Hernández o Federico García Lorca, quien le escribe versos para celebrar su nacimiento- no existe en toda la biografía nerudiana un estudio que aborde el hecho de que su existencia debió tener incidencia en el poeta y su entorno familiar.
Neruda, herido hasta la médula, se refirió a su hija en algunos poemas de atroz expresividad de dolor. Y después, calló para siempre.
La Casa de las Flores del poeta, en Madrid, no fue por tanto solo un lugar de tertulias literarias y políticas, sino un lugar en donde coexistieron además dolores silenciados de su vida privada, en donde su obra crece estimulada por los timbales de la muerte, en la danza siniestra de España en llamas.
Un par de lugares comunes son utilizados para definir o justificar malamente el eventual abandono a la niña, y la muerte precoz como único destino y razón para alguien aquejado de hidrocefalia, mal incurable por aquellos años.
En la búsqueda de antecedentes de esta niña, hace un par de años, fuí a dejar flores en la tumba de Miguel Hernández, en Alicante, para agradecer la ternura dirigida a uno de los míos. Luego seguí sus huellas hasta su Orihuela natal, para tocar su casa, mirar el huerto familiar y el cerro La Muela, que nace casi vertical desde el fondo del huerto. ¿Desde ahí escribiría a su amigo Pablo, invitándolo junto a su hijita, para pasar un tiempo en la isla de Tabarca, con la esperanza poética de que esos aires mediterráneos recuperarían al poeta y su hija de tanto dolor?¿En sus sueños habrá pensado en enseñarle a escuchar a la niña, cómo circula la leche en las ubres de las cabras acercando el oído y riendo con su rostro de patata, como dijera Neruda?

Sombras y más sombras rodean la existencia de Malva Marina y su madre, pese a que ambas, tienen relación cronológica con procesos escriturales de importancia mayor en la literatura en castellano: Residencia en la tierra y España en el corazón.
Referencias vagas, aunque abundantes, y fotografías, cohabitaban con un gran abismo, cuya exploración significaba una suerte de descenso a los infiernos. Entendido este descenso literalmente, y no como figura literaria.
Así al menos creo demostrarlo en este libro que ya se apresta a caminar por sí solo: la historia resultó diferente a la mala caricatura del vate insensible, que abandona a su hija en la Europa bombardeada por el fuego nazi, o la indigerible imagen del poeta al que se le deban tolerar sus errores por una supuesta complicidad con la fastuosidad de su obra poética.
Pese a que nadie podría arrancarme del corazón la imagen del hombre tierno y atento a los niños, que visitaba la casa de mis padres, allá en mi Temuco natal, Neruda es para mí motivo de estudio que no es complaciente con la falta de objetividad.
Pero al sumirme en la historia de Malva, Pablo y María Antonia, resulta claro que indago en la historia que me conforma: la descripción de emociones afectivas, que abundan en mi libro, podrían parecer defensa cerrada, pero nada más lejano a mi persona, contrario como soy a cualquier forma de instrumentalización o endiosamiento.

Aleixandre y otros notables intelectuales, se refirieron a esta niña como un monstruo deforme y terrorífico. Sin embargo las fotos de la niña, descubiertas recién en 2004, nos muestran la imagen de una niña de ojos y risa dulces. Cabe preguntarse si acaso la llegaron a conocer, y si lo hicieron, a qué se debieron estas descripciones tan absurdamente equivocadas. Pero, sobre todo, por qué las omisiones.
Alguien sostuvo que un minusválido con estas características, no representa para su entorno inmediato más que el dolor. La muerte entendida como instancia liberadora de la enorme angustia inicial, y de un proceso vergonzante y piadoso, que justifica omisiones y silencios de diversas estirpes. Pero estos juicios más que constituirse en una defensa, parecen un oblicuo discurso nazista, que extermina las presencias físicas de los deficientes, además de los judíos, gitanos y homosexuales.
Ni Neruda ni nadie, está exento de errores, y el torpe ejercicio de la mitificación a partir por ejemplo de la estrategia stalinista, dada en promover una imagen sin mácula, para cultivar el culto al personaje, me parece una extemporánea forma de abordar el tema.
Los seres tienen una función única e irrepetible, nos dicen las reservas morales de la humanidad. Los peros, sin embargo, terminan por relativizar todo.

En la isla de Tabarca –lo recuerdo como si fuese hoy- honramos la memoria de Hernández y Neruda. Lanzamos rosas al Mediterráneo, y sentimos que en la complicidad de este silencio que nos habla, la muerte fue también un sueño, al que Malva siempre perteneció, porque de sueños somos y en sueños nos hemos de convertir.
Oteamos el aire que nos regala Tabarca: voces indefinibles de otros tiempos, sin impostar, y lenguajes ajenos a lo políticamente correcto brotan entre las olas mansas. Luego quedan los legados, los hechos, los documentos, y una niña que supo leer de los labios de su madre, viejas canciones que otras madres seguramente usaron para apaciguar a sus hambreados hijos camino a la cámara de gases, en esos terribles días en que la guerra y la esperanza eran fantasmas que recorrían Europa.


* El presente artículo, recibe el título del libro de Bernardo Reyes en proceso de edición, el que en apretada síntesis, aborda una de las aristas menos exploradas de Neruda y su hija, Malva Marina, en una etapa histórica de enorme complejidad.

miércoles, 22 de agosto de 2007

RAMIRO INSUNZA FIGUEROA, EL DESCONOCIDO ARQUITECTO DE NERUDA

La Manque,
la casa inconclusa del poeta.

El poeta no alcanzó a terminar la obra que, junto a un par de arquitectos, proyectó en un lugar de Lo Curro. Así, su «nido de cóndores» quedó en el olvido y fue adquirida por un privado. A diferencia de sus otras viviendas, esta vez Neruda compró el sitio desnudo; sólo aquí pudo ser, plenamente, «arquitecto». Hoy permanece la obra gruesa y la privilegiada vista, que lo transforman en uno de los mejores miradores del valle de Santiago.

Texto: Miguel Laborde / Fotografías: Ramiro Insunza


Con la colaboración de un joven arquitecto entonces sin título –Ramiro Insunza, hijo del abogado del poeta–, Neruda pudo proyectar sus fantasías. Necesitó, además, la asistencia de Carlos Martner, quien revisó y firmó los planos en la Dirección de Obras local, para la casa habitación Pablo Neruda, ubicada en Vía Azul N° 4640, Lo Curro, que tenía una superficie de 225 m2.


Ambos arquitectos, sin embargo, afirman que las ideas originales eran del poeta. Para La Manque, Neruda compró el sitio a la familia Gellona en 1956, cuando comenzaban a lotear esos terrenos; por ello, pudo escoger una vista notable, espectacular. Su posición en el Valle de Santiago es única. Al llegar, los españoles se encontraron con que los indígenas habían dividido el río en tres tramos: el actual valle de La Dehesa, del cacique Huara Huara; Vitacura, del curaca incásico de ese nombre, que tenía ahí el centro administrativo de la región, y las tierras del cacique Huelén Huara, en el tramo donde se fundó la ciudad. El sitio de Neruda entrega vistas a los tres sectores; es, tal vez, el mirador más completo del valle. Desde aquí, seguramente, los españoles contemplaron el escenario para escoger el lugar de sus asentamientos. Neruda guardó el sitio muchos años, pero diseñó el proyecto y construyó la obra gruesa en los meses finales de su vida. Pensó la casa para morir y para que fuera luego un museo; se sabía un poeta inmortal y las bodegas, los muros, se calcularon con ese fin conmemorativo. Sería de interés que el municipio o el gobierno la compraran (ahora es de un particular). Era un sueño de Neruda: las vistas son de alto valor turístico parta contemplar el Valle del Mapocho y también la Cordillera de los Andes, todo en una.


La construcción misma fue una epopeya: los materiales escaseaban, eran difíciles de conseguir, al grado que Neruda dio el nombre de «Cuentas y cuentos de Ramiro» al cuaderno donde registraba gastos y avances (era ordenado: «Soy poeta pero no tanto», dijo una vez ante la idea de un negocio absurdo).


En cuanto al proyecto mismo, a su creación, la libertad de Neruda aquí –en La Chascona, Isla Negra, Michoacán y La Sebastiana tuvo que adaptarse a un programa ajeno– permitió que surgiera el arquitecto, un sentido espacial que afloró desde la elección del sitio y la intención que quería imprimirle a la casa: que se sintiera como cuando los cóndores, o manques, inician el vuelo con el aire ascendente de El Portezuelo, ese «instante profundo» en que la cordillera y los valles se poseen y dominan.


Es su homenaje admirativo «al ave más grande del mundo», un símbolo carente de sentido para muchos chilenos pero muy significativo para el poeta, y presente en su obra (incluso, a su casa en la Normandía francesa la bautizó como La Manquel). Ése fue el único encargo que le dio al joven arquitecto, aunque más tarde lo hiciera viajar a Isla Negra muchas veces, para cambiar los planos una y otra vez: una casa donde pudiera sentirse cóndor.


El dormitorio que domina La Dehesa de Huara Huara, en línea directa con el Cerro La Paloma,según exigió (desde la cama volaría a su alta cumbre al morir); la sala que contempla Vitacura, el dominio incásico, para sentir, junto a la chimenea, la lluvia que golpea la cubierta de cristal en el invierno, y el comedor ligeramente curvo y abovedado que entrega como un telescopio la vista del cerro Huelén y toda la ciudad con un millón de luciérnagas nocturnas, sumando en total 250 grados de visión, quedaron truncos en septiembre de 1973, sin que Neruda terminara ni ocupara esta inconclusa obra.


Artículo Publicado en Revista Universitaria Nº84, Julio- septiembre 2004.
(Publicación de la Univ. Católica de Chile)

miércoles, 15 de agosto de 2007

RECADO DE LLUVIA

Malva Marina Trinidad Reyes Hagenaar,
hija de María Antonia Hagenaar y Pablo Neruda, nació en Madrid un 18 de agosto de 1934, y fallece en Gouda, Holanda, un 2 de marzo de 1943.
Este sábado 18 de agosto de 2007, habría cumplido 73 años.
Pero fue un sueño su vida y pretendieron que su muerte careciera de cualquier significación para la biografía de Neruda, pese a estar ligada tan estrechamente al proceso quizás mas complejo de la lírica nerudiana, como es Residencia en la Tierra.
Como escritor y como familiar, reivindico el derecho de cualquier ser humano para ser respetado por el papel que le toque representar por el azar de la divinidad. No comparto que los minusválidos no tengan ninguna función en este mundo, ni que deban ignorarse y hasta exterminarse, de acuerdo al discurso nazi, torpe, obcecado, inhumano. Pese a ello, no son pocos los intelectuales "progresistas" que han visto en este rescate de este ser y de la incidencia sobre la biografía de su padre, un acto intrínsecamente inservible.
El lenguaje de Malva es el silencio, y si no sabemos entender estos códigos, no es problema del idioma, sino de nuestra capacidad para entenderlo.
Malva Marina, la eterna niña, es pues mi tía a la que rescato de su anominato publicando después de años de investigación el libro Por una sonrisa que no crece, el enigma de Malva Marina la hija de Pablo Neruda, cuya primera edición aparecerá el próximo mes de septiembre en Chile, de paso intentando que la edición en holandés sea una realidad mas temprano que tarde.
Un abrazo a la distancia a Gien Klatser-Oedekerk y Antonio Reynaldos, ella holandesa, el chileno radicado en Holanda, investigadores afectuosos que han colaborado para que este proyecto de libro y de sueño sea una realidad. También para Fred Julsing y su familia, que acogieron a este miembro de mi familia con una ternura cuyos ecos aún se escuchan reverberar. También a Neil Leys, quien cuidara a la niña, cuando ella era algo mas que una niña, en aquellos días grises de la Holanda ocupada.
El presente artículo fue difundido el año 2005 con ocasión de la conmemoración realizado en Gouda, Holanda, de la muerte de Malva, que contó con la asistencia de escritores e intelectuales, de España, Chile, Alemania, Inglaterra y Bélgica.

BERNARDO REYES

Estimadas amigas y amigos. Hace ya un año, un correo electrónico de Antonio Reynaldos me comunicó la feliz noticia de la aparición de algunas fotos de Malva Marina en Gouda, finalmente publicadas en una revista.
Poco tiempo antes, desde Alemania, Isabel Liptahy, había publicado, también en una revista chilena un emocionado artículo, una crónica de un viaje hasta la imprecisa zona del asombro y la alegría, al concurrir al descubrimiento, justo casi coincidente con el centenario de Pablo Neruda, de un retazo ignorado de su biografía: la tumba de su única hija.

No conozco la voz de Isabel, pero ví las fotos del homenaje en el cumpleaños de este especie de duendecito que escapó a toda expresión de odio, de guerras, de hambrunas, en una Europa recorrida por un fantasma demente y su guadaña ensangrentada.

De manera que posteriormente al reconocer rostros e imaginarme la voz de Isabel cantando sus canciones junto a su esposo, pude sentir en mi ser una emoción y gratitud muy grande, en la celebración del cumpleaños de esta criatura tan ligada a mi familia.
Seguramente en esta ocasión nuevamente se reencuentren los amigos y amigas venidos de Alemania, España y Chile, para añadir una sonrisa mas al rostro, convocados en forma extraña y tierna, sin que medie otra pretensión que conmemorar una muerte desde la vida, o, como dijo su padre en alguna ocasión, acudir al acto de renacer desde la muerte.

Sentí y siento que en esa ternura expresada por ejemplo en el rostro de ese magnífico español Marcos Ana -el niño que va al frente de batalla con apenas quince años y que conoce todas las expresiones de la crueldad del franquismo- se reflejaba también el triunfo del amor y del afecto:
el hermano mayor en las letras, que se conjura en un pacto con amigos desconocidos, acudiendo hasta un pequeño y modesto cementerio de Holanda, para sumarse al tributo en recuerdo a la hijita de su amigo Pablo Neruda, como cualquier familiar, representa para mí, para algunos, entrar en comunión con los fantasmas, siempre que lo admitan a uno. En ese breve intersticio de los misterios que rodean todas las vidas, hay siempre posibilidad de ver lo que no se ve.

Sin embargo, esta pequeña y oculta tumba, en estricto rigor yo la había conocido por las fotos y el corazón grande de mi querida amiga Gien Klatser, y por respeto a su dedicación y a su infranqueable lealtad, no me había permitido a hacer pública la noticia.

Pero como fuera, el hecho es que no es menor ser convocados física o imaginariamente a saludar a esta criatura dada por desaparecida hacía ya demasiadas décadas. Y honestamente siento que hay algo misterioso que se añade en esta reunión, fuera del obvio hecho de tratarse de la hija de un personaje tan célebre como Neruda.

Permítanme una breve disquisición: estas palabras nacen como el rumor de un agua que misteriosa se desliza desde su despeñadero, por caminos imprecisos, para formar parte de un todo mayor, de un océano sin nombre que contiene las estructura de los cuerpos y los sueños. Un rumor de agua sobre una vieja casa del sur del mundo, desde donde nacen y se nutren mis propias raíces y las de mis antepasados. En ella veo perros y palomas, en ella veo a mi abuela Teresa, a mi abuelo Rodolfo, a mi tía Laura, a mis bisabuelos José del Carmen y Trinidad, y regocijados a mi tío Pablo y a Raúl, mi padre. Entre ellos veo a mis hermanos, y siento como ayer, el aroma de las lilas, el color de las elegantes azucenas, de los geranios. Veo madurar un durazno medio debilucho, y, sobre todo, siento el olor inconfundible de las habitaciones inconclusas y oscuras, construídas quien sabe con qué propósitos.

En este caso, el espejo de agua que se formará en el país de la memoria y que amable acogerá los zorzales en la madrugada del sur del mundo, es movido por el pie de una niña, que canta aunque su eco apenas se escuche por pájaros que vuelan anunciando que la tierra ya ha dado la orden perentoria de florecer.
Me refiero a nuestro Año Nuevo Mapuche, Zugutragum, casi coincidente con la celebración de San Juan, en nuestro calendario occidental, y que los sabios milenarios, nuestros hermanos mapuche, han guardado en lo mas hondo de sus secretos como una joya dispuesta a ser develada a quienes quieran mirarla, oirla, hacerla suya.

Y es por vocación de silencio que declaro e invoco para este día, un recado de lluvia y de ternura para este ser cuya pequeña historia no permitió algún espacio para el rencor, o la esperanza, o la posibilidad de que en su corazón entrara el mal.

Solo así puedo hundirme dientes adentro de tu sonrisa, niña dulce, niña de Holanda, de Madrid y de Temuco, tomando entre mis manos el daguerrotipo guardado con cariño por tantos años, sólo para reconocerte como uno de los míos, de la misma manera como siempre nos acercamos al poeta como un familiar mas. Nunca pudimos aprender a reconocer al hombre de fama inconmensurable.
Llegaba a la casa de mis padres en Temuco, como un familiar mas, y naturalmente el tema de su hija Malva, como varios otros, siempre fue un tema tratado tras las cortinas del murmurar de las tías.

Sin embargo, en algún momento se hace necesario indagar lo que hay tras el hecho consumado de la muerte, y muchos hemos aceptado la invitación de investigar con el propósito de dilucidar a partir de ciertas omisiones biográficas, una interpretación de ciertos acontecimientos, de la vida del autor de una de las obras mayores del idioma español, ligados de manera indisoluble con la historia de Malva Marina. Para permitirnos, desde nuestros particulares puntos de vista y antecedentes, mirar estos los hechos y formarnos los juicios mas diversos que nos permita nuestra capacidad de estudio, u observación.

En ese contexto este año fui favorecido por el Consejo de la Cultura y las Artes, con una beca que me permitirá concretar parte de estas indagaciones que ya, debo confesar, se arrastran algunos años, en donde se confrontarán documentos, hechos dispersos y vagos, pero sobre todo antecedentes guardados sin ninguna otra pretensión mas que el cariño de muchos, que han abierto sus archivos personales, y desde luego de las queridas hemerotecas que guardan como ancianas frescas, historias para aquellos que aún no teníamos rostro cuando sucedieron los hechos.

Extravié un poco el rumbo, casi involuntariamente, ya que lo central, el motivo de estas palabras, es que intento explicar como el misterio de un ser logra convocar a tantos, descartando la consabida fama de su padre.
Retomo entonces la idea, evocando para ello ciertas imágenes que guardo diluídas en mi memoria, allá en el Sur del Mundo, en La Frontera, en la tierra de mi familia Reyes y de mi familia medio mapuche, mi abuela materna y mis tías abuelas, todas centenarias que vivían entre dos culturas: la impuesta por una cultura dominante, y la cultura indígena mapuche.

Se trata esta imagen de una pequeña caravana de niños pueblerinos encabezados por un lugareño, caminando un par de leguas entre los bosques ancestrales, talados posteriormente, desde la casa de mi abuela Rosa Rodríguez Marinao en una localidad cercana al lago Villarrica, hasta la casa de alguien que debió ser pariente nuestro.
Luego de sortear esteros, bosques y precarios cercos hechos de las ramas caídas de los árboles, llegamos hasta una modesta casa antecedida por una olorosa quinta repleta de manzanos en flor.
Nos recibe una señora, quien luego de un tiempo breve para los saludos imprescindibles, saca hasta el exterior a un niño o niña en un carrito de madera. Su piel es cenicienta y sus manos y todo su cuerpo parece dormido, salvo unos ojos grandes que nos miran en silencio.
Todo lo que nos permite nuestra osadía es apenas tocarle alguna de sus manos, o quizás tocar a este ser con una varilla, tomando distancia, como si fuese a morder. No hay mas que eso. Ya saciada nuestra curiosidad infantil, nuevamente esta criatura regresará al lado de la cocina a leña, su lugar habitual que le permite la sobrevivencia.
Después regresamos en silencio. Hay temor, hay asombro, hay una sensación que no se puede definir que raya entre la lástima y la esperanza de que esa criatura por algún motivo, quizás en la primavera próxima, ya se pueda levantar de esa especie de urna móvil.

Luego de esta imagen aparecen mezcladas también las conversaciones del poeta con mis abuelas medio mapuche. La historia fundacional de los territorios de la nación mapuche usurpados en una desigual y genocida batalla, de la que aún perviven contradicciones que no se condicen con nuestra democracia aún un poco coja.
Yo escuchaba como sucedieron algunas situaciones de todo el proceso fundacional de nuestra patria sureña, que segmentaba al territorio nacional, por la existencia de la Nación Mapuche, delimitada por lo poderosos ríos Bio-Bio y Tolten, y que criterios geopolíticos sentían debía adosarse al resto del país.
Todo esto luego de mas de trescientos años de resistencia de nuestros hermanos mapuche al paso de los conquistadores españoles. Y, naturalmente, incluso para el poeta de Canto General, que construyó el mas grande homenaje a los indígenas americanos, constituía una sorpresa, por cuanto el mismo cuando habitó en el sur, sufrió la dicotomía de no saber a qué bando pertenecía, si a los vencidos en la gesta o al de los vencedores. Sabemos por cierto que posterior al proceso de España, esta dicotomía se resuelve y el poeta definitivamente siente que es parte de España tanto como de un pobre pedazo de tierra austral. Y tuvo que ver en esto, justamente el entender de una manera intuitiva algunos aspectos importantes de la cosmovisión mapuche, al recorrer y tocar y hacer suyo toda una geografía que traspasa toda su obra literaria.

De esta manera natural, descondicionada de cualquier elemento de juicio, trasmitida por el poderoso poder de la palabra conversada al calor de una familia, y gracias a la generosidad de algunos hermanos mapuche, he ido aprendiendo algunas cosas mínimas que me permiten entender una mínima porción de esta vasta cultura ancestral.

Traté infructuosamente estos días de buscar una palabra que me nombró una respetada machi, amiga de una tía abuela materna. No la encontré en mi memoria, pero sí me reencontré con la emoción de recordar vívidamente, que en las rucas (viviendas mapuche) era de uso habitual que en una parte de la construcción se conservara el feto de una criatura nacida con algún defecto, que según entendí a veces se trataba de un ser vivo con alguna carencia mental o física, que le impedía ser funcional en el mundo.
Este ser cumplía la función de ser el guardián astral, el protector de la familia, el que impedía que los intrusos pudieran hacer algún mal a los moradores. Y era cuidado con esmero y respeto, sabiendo a ciencia cierta que el mundo de los sueños es parte del mundo real, sin que existieran disociaciones entre ambos mundos.

Vale decir, estos seres que debido a su sueño espeso, pudieran ser motivo de vergüenza o molestia, para los mapuche representaban un lujo, una bendición que les permitía la protección frente al mal.

Pues bien: con respeto a todos los estudiosos que estarán presentes, con respeto a todas las interpretaciones que racionalmente puedan desarrollarse o colegirse a partir de la premisa de ciertos antecedentes, quisiera hablarles con el corazón y no con la mente.
Permítanme que sea la memoria ligada a los sueños y lo difuso de mi propia constitución la que hable, y reciban, les ruego, estas palabras mas bien como la sensación de alguien que despierta de un sueño.

En ese acto de despertar veo a la condición humana sumergida en un mar, anhelando respirar, ver la luz, salir a flote. Y en ese despertar veo que no hay grandes diferencias entre los seres, ni cuanto saben, ni cuanto suman. Ni cuanto temen, ni cuanto anhelan.

Solo respirar y dejar de respirar, como nos señaló mi hermano poeta Jorge Teillier, quien también estará presente en esta hora en que añoramos el mundo de los sueños para poder vislumbrar nada mas que el día común, en que la familia humana despierte de una pesadilla ya demasiado larga.

Ahí quizás si la suerte nos acompaña, y queremos volver la vista hacia lo alto de la construcción humana, veremos que en verdad existen los ángeles, o duendes, los espíritus del bosque de los que tanto nos habló Juvencio Valle, el poeta amigo de infancia de Neruda.

Y el rostro que tendrá, será el rostro dulce de una niña que no pronuncia palabras, y que solo canta, para que nosotros dejemos de sufrir. Quizás si entonces entendamos que el propósito de la estadía fugaz de Malva Marina, sea el de protegernos sin esperar nada. Pero para ello, primero tendremos que aprender a hablar en su idioma.
Ya lo estamos haciendo, ya estamos balbuceando las primeras sílabas del silencio.

Finalmente en nombre de mi familia, quisiera trasmitir todo mi afecto a la familia Julsing, en especial a Fred, quien ha tenido la fraternidad de preservar el legado de la ternura y del recuerdo, a través de fotos y testimonios. Nosotros, estimado Fred, somos dados al abrazo: recibe estas palabras como un abrazo que te da un pariente lejano, me sentiría honrado si lo aceptas.
También a la sra. Neil Leys, quien cuidó a esta criatura que evoca con ternura.

Y por cierto a mi querida amiga Giny Klatser, quien junto a Antonio Reynaldos, e Isabel Lipthay, se han prodigado por mantenerme informado acerca de estos acontecimientos y actos, en los cuales me honra estar presente.
Pese a que puedo olvidar a personas o entidades, no quisiera dejar pasar la oportunidad de expresar mi gratitud al municipio de Gouda, tal vez relacionada con alguna instancia del gobierno de Holanda cuyo nombre desconozco y que permitió la preservación por años de esta pequeña tumba recordando a uno de los nuestros, sin saber de quien se trataba.
Estos gestos de la burocracia holandesa creo ennoblecen, máxime cuando sabemos que muchos de los nuestros encontraron en su territorio un nuevo hogar.

Desde Santiago de Chile, en este invierno que de algun modo nos anuncia el advenimiento de la primavera, del florecer y renacer, reciban todos los presentes un saludo fraternal de este nuevo amigo, el que junto a los ausentes, son parte de un mismo sueño, de una misma sangre, de una misma familia.

Gracias.

Santiago, Chile. Invierno del 2005.

martes, 31 de julio de 2007

TABARCA ES UNA MANZANA DE LUZ





Los chilenos, de una u otra forma, nos definimos como mediterráneos, en el sentido de que estamos cercados por el océano Pacífico como por la cordillera de los Andes. Y hacia el sur y el norte, por grandes extensiones de hielos y arenas que nos unen con el polo sur y el desierto de Atacama.

Por cierto un concepto enteramente diferente al ser mediterráneo español.

Tabarca, por ejemplo, es una manzana de luz que nos atraganta.
Dicen que aquí llegan navíos de sueños a encontrarse con la primavera, como es el caso.


Y quizás sea por eso que todavía nos horrorice tanto la muerte de Miguel Hernández, ciudadano de la luz, ocurrida frente a esta isla, en Alicante, luego de un periplo por 13 cárceles diferentes y a seis años de la muerte de Federico García Lorca.

Hemos recorrido con Marycruz las huellas del poeta por Orihuela: viajamos en un tren que es pariente de los trenes de Temuco.
Tocamos el cerro La Muela, en el fondo del huerto familiar de su casa natal: allá en lo alto puede escucharse a la luz y su lenguaje que nos permite ver la extensa llanura de la condición humana.

Solía venir el poeta a esta isla de Tabarca, seguramente a escuchar como nosotros al oleaje manso del Mediterráneo: aguas luminosas penetrando las cavernas de piratas que de un momento a otro pueden regresar de sus andanzas.

Bernardo Reyes

Apuntes sobre Tabarca.
Abril del 2004, primavera. Alicante, España.

El PEZ COMPACTO DE TU MIRADA

Hundo mi mano
en el océano de tu corazón
para tocar
el pez compacto de tu mirada


Bernardo Reyes
Stgo. 04/09/2004

viernes, 27 de julio de 2007

- CUANDO TODO ERA UNA FIESTA EN EL SAFICO. Neruda y Lorca, Buenos Aires, 1933-1934.*

*El presente artículo fue publicado por primera vez en la revista Nomada Nº 3, febrero 2007, Buenos Aires, con el título de "El Buenos Aires bohemio de Neruda y Lorca". La mencionada publicación es dirigida por el destacado poeta Jorge Boccanera, y pertenece a la Universidad Nacional de San Martín. En una segunda oportunidad fue publicada por la publicación electrónica Notiziario Nº 24 , junio 2007, dependiente de la Universidad de Milán, Italia. En dicha ocasión Giuseppe Bellini añadió una introducción en italiano.
** Este texto es un extracto de un capítulo del libro POR UNA SONRISA QUE NO CRECE. El enigma de Malva Marina, la hija de Pablo Neruda, libro en proceso de edición y que saldrá a circulación en septiembre del presente año (aprox.).

Bernardo Reyes

Ciertamente el cuerpo desnudo que vió el poeta español no era de una belleza cautivante. La figura blancuzca tanteando el agua de la tina con un pie, investida de una alegre obesidad, parecía un querubín de Botero ejecutando un imposible paso de ballet.
En aquel mediodía de Buenos Aires, bañista y observador, copa de whisky en ristre, se acomodaron uno hundiéndose en el agua y el otro en un taburete, para proseguir la charla de la regada noche anterior y reponerse de la leve resaca con exactos dos dedos de licor, mientras María Luisa y María Antonia[1], vitrineaban por calle Corrientes, al tiempo que compraban lo necesario para un eventual almuerzo, si acaso el dueño de casa no determinaba un mejor destino y materializaban el almuerzo en el Signo, mezcla de bar, restaurante y punto de encuentro de escritores y artistas, cercano al departamento.
En el piso veinte el aire marino primaveral arrastraba en su fuerte brisa una transparencia desmesurada: la visión de la enorme ciudad en que se había convertido el antiguo Puerto de Nuestra Señora Santa María de Buen Aire, nombre dado por el Adelantado español Pedro de Mendoza en 1536, y que pasados los siglos todos habían olvidado, era por cierto desafiante en su magnitud y, sobre todo, convocadora de una cautivante fascinación, allá abajo, donde el flujo de los transeúntes no cesaba en momento alguno.
Para 1933, Buenos Aires gozaba de una estabilidad económica privilegiada. Pese a las dificultades de esos años, no paraban de llegar inmigrantes, que de la mudez idiomática inicial, pasaban a la locuacidad animada y los recuerdos de sus países natales pronto ocupaban un lugar en el polvoriento baúl de la memoria.
Buenos Aires, para un lego cualquiera, olía a esencia de alegría fundacional: inmigrantes escapando de la exasperante ansiedad de la miseria, reproduciendo las lejanas arquitecturas de sus ciudades originarias.
El edificio Safico, hoy todavía majestuoso, fue uno de los primeros intentos no fallidos de imitar lo foráneo, alejándose un poco de la elegancia arquitectónica europea, para adoptar la funcionalidad específicamente neoyorkina.
Se emplazó en calle Corrientes 456 y sus cien metros de altura con veinticinco pisos llamaron la atención de los porteños, por ser uno de los primeros rascacielos de la urbe. Se construyó por encargo de una casa de renta denominada Sociedad Anónima Financiera y Comercial (SAFICO) y realizado por el ingeniero civil Walter Moll que concibió la obra como un volumen rectangular de diez pisos, sobre el que se alza desafiante el resto de los pisos en forma piramidal escalonada.
El manifiesto estilo racionalista de su constructor, contrasta con el vestíbulo de entrada y hall, frente a los ascensores, que presenta arreglos Art Decó.
Pese a que fue oficialmente inaugurado en 1934, para 1933 gran parte de los departamentos habitacionales se encontraban ocupados y su arrendamiento implícitamente relacionaba a los ocupantes con estar en posesión de cierto status económico que permitiera acceder a lujo semejante.
Sin embargo el matrimonio ocupante de uno de los departamentos, con evidentes carencias económicas, habían tenido que solicitar un préstamo incluso para poder viajar desde Santiago a Buenos Aires: el nombre de la prestamista, Amalia Alviso, y el del solicitante Ricardo Neftalí Reyes Basoalto, nombrado Cónsul Particular de Elección, adscrito al Consulado General de Chile en Buenos Aires el 10 de julio de 1933, ciudad a la que llega recién el 28 de agosto, luego de una detención en Mendoza, en donde realiza una conferencia y lectura poética.
En carta enviada desde Santiago, por encargo del cónsul Reyes a su padre, don José del Carmen el 25 de agosto de 1933[2], le expresa su pesar por no haber podido viajar a despedirse de la familia a Temuco, al tiempo de señalarle su gran fortuna al haberse encontrado con Amalia, su amiga y ya lejano amor de juventud, la que junto a su esposo deciden realizarle un préstamo de mil pesos, a devolverse cuando ya esté instalado en Buenos Aires.
El cónsul Neftalí Reyes (el seudónimo de Pablo Neruda se legaliza el 8/12/1946, doce años después de su estadía en Buenos Aires) y su esposa María Antonia Hagenaar, es acogido en casa de Sócrates Aguirre Bernal entre fines de agosto y los primeros días de octubre, cuando se traslada al piso 20º del moderno edificio SAFICO. Aguirre además de ser su jefe -Cónsul General de Chile- se convirtió en una especie de ángel tutelar, otorgándole todo tipo de facilidades para que el poeta realizara sus actividades intelectuales.
Una instantánea de aquellos días la encontramos en las memorias de María Flora Yánez, nacida en el seno de una familia aristocrática chilena, hija de Eliodoro Yánez, fundador del diario La Nación y hermana del afamado escritor Juan Emar -llamado por Neruda como el Kafka chileno- uno de los más destacados y olvidados narradores nacionales: martes 3 de octubre (1933). A las siete de la tarde se efectuó el coctel en mi honor que ofrecía Pablo Neruda. Vive en un departamento ultramoderno en el piso veinte de un rascacielos. Me recibió con una amabilidad exquisita. Con su voz baja y su lento hablar de predicador procedió a las presentaciones[…][3]. Con distintas variantes, varios de los asistentes a la reunión coinciden en señalar que se encontraban presentes González Carvalho; Pablo Rojas Paz y su esposa Sara Tornú; Norah Lange y Oliverio Girondo; Alfonsina Storni entre muchos otros escritores o poetas, y desde luego Neruda, el anfitrión y dueño de casa y su esposa María Antonia Hagenaar.
Al grupo se agregaba una actriz chilena que estaba radicada en la casa del poeta, la futura y excepcional narradora María Luisa Bombal. Y abundantes personajes variopintos, candidatos a ser socialmente considerados.
Entre los brindis generosos, Flora Yánez recuerda una figura patética: Yo no volvía de mi decepción, clavado mi pensamiento en una sola figura: esa era Alfonsina Storni […]tenía ante mí a una especie de cocinera de pacotilla, con gestos y vocabulario muy vulgares y cabellos gris-sucios, tirando al blanco. El hada se transformaba en una figura burda, gemela del espantapájaros[…] [4]
La descripción que Flora Yánez hace de Alfonsina, no era alejada de la realidad. La gran poeta argentina, contaba con la amistad y anuencia absoluta de Neruda pese a su manifiesto sentido autodestructivo: en esa ocasión Flora registra los avances indisimulados de la poetisa hacia un atractivo traductor, a quien sin previa advertencia comenzó a besarlo con pasión: a medida que comíamos, la pasión de la Storni por el traductor de Apollinaire, aumentaba. De vez en cuando le gritaba “¡Te besaría el sexo![…] [5]


Desde comienzos de octubre los diarios bonaerenses venían anunciando la llegada a la ciudad de Federico García Lorca, que arriba un 13 de octubre [6], es decir apenas instalado Neruda en su departamento nada de modesto. Como el poeta chileno, se instala en el mismo corazón de la ciudad, en el hotel Castelar ubicado en Av. de Mayo, a unas quince cuadras del edificio Safico. Desde la habitación 704, dormitorio tan reducido que parecía un camarote [7], Lorca puede observar la vida intensa fluyendo a todas horas. El día siguiente a su llegada, Lorca y Neruda se conocen en casa del escritor Pablo Rojas Paz y su esposa Sara Tornú, que acaparaban la atención de la intelectualidad argentina. El encuentro sella un inmediato pacto de afecto, alegría y afinidades. Como en otras ocasiones en esta tertulia estaban Oliverio Girondo y Norah Lange; María Luisa Bombal; Raúl González Tuñón y su esposa Amparo Mom, etc. Un grupo nada de hermético, donde entraban y salían los que quisieran.
Conocidos y repetidos como lugares comunes son los hechos que protagonizan ambos poetas entre octubre de 1933 y la partida de Lorca el 27 de marzo de 1934[8]. El respeto mutuo, el cariño profesado sin reservas, la complicidad.
Hay sin embargo dos situaciones que fueron modificadas, con completa conciencia. La primera, narrada magníficamente por Neruda en sus memorias, tiene como protagonistas a una poetisa alta y vaporosa, de ojos verdes escrutando los del poeta; a Lorca como convidado de piedra en lo que sería o fue un sacrificio a Afrodita, en una torre de una elegante casa, que termina con el poeta español rodando por los escalones al cumplir con su función de celestino, fustrando la aventura erótica cósmica.
Años más tarde la escritora uruguaya Blanca Luz Brum, futura pareja del pintor mexicano Siqueiros y de quien se fabulaba había sido amante de Perón, echó por tierra la fértil recreación poética de Neruda, señalando con detalles cómo ocurrieron los hechos: Neruda y Lorca habían sido invitados para ser homenajeados por Natalio Botana, dueño del diario Crítica y uno de los hombres ricos de Argentina. En la ocasión el poeta chileno se emborrachó hasta no saber con certeza lo ocurrido, salvo del accidente de Lorca por la cojera posterior.
El llamado a rebato acatado por la pasión desbordada del poeta, fue un inicial, concluyente y muy poco poético pellizco nerudiano en las contundentes nalgas de Blanca mientras bajaban a un sótano a conocer un fresco pintado por David Siqueiros y Lino Spilimbergo, donde Blanca Luz emergía como una deidad marina en su esplendente desnudez.
Sin embargo difieren del relato hecho por Neruda detalles fundamentales: la ninfa que erotizaba al poeta chileno por aquel entonces no era rubia, sino de pelo negrísimo armado en una trenza; no existían las centenares de jaulas de coloridos faisanes; y como si fuera poco, no existía torre alguna: todo ocurrió después de la comida, en que el vivo recuerdo del fresco, permitía desnudar a la azorada escritora. En un momento, Neruda, Lorca y Blanca, salen al jardín y ya el ataque fue frontal: Neruda intenta abrazar a la poeta uruguaya, al tiempo que ésta pide ayuda a Lorca, quien intenta separar al ardiente y algo enloquecido poeta chileno. Lorca, a pedido de Blanca, se interpone entre ellos y con mala fortuna tropieza y cae por una escalinata que bajaba hasta la fuente del jardín.
Botana, según el testimonio de Blanca Luz, le dijo después de este incidente: lo que me gusta de estos locos de mierda es la absoluta libertad que tienen. A lo que ella contestó:
- ¿le llamás libertad a la de ese borracho?- refiriéndose a Neruda. [9] Obviamente la transmutación poética de los hechos, quedó para la posteridad como alta expresión lírica de una suerte de venganza cifrada en códices reconocibles solo por los protagonistas y más cercana de la ironía que de la bronca.
Porque si hay algo que jamás existió entre Lorca y Neruda, fue la bronca.
La segunda situación está basada en un testimonio inédito, recogido por la familia de Neruda y un círculo muy estrecho de amigos. En él se da cuenta que la complicidad de ambos poetas no era un mero floreo retórico, avalado por poemas laudatorios de uno y otro.
Pese a que el vate hizo infructuosos intentos porque su relato no fuera asociado a una ciudad en específico, tanto su sobrino de Temuco, Raúl Reyes, como su ahijado Ramiro Inzunza, repitieron con ligeras variantes lo sucedido en un departamento de un edificio, particularmente parecido al Safico.
Cuando Lorca llega a Buenos Aires, habían pasado cuatro años de su visita a Nueva York y aunque su homosexualidad no era un tema para nadie, en su obra se manifestaba a veces de forma oblicua: El cielo tiene playas donde evitar la vida/ y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora. [10]
Pese a que las estructuras de ambos poetas son diferentes, hay ocasiones en que las afinidades son completas como es el caso de la enorme fascinación por Whitman.
Pero el murmurado relato aquél de Neruda, desarrollado mientras tomaba un baño, tenía relación con una inequívoca y recíproca aceptación mutua en la diversidad, más que a cuestiones de predilecciones literarias o estéticas.
Por eso fue que la declaración amorosa de Federico a Pablo, fluyó con toda la serenidad del mundo. Con la misma serenidad Neruda la escuchó, sin juicios, como cuando se escuchan en un bosque las vertientes que se bifurcan.
Planteadas las diferencias, no quedó del incidente ni la más mínima huella, aunque sí un secreto pactado sin palabras.
María Luisa Bombal, con quien escribían en la misma mesa de la enorme cocina del departamento del edificio Safico –cada uno acodado en cada punta- seguramente supo de este fallido intento de seducción. Y por ella, tal vez María Antonia, su esposa, ya en inicial estado de gravidez de Malva Marina, la única hija que llegó a tener el poeta.
El melancólico varón varonil [11]anuncia al mundo que los hospitales se pintarán de azul después del asesinato macabro del poeta andaluz, recordando su risa de arroz huracanado [12].
En el modesto cáliz de greda de la hilaridad y no en el grial ostentoso del menosprecio, el relato se mantuvo vivo saciando la sed de curiosidad de unos pocos. Las circunstancias, el tiempo, la vida, pudieron haber inferido modificaciones, pero en lo esencial Federico y Pablo, seguirán guiñándonos un ojo, desde allá, cuando todo era una fiesta en el Safico.[13]

Notas
[1] Se refiere a María Luisa Bombal, quien es acogida por el matrimonio Reyes- Hagenaar, mientras permanecen. Y María Antonia Hanenaar, primera esposa de Neruda.
[2] En Pablo Neruda, Cartas a Laura. Hugo Montes. Ed. Andrés Bello, 1978.
[3] En Historia de mi vida. María Flora Yánez. Ed. Nascimento 1980, Chile.
[4] Idem anterior
[5] Idem anterior
[6] En Vida pasión y muerte de Federico García Lorca 1898-1936. Ian Gibson. Plaza & Janés Ed., 1998.
[7] En Vida pasión y muerte de Federico García Lorca 1898-1936. Ian Gibson. Plaza & Janés Ed., 1998.
[8] David Schidlowsky en Las furias y las penas:Neruda y su tiempo Wissenschaflitcher Verlag Ed. 2003, señala que el 26/03/1934, se efectúa la despedida de Lorca en casa de Neruda. Y el día siguiente se va de B.Aires. Estos datos Schidlowsky los toma de Federico García Lorca, Vol 2, Ed.Grijalbo,Barcelona 1987.
[9] En Falsas memorias Blanca Luz Brum. Hugo Achúgar. Coedición LOM y Ed. Trilce, 2001. El mismo incidente es documentado por David Schidlowsky en Las furias y las penas:Neruda y su tiempo Wissenschaflitcher Verlag Ed. 2003.
[10] En Poeta en Nueva York, versos de Oda a Walt Witman. Federico García Lorca. O.C.. Aguilar, 1960, Madrid.
[11] En Residencia en la Tierra II. Versos de Oda a Federico García Lorca. Pablo Neruda. Ed. Losada, 1971.
[12] Idem anterior.
[13] El presente artículo es una recreación del testimonio dado al autor por su padre, Raúl Reyes Toledo, sobrino de Neruda, radicado hasta su muerte en Temuco, coincidente con ligeras modificaciones con el de Ramiro Inzunza, ahijado de Neruda, también escuchado en la intimidad de su núcleo familiar. Inzunza fue quien primero recordó los vagos detalles, al autor.

miércoles, 25 de julio de 2007

- LA PRESERVACIÓN DE LA FURIA*

* Lanzamiento del libro Toro, con poemas de Pablo Neruda e ilustraciones de Pablo Picasso (La Rosa Bianca Ed, Stgo., Chile)



Llegada al ruedo y a la parrilla.

Los vastos dominos del uro (bos taurus primigenius), se extendieron por África, Asia y Europa hace unos dos millones de años. Su llegada al Mediterráneo y a la Península Ibérica ocurrió hace unos setecientos mil años: pese a ello, la verdadera adaptación ocurrió recién hace mil años A.C., cuando fuera introducida una subraza domesticada proveniente de el Magreb (norte de África, en la actualidad Marruecos, Túnez y Argelia).
Fue el hombre, el que gracias a la depredación de los bosques y a la caza, terminó por exterminar a esta viva representación mitológica de lo bravío e indomable.
La última uro-vaca, murió de muerte natural, sin dejar descendencia, en 1627, en los apacibles bosques de Jaktorów o Wiskitki, en Polonia, donde fuera respetada su condición aristócratica de bestia en extinción.
Antes de la desaparición total, los uros vivieron protegidos en extensos bosques por las casas reales de Europa donde vivían en estado salvaje, para después darles caza.
El mismo hombre que permitió su extinción, permitió que perviviera un remedo de este noble animal, cuya aproximación genética es el actual toro de lidia.
Perdida la fiereza ancestral, entre las técnicas usadas para exacerbar su irritabilidad, está la de aislar a los toros de las vacas en corrales distintos. En estas toradas, la urgencia sexual es una herida de fuego, y ante la ausencia de un ambiente gregario suelen practicar la sodomía colectiva. Es común ver en los corrales de los criadores españoles, las montas sexuales entre machos: los dominantes o mandones, someten a los toros más débiles. En cada torada al más débil de todos se le llama, sin eufemismos, toro maricón.
Difícil resulta a los chilenos entender estos entresijos de la relación del hombre con una bestia, a la que primero teme, luego le da caza, y luego la domestica. Para nosotros la relación con los toros, tiene que ver casi exclusivamente con parrilladas. El rodeo nuestro es un acto de ostentación de poder ante un animal muerto de susto: la novillada temerosa, feble, sin musculatura ni cornamenta significativa, huyendo de los caballazos dentro de la media luna.
El ganado vacuno que en estos días existe, destinado al consumo de carne, tiene su origen en el uro. Y la reproducción artificial y artificiosa de los toros de lidia –también con propósitos comerciales- plantean la refundación de la pugna ancestral entre la fuerza y la inteligencia.
Ya en el gobierno de Bernardo O’Higgins (1817-1823), las corridas de toros fueron prohibidas en la República de Chile.

En octubre de 1961, salió a la venta la primera edición de Cantos Ceremoniales, hecha por Ed. Losada, Bs. Aires. En ella aparece un poema llamado Toro subdividido en nueve breves segmentos.
Sin embargo, un año antes, el 28 de octubre de 1960, Éditions Aux Vents d’Arles fue la encargada de editar el libro Toros, en pequeña tirada, conteniendo 16 láminas de Pablo Picasso y traducida al francés por Jean Marcenac (500 ejemplares numerados y 20 señalados fuera de comercio).Se habla de otro apartado, que sólo contiene el texto de este poema, sin las ilustraciones de Picasso, y presumiblemente también publicado en París.El amigo Rafael Inglada me ratificó hace un año atrás que este libro apareció en 1960, especificándome que el libro contaba con la litografía original de Picasso "Picador y toro" y que además reproducía 15 aguadas inéditas del artista malagueño. Inglada es considerado el más acucioso investigador de Pablo Picasso. Rafael y autor de la voluminosa obra Picasso a diario (1881-1973). La ciencia del hombre, en proceso de edición y labora en la actualidad en la entidad cultural Casa Natal Pablo Ruiz Picasso de Málaga, parte de la Fundación Picasso.
Gracias a este estimado amigo he podido entender un poco mas de la relación Picasso- Neruda y con sorpresa me he enterado por la prensa de un anuncio de viaje a Chile (“El Mercurio” 15/06/2007), que permitirá ahondar en las circunstancias que rodearon la realización del libro ilustrado de los pablos.
Pero si existe un investigador con tanto afecto como perseverancia para estudiar la obra de Picasso, existe un chileno que realizó una muy acuciosa investigación de Neruda, libro que aún no ha sido editado en Chile, pese a tratarse de una obra prácticamente imprescindible en el estudio nerudiano. Me refiero al amigo David Schidlowsky, autor de Las Furias y las penas, Neruda y su tiempo (Wissenschaftlicher, Verlag , Alemania, 2003).
Entre ambos con seguridad hubieran podido conocerse desde dos ópticas complementarias, hechos documentados, que rodean a la amistad fraterna entre estos dos gigantes del siglo XX.
Quizás si Inglada y Schidlowsky, en este hipótético encuentro, hubieran podido explicarnos que tiene en común ver a un toro en un ruedo o verlo en una parrilla. Es un hecho conocido que Neruda no tenía especial predilección por la tauromaquia.

Reedición de Toros, 2007.

La conducta creativa de Neruda, confunde a editores, exégetas y estudiosos: sus obras suelen estructurarse a partir de recopilaciones sucesivas. Es lo que ocurre con Toros. Primero se publica el libro de un poema fragmentado en nueve segmentos, y luego publica Cantos ceremoniales donde inserta este apartado.
A modo de ejemplo se puede señalar que en Cantos ceremoniales existen al menos cinco apartados (o adelantos en algunos casos): Océana (Ed. La Tertulia, La Habana, 1960); Toros (la edición ya descrita y otra conteniendo solo los textos); La insepulta de Paine (Ed. Losada, B. Aires, 1962); Océana (Ediciones de Arte y Bibliofilia, Madrid, 1971. con litografías de José Caballero; y De Pablo Neruda para Bolívar y Manuela (Caracas, 1978, ejemplares señalados fuera de comercio).
Es fácil encontrar apartados o anticipaciones de la obra de Neruda: basta con hojear pocos minutos las Obras Completas para encontrarnos con muchas de ellas (2 tomos en Ed. Losada 1967, Galaxia Ed., 5 tomos).
Llegar a diez libros, o mas, da cuenta de la enorme incapacidad editorial de la Fundación Pablo Neruda, que no ha realizado iniciativas de alguna significación en el mercado de los libros.
La reedición de Toros es una buena noticia, pero no significa un descubrimiento descollante, que pueda deslumbrar a nadie.
Ha sido Manuel Basoalto quien se ha empeñado en estimular la edición de este libro junto a La Rosa Bianca y Mariano Malachinni. El resto de los créditos de esta publicación facsimilar, son de la imprenta, que siguió las sugerencias técnicas del ejemplar impreso, para que el concepto de facsímil fuera una realidad.
Encontrar un ejemplar original, tampoco es tarea compleja. Tengo conocimiento que en Chile más de una persona tiene uno de aquellos cotizados ejemplares, y en Francia deben existir otros tantos.
La reedición de este libro señala un camino, demarca una etapa, y permite encontrar el sentido del rito de tono litúrgico -según dice el poeta- que puebla todos estos Cantos ceremoniales: la sangre furiosa de uros milenarios o el sacrificio de toros de lidia, hará florecer a la tierra cansada ya de acunar sus muertos. El derrame de la sangre sobre la tierra, entendido como el contacto de la esencia de la vida acunada por la madre continente: la mitología entendida como un arte del presente, del aquí y ahora.

La Rosa Bianca editores.

Con Mariano Malacchini, compartimos por un breve período los días fundacionales de La Rosa Bianca ed. En mi caso, desgraciadamente el proyecto no prosperó, pero sí lo hizo Toros.
El nombre de la editorial nos remite a pactos secretos, como fueron los que rodearon la génesis de la Sociedad de la Rosa Blanca, pequeño grupo de resistencia al régimen nazi, conformado por estudiantes alemanes veinteañeros, quienes basaron sus actos de resistencia en una concepción cristiana y poética. Tras un juicio sumario, fueron decapitados luego que se probara la repartición de panfletos en la Universidad de Munich. En una segunda razia los últimos sobrevivientes corrieron la misma suerte en el verano de 1943.
El hall central de la Universidad de Munich fue rebautizado como Geschwister-Scholl-Platz, en memoria de dos de sus miembros.
Carl Orff declaró a los aliados haber sido uno de los fundadores de la Rosa Blanca, pese a haber dedicado su cantata Carmina Burana a Hitler. En general el legado de la Rosa Blanca, ha dejado huellas en la cinematografía, en la literatura, y en la valoración de la resistencia política pacífica.
El nombre de esta nueva editorial, sugiere una declaración de principios, y la reedición de Toro debiera implicar una tácita concordancia con la obra de grandes revolucionarios y humanistas, que abarca legados que aún están en los anaqueles del olvido.

La herencia de Neruda y sus herederos.

La gran industria del esnobismo otorga un nimbo etéreo de inmarcesible valoración social a quienes les toquen unas cuantas gotas de poética sangre nerudiana. Importa un bledo no haber leído ni un verso del poeta, pero sí que se respete la condición de familiar de Neruda, o familiar político, o herederos políticos, lo mismo da. Baste con resucitar el lugar común llamado Neruda, para que todos los discursos suenen asertivos.
Pero, para precisar, mi tatarabuelo, José Ángel Reyes Hermosilla tuvo junto a Natalia Morales solamente a mi bisabuelo José del Carmen Reyes Morales. Fallecida esta, en segundas nupcias tuvo con Encarnación Parada 13 hijos, todos hermanastros de mi bisabuelo. Mi bisabuelo tuvo, además de Neruda, otros dos hijos: Rodolfo mi abuelo paterno, y Laura mi tía abuela.
Esta pequeña multitud, que muchas veces se siente ignorada por la injusta repartija de fama que rodea a nuestro prócer familiar, aquí termina: en la vaguedad de las estimaciones de los familiares, en el confuso relato de los ancianos.
Rosa Neftalí Basoalto, la madre de Neruda, fallece poco después del nacimiento de su hijo. A no ser que mi bisabuelo hubiera engendrado algún hijo en alguna hermana o prima de su mujer, no se puede hablar de consanguinidad.
En la actualidad la demanda por ser familiar de Neruda, es bastante tentadora, máxime cuando hasta primeras damas de Estados Unidos lo citan con emotivas y llorosas evocaciones (Hilary Clinton y Laura Buch).
Evoco los días de la naúsea: el funeral de Neruda, en tanto manifestación ciudadana, da inicio a los actos de resistencia civil a la dictadura. El poeta muere el 23 de septiembre de 1973, doce días después que Salvador Allende. Mis padres viajaron de Temuco, y acompañaron el cortejo junto a tíos.
Matilde falleció en 1985, y creo no haber faltado ningún año a la cita en que conmemorábamos la muerte de su esposo, mi tío, cada 23 de septiembre, en el Cementerio General: jamás ví a ningún familiar de Neruda cuando había que defender el derecho a ser parte de su familia directa, compartiendo además una concepción humanista y socialista. Siendo justos, muchos temían a la represión o a la pobreza que hubiera significado la declaración pública de ser un familiar de Neruda, que fue lo que nos ocurrió con mi mujer.
De alguna forma estos homenajes son ejemplos iluminados para entender el alma nacional, esto es sacar las castañas con la mano del gato: el currículum imprescindible para acceder al más modesto trabajo, ya en democracia, consistía en exhibir las heridas de guerra públicamente. Nos hemos ya habituado a ver en las esferas del poder a verdaderos rufianes de cuello y corbata, socialistas en el verbo, mas no en las convicciones y los actos, y otras extrañas especies de colección sociológica.
Conocí muchos anónimos herederos, que surgían de las poblaciones marginales, de los cercenados partidos políticos, de las agrupaciones de defensa a los derechos humanos, que lentamente y año tras año, fueron sumándose al rito de conmemorar la muerte de Neruda, convocando a la vida. Ellos me señalaron que las verdaderas herencias no consisten en tener un prócer familiar, con mayor fortuna o fama, sino en sentir que ser parte de la multitud, es un acto que revoluciona al individuo. Muy pocos familiares, y escasos amigos se acercaron a defender el derecho básico de honrar la memoria de los muertos. Que yo sepa, ninguno de los directores de la Fundación Pablo Neruda, jamás estuvo presente para haber ganado el derecho a representar por razones éticas al poeta, ante la ausencia de argumentos intelectuales.
A Neruda infructuosamente se le ha intentado instrumentalizar, haciendo de su legado poético una torpe caricatura, una estampita religiosa vendida por miles al mejor postor. A la sociedad chilena, le importa poco que Neruda hubiera centrado con tanta pasión su capacidad creativa en procesos políticos y sociales que ponen al hombre y a Latinoamérica como protagonista central.
La presencia de una rutilante figura del espectáculo nerudiano, el inefable presidente vitalicio de la Fundación Pablo Neruda, Juan Agustín Figueroa, sirve de inmejorable ejemplo del protagonismo innecesario que rodea un proyecto serio, como es la reedición de Toros.
Ni los detractores más furibundos de la fundación, podrían dejar de desconocer que el protocolo es un mal necesario, y que la presencia de miembros del directorio, deba considerarse.
Agregar a esto contenidos adicionales, es francamente una exageración: la presencia de significación ritual en un lanzamiento es proporcionalmente directa a lo que cada cual pueda aportar o decir en los discursos.
El propio gobierno, en la entrega del Premio Iberoamericano de Poesía, recurre a Juan Agustín Figueroa, como aval de algo intangiblemente incomprensible: él realiza las llamadas telefónicas a los galardonados; el cumple con hacer la simulación de un protagonismo inexistente: el premio lo da el gobierno, lo financia el gobierno, y lo decide un jurado independiente.
El Sr. Figueroa en estas circunstancias debería ser invitado por protocolo, pero su papel debiera estar circunscrito a esa situación. Lo dicho, debido a que por testimonio directo me he informado que muchos de los premiados desconocían que la fundación no tiene ninguna relación con este premio.
No en vano alguien de mi familia le comentó al jurisconsulto, de que día a día su parecido físico con el poeta que representa, iba en aumento. Yo agregaría que de tanto perseguir mapuches, ha mutado en un vivo retrato de Michimalonco, analogía que Neruda hizo con el presidente Pedro Aguirre Cerda, cuando nuestra cancillería le prohibiera la publicación de una revista hecha en México, que en la portada tenía la foto de una mujer mapuche: no somos un país de indios, le dijeron.
Este bautizo y la edición clon, fue auspiciada por el Banco Itaú. La fundación además de la sonrisa obispal, otorgó el beneficio del auspicio nominal y sacramental, mediante el pago de los derechos de autor con algunos ejemplares, práctica común en ediciones de bajo tiraje. Es posible que existan otros apoyos, lo ignoro, ni tampoco me interesa mucho saberlo. Me basta con saber que iniciativas como esta son escasas, teniendo todos los recursos para realizar una gestión cultural de algún peso, hecho que evidentemente es una carencia, y que vengo señalando desde hace años.
Entiendo perfectamente que, en estas circunstancias, quien públicamente ha considerado mediocre la conformación de la fundación, exceptuando a Volodia Teitelboim, no pueda optar a la sonrisa de charol de los cócteles inaugurales.
Pero mi repulsa es sincera: me resulta difícil no reparar que en los discursos oficiales, cuando la fundación debiera entregar efigies con el rostro de Neruda en relieve, le terminen otorgando esfinges a los galardonados, y sin facilitarles un camión. ¿Es que no hay nadie que pueda hacer los discursos de voceros de la fundación sin recurrir a la diarreica retórica hueca, que apela a lugares comunes, y que no tiene compasión ni con la sintaxis ni con la gramática, o el significado de las palabras? ¿No es una vergüenza que quienes representan a Neruda, no sepan hablar y cuando lo hacen terminen con toda la audiencia bostezando?
Tampoco puedo olvidar el bochorno de cierto directorcillo de poca monta, que en un discurso de bienvenida a Ernesto Sábato, señaló su irreprimible emoción de conocer al autor de El Socio (novela del escritor chileno Jenaro Prieto, publicada en 1923), libro que –dijo- acompañó su infancia y juventud.. Sábato, pese a esa mueca dolorosa que le acompaña, tuvo un momento de hilaridad, cuando hizo notar a los participantes de la ceremonia que para efectos escriturales, el no tenía socio (el mismo espécimen y una dama ligada a la fundación, conminaron a un tercero a que escribiese algún artículo para desacreditarme, de acuerdo al testimonio directo dado a mi persona).
Hay casos en que otros portavoces han encontrado razonable e inteligente que la fortuna del poeta se invierta en empresas señaladas en informes del gobierno chileno como facilitadoras de centros de tortura y asesinato durante la dictadura.
Como justificación destacan las obras de beneficio a la cultura, que esas empresas han hecho. Idéntica situación fue la ocurrida con cierto congresista colombiano, recordado con cariño por obras sociales en varias ciudades asoladas por la droga y la pobreza. En Medellín, hablar mal de este difunto congresista, equivale a un atentado a un templo.
Por cierto comprendo también a quienes consideran mis palabras dolosas, destempladas, inconsistentes. Habrá pues que poner en una balanza los hechos y los dichos de cada cual, y en consecuencia juzgar.
Curioso que algunos logren posicionamientos sociales, con apenas un maquillaje cultural barato, careciendo del más común de los sentidos: el sentido común, según Leonardo Da Vinci.

Vitalicios y edecanes en su tinta.

Manuel Basoalto, motu proprio ha escogido el camino de ser el edecán incondicional de Figueroa, cuando describe en su discurso a su querido amigo con alegría, y servilmente le aleja, a quienes como yo, ejercen el soberano ejercicio de la libre expresión señalando la prepotencia y la incapacidad de este señor y sus camaradas de directorio. Jorge Edwadrs, los describe mejor que yo: empresa cultural bastante rasca que no se preocupa de lo literario. Muchos, no solo él, se refieren a Figueroa y compañía, con palabras irreproducibles. Y no se trata de resentidos, hablo de premios nacionales de literatura, mis hermanos mayores, quienes en privado han cuestionado con argumentación coherente y pasión la forma de actuar de la fundación, y su vocación para jamás enmendar rumbos.
Basoalto debiera repetir los juicios iracundos que en privado ha compartido conmigo, en relación al hombre de la representación vitalicia de Neruda, en el planeta tierra: el mismo ciudadano que encarceló a mapuches de la región de Temuco, por un hecho policial, en que terminó aplicando la ley antiterrorista, creada por Pinochet para justificar o encubrir crímenes políticos, que ni la ultraderecha fascista jamás a invocado en ninguna ocasión.
Por estos días obreros de las minas del cobre, en violentos incidentes, han provocado pérdidas de millones de dólares. Ni en estos casos, la justicia chilena ha aplicado la odiosa e inhumana ley antiterrorista. Con uno de estos millones se podrían haber construído quizás más de una decena de casas, semejante a la que presuntamente fue quemada al Sr. Figueroa por mapuches indignados de ser ninguneados por leyes injustas. ¿Qué diría Neruda, qué diría Pablo Neruda, el hermano de mi abuelo Rodolfo? ¿En qué situación queda el poeta y su legado ético y estético que realizó el más grande homenaje a las minorías étnicas de América?
No hay que olvidar que entre los especialistas internacionales citados a declarar al tribunal, que terminó encarcelando a los mapuche, estaba entre otros Raúl Sohr, el que a través de medios de prensa televisivos y escritos, nos demostró que en este caso no existía ninguna forma de interpretar tales actos como terroristas. Este especialista internacional de conflictos bélicos, es respetado no solo en el territorio nacional, sino en muchos países del mundo.
Basoalto, para efectos de la edición de Toros, debe considerársele con justicia que ha ganado el título de alguacilillo, ya que hablar de banderillero o mozo de espadas, sería demasiado. El toreo al alimón de la bestia que muge y se retuerce, en la cuna de la memoria, es cosa de gigantes: Picasso y Neruda, pueblan el imaginario del hombre por venir, con pasiones inconmensurables, y el rescate de sus obras, es un ejercicio imprescindible.
Debe por tanto no perderse el rumbo a consecuencia de las palabras de este ciudadano: simplemente no es sano huir del debate, o hacer una práctica habitual hablar por la espalda. Ni mucho menos lograr notoriedad a costa de unas cuantas friegas de pomada nerudiana, debido a que los escuálidos méritos personales no lo permiten.
Tampoco parece una buena idea, que el gobierno no tenga gobierno sobre sus actos culturales relativos a Neruda. Se puede ser cortés sin quitar lo valiente.
Cada cual pues a lo suyo, y nada más que lo suyo: la furia sublimada en una obra de arte perenne, nada tiene que ver con la innecesaria preservación de la furia.


Bernardo Reyes.
Nota: La imagen de la portada,corresponde a la edición original de 1960. Las dos aguadas son del mismo libro, AVANT LA PIQUE y LES BANDERILLES, respectivamente.