lunes, 26 de junio de 2017

MAREJADAS

Por Bernardo Reyes

Veo las imágenes de nuevas inundaciones. Ahora fue el turno del oleaje enfurecido, cierta conjunción de luna y mareas, dicen, que derechamente se está comiendo la costa.
En Viña del Mar, al parecer, cada vez va quedando menos esperanzas a la existencia de las avenidas costaneras. Creo con el tiempo se transformarán en modestas beira mar, como le dicen los brasileños a sus veredas al lado del mar.
En otros poblados costeros, la desesperanza es total: olas que se llevan muebles y personas, que arrastran autos y lo que encuentren.

Pero hace pocos días fueron unas pocas lluvias que en norte dividieron  a una ciudad en dos, simplemente porque las casas se construyeron en el lecho de un desagüe cordillerano, labrado en la montaña por miles de años y que todos ignoraron.

Recuerdo en estos casos, las miles de casas construidas en el lecho del río Cautín, en la Araucanía. Una salida de madre y la mortandad sería inconmensurable.

Duele ver tanto desamparo y desidia de quienes tienen que proyectar las ciudades y que ceden a la desesperanza de quienes tienen que construir sus precarias viviendas en lugares que se saben traerán en algún momento desgracias. 

Si no es el fuego es el agua. Pero la necesidad de cobijo se entiende, lo que no se entiende es esas personas necesitan hacer sus viviendas en un lugar seguro y que esto se tiene que regular mediante leyes y facilidades del estado que debe tener al hombre como protagonista central y no la economía o el ahorro de unos cuantos millones de pesos.

Pero en este caso de las marejadas ¿Los especialistas no conocerán, me pregunto, los rompeolas que en todo el mundo existen y aminoran el peligro de subidas de oleajes y maremotos?

Es verdad que la naturaleza está cambiando. Tan verdad como que la indiferencia de gobiernos sucesivos que no gastan un puto peso en estudios para proyectar las ciudades y bordes costeros y de ríos de manera que los daños no lleguen a ser tan siniestros.

Por otros motivos por años tuve que soportar con mi mujer y mis dos hijos la inundación de mi casa. Vi destruirse mis libros, mis manuscritos, mi máquina de escribir, al punto que un ensayo en el que trabajaba en ese entonces tuve que terminarlo de escribir en la Biblioteca Municipal de Temuco. 
Muchas veces, a mi hijo menor que ya no nos acompaña, tuve que sacarlo de su cama porque estaba mojada por aguas servidas. Muchas veces vimos cortocircuitos.

En mi caso fueron las marejadas de una chiflada que por estos días casi se orina orándole a su Dios complaciente mas que compasivo, ya que quien no asume sus propias culpas, no puede andar por la vida como que no  hizo nada. 

La naturaleza humana tiene esto de impredecible: puede mordisquearte, despedazar tu cuerpo, atentar contra tu vanidad, o herirte sin mas motivo que la envidia o el sadismo. Y al final uno termina echándole la culpa a la luna, a las mareas, y no a la inexistencia de los diques de contención que nadie construyó, a los rompeolas que podrían limitar la furia de acciones irracionales.

Vendrán otras marejadas aún peores. Muestran en las noticias las armas incautadas a delincuentes, y las armerías cada día prosperan mas y mas. Se sabe, por ejemplo que los narcos viven en Vitacura o Las Condes, pero bajan en taxi, y no en sus autos de lujo, hasta las poblaciones donde se distribuye la droga. Para proteger su mercadería, les llevan armas para sus soldados niños.


Es un negocio legal: las armerías se encuentran a una cuadra de La Moneda. Y cualquiera, mediante trámites bastante fáciles de sortear se compra un arma poderosa. 

sábado, 10 de junio de 2017

EL SENTIDO DE LO IMAGINARIO EN LA OBRA POETICA DE ROLANDO CARDENAS

Presentación del libro:
"EL SENTIDO DE LO IMAGINARIO EN LA OBRA POETICA DE ROLANDO CARDENAS"
Editorial: Ed. Caballo de Mar. 2016
Autor: Aldo Fernandez
Lugar: Espacio Estravagario
Fecha: 8 de junio de 2017

Por Bernardo Reyes

Quisiera partir señalándoles que casi nunca acierto con las fechas y sin embargo hay algunas que resulta imposible olvidar. 
El 23 de marzo, por ejemplo, fecha en que nace Rolando Cárdenas, trae asociado para mí ausencias que aún no terminan de estar ausentes. 
Esos 23 ineludibles días de enero de 1974, cuando nació mi primer hijo. O ese otro 23 fúnebre septiembre con el que se inició la rebelión de los desapercibidos y que hoy nos cobija en su casa.

Ed. Caballo de Mar luisulloavargas@mi.terra.cl
Pero como se dice por estos días, quizás sea necesario declarar además entre mis bienes o mis males, mi dislexia, aunque el cambio de palabras a veces signifique un acierto. Como en el tango “El día que me quieras" por ejemplo: de tu risa leve, debió ser breve. No me parece que existan risas leves. Mucho menos pasiones leves. Solo hay pasiones breves, vidas breves. Al menos es lo que me aconseja mi ineludible vanidad.

Porque para entrar al sur, paredón y después, hay que omitir y acaso no olvidar, las palabras que se quedaron flotando entre el sueño y la niebla después de las botellas rituales. Y uno comienza hablando de los presagios del chucao  para terminar cantando el tango “Uno”. 
¿Pero y donde se fueron esas palabras anteriores? ¿Y como fue que ese olvido de alguna forma nos sedujo? Así Boroa, puede terminar siendo Cherquenco, o Cantalao. Y Lorenzo Rivas, cualquiera de esos rostros que el tiempo se encargó de diluir.

En una mítica película del gran director Eliseo Subiela, un poeta reta a la muerte, representada por una espléndida actriz, que trata de seducirlo en un bar donde espera que un muchacho ya seducido termine su café para llevárselo al reino de Hades, pues sabe que vivo jamás será suyo. Y con unos versos de Oliverio Girondo le dice a la muerte: siempre te gustaron los pendejos,/: muerte al pedo, /muerte implacable, /muerte inexorable,/ misteriosa muerte/.Muerte súbita, muerte accidental,/ muerte en cumplimiento del deber. 
En otra película, nuestro querido Jorge Teillier filmado en la madrugada de Lautaro, en medio de una niebla espesa, repetía “No hay nadie”, como hablando desde un purgatorio o protestando entre los rieles vacíos ocupados por gorriones imaginarios. 
El poeta en su desorientación, que al parecer ni siquiera sabe donde está la cámara, me pareció y me sigue pareciendo que estaba realizando el movimiento justo de su corazón que rearmaba aquello que no existía, o estaba oculto por la niebla y en algún momento renacería. El retorno a lo que quizás ya no existía. O que sí existía.

Pablo, mi hijo me decía que habían dos tiempos en la cinematografía y en la vida: la noche y el día. La noche representaba para él todos los recuerdos o sueños. Y el día, el presente. Eran días en que traté de convencerlo en filmar las imágenes de un faro donde vive sus últimos días un hombre solitario. Una novela que escribí y que quien sabe porqué no quiso leer. Ni yo mismo quisiera releerla por no encontrarme con ese personaje, solitario que yo mismo creé escogiendo las palabras que quisiera olvidar.

¿Habré conocido a Rolando Cárdenas? ¿Allí en la Unión Chica cuando pasaba a saludar a Teillier y sus amigos de la hípica con los que hablaba con sapiencia de boxeo? Es posible, no lo sé. Existieron palabras que volaron, carcajadas, a veces llantos, furia. Y rostros. ¿Qué fue lo que quedó, qué luciérnagas sobrevivieron después de  tantos años? ¿La esperanza, de algo, el brillo de ojos que quizás quisieron decirnos algo, o tal vez si lo dijeron?

Cuenta Aldo en su libro que el poeta Cárdenas perteneció a una célula del PC, que algún “comisario” dio por terminada después de apenas seis meses, al comprobar que los militantes, poetas todos, hablaban de cualquier cosa menos de política. En la brigada, estaba naturalmente el compañero Jorge Teillier.

He vuelto a leer “El fantasma del faro Evangelistas”, y me vuelve a dar vueltas cómo fue que esa soledad, ese olvido, se transformó en mi propia persona en un arquetipo, en un continuo de esperanza, desesperanza y disolución, en medio de una lucha feroz de rocas y de olas, que no fueron mas que una lucha de palabras y silencios.

Hace años que venimos hablando con Aldo de este libro suyo, del que jamás me dio muchos datos ni adelantos. Pero si hablamos del tiempo que se nos iba, de trabajos e iniciativas para sobrevivir. Y en medio de todo ello, el ojo del poeta que estudia sin parar a autores que nadie conoce, o que son olvidados.
Por eso y mucho mas, agradezco que Aldo me permita decir no lo que sé, sino lo que siento por su noble labor silenciosa. Y de paso, por cierto agradecer a la propia obra de Ramón Diaz Eteróvic, que en palabras de Aldo, surgen como puntales insustituibles para ver toda la obra completa de Rolando Cárdenas.
Para terminar quisiera recordar un abrazo triple con Aldo y Jorge Teillier. Era de noche en Santiago, afuera de "La Unión Chica". El abrigo del poeta disimulaba su flacura. 
No entendimos qué quiso decirnos antes de subirse al taxi. Parece que fue semanas o días antes de su muerte. 
O bien ya estaba muerto pero quiso disimularlo porque seguramente sabía de nuestra gratitud y no querría apenarnos.
A este mundo imaginario o no, pertenece el poeta Rolando Cárdenas que hoy volvemos a recordar gracias al querido amigo poeta Aldo Fernández.



domingo, 5 de marzo de 2017

OBLIVION


Finalmente todo será olvido, hasta el propio olvido. 
Hasta la sombra de lo que fuimos.

Y sin embargo antes de que el tiempo y el espacio se curven inexplicablemente en la esquina de la calle imaginaria, sobrevendrá la nostalgia sin pasado: el extravío, los parajes que se inauguran y se deshacen.


Solo hablará la analfabeta soledad con señas desde su mudez.

QUISIERA EL SOÑADOR PERPETUAR EL SUEÑO

Persigue el soñador una muchacha, o al revés. El asunto es el encuentro y la despedida, la distancia. Se vuelven fugaces los instantes. Quisiera el soñador perpetuar su sueño.
Pero la soñada, quizás sin saber que está siendo parte un sueño, participa en el juego, ignorando y dejándose arrastrar por frescas ilusiones: amores no imaginados, parajes, canto de pájaros raros. Un mundo extraño, confuso y excitante.

Que uno no sabe de donde es y ni siquiera para donde va, es sin dudas la única realidad.
Es breve el espacio entre los silencios del comienzo y el fin.
Como si uno despertara solo para volver a dormir.

El ser es una isla rodeada de caimanes, cuando no de caníbales afiebrados de hambre.
El alma pendenciera se rebela y el instinto prende una luz tenue, lejos de los lugares comunes. Como decir, un taxi imaginario, un bosque que no existe, soñado por alguien.

Para donde uno va, el destino, como le dicen, engaña
Nadie ha regresado del futuro.
Solo hay luces (y sombras) en las que de vez en cuando emana una especie de niebla que abraza toda la realidad.