jueves, 11 de enero de 2018

¡NO ACUSEN A SOTO, HIJOS DE PARRA!

Si en un momento la palabra solidaridad, emergió entre las cenizas de un país con su alma y cuerpo heridos por la desmesura de la violencia militar, propiciada por el poder de la avaricia, estos días, estos últimos tiempos, la palabra que está de moda y que se llevaría el máximo galardón sería IMPUNIDAD.
Han surgido como callampas venenosas quienes quedan impunes, en todos los lugares imaginables: las colusiones del papel confort y su ridícula compensación; las clases de ética de los ejecutivos de las farmacias; el perdonazo a empresas de Impuestos internos, que han permitido que los mas ricos lo sean aún mas. Etc.
Ahora surge el nombre de César Soto, mi amigo entrañable, el bibliófilo mas importante del país.
Se le acusa de robo, y conozco hace rato que esta situación especulativa tiene los mas increíbles autores.
Como ya el asunto es público y está judicializado, no se puede hablar todo. Pero aquí estoy de pié abrazando a mi amigo, agradeciéndole compartir a ratos su biblioteca con incunables. Por haber traído al país los mas increíbles manuscritos.
Soto es un sabio en estas materias, y ofender su dignidad por parvularias e infundadas acusaciones hiere también el corazón de quienes sentimos de cerca la generosidad y sabiduría de este poeta bibliófilo. Espero esta vez la justicia aplique justicia, y que esta legión de nuevos oportunistas queden al descubierto. Por todo ello reproduzco con autorización el texto del poeta Miguel Lahsen.
Bernardo Reyes

Texto
Miguel Lahsen



No acusen a don César Soto.
No acusen al bibliófilo que, en su intrepidez,
rescata los libros que a los siglos se les pierden
e, invirtiendo la entropía del universo, los condensa en bibliotecas en las que
los tiempos de Bernardo Morliacense y Juan de Patmos se intersectan en el espacio del anaquel y
el nombre de la rosa (stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemos)
es verbo hecho carne (kai o LogoV sarx egeneto kai eskhnwsen en hmin)
como cientos de nombres adoptan materia en el Serguéi Krikaliov de César Soto y
“los quantum de lux en los ojos de Hildegard von Bingen” o
“el multiverso de holografías fractales
de Juan de Dios Martínez Holger”.
No acusen a don César Soto, ni a ningún bibliófilo pronto a extinguirse:
déjenlos proteger la luz que al Creador se le escurre.


No acusen a don César Soto, pequeños ladrones.
Los manuscritos primigenios del antipoeta centenario se han extraviado
y la sensación mediática habla de un hurto.
Pero ¿pueden los hijos robar los libros de sus padres?
La ley no lo contempla, así que más verosímil resulta la injuria a
un viejo anticuario de la ajena literatura –y ¿qué letras no son ajenas?–,
y quien es además un poeta sesudo, de los que amenazan a la sociedad.
No acusen a don César Soto, falsos vanidosos herederos:
no le carguen a un apólogo de la escultural sinceridad
los saqueos regularizados con que ustedes, descendientes de Nicanor Parra,
han burlado al monarca que medio siglo atrás forjara un imperio versado
asaltando la tribu de Ezra Pound y remedando el humor de T. S. Eliot.
No acusen al rescatador de libros, ah codiciosos que intentan llenarse el bolsillo
vaciando las riquezas que los bibliófilos desempolvan.
No lo acusen, porque en el futuro nadie sabrá de
generaciones entregándose a la noble labor de ser
arqueólogos de códices y legajos ancestrales,
desenterrando los huesos prehistóricos en los cuales
resiste el eslabón perdido de la memoria.


No acusen a don César Soto, ustedes que abisman el fulgor en la sombra.
La vanidad nunca podrá atrapar lo que los vientos han soplado;
y los manuscritos extraviados de Nicanor Parra, para gloria de lo humano,
ya han sido salvados de la ambición de sus vástagos.
Todas las cosas deben salir a la luz, todas:
incluso los símbolos universales trazados en las servilletas que
la hija de Juan Luis Martínez me ha confiado para el porvenir.
No acusen a don César Soto, el único amigo a quien Martínez le reveló:
“Los poetas, por muchos libros que escriban, no escriben más que uno”.
No lo incriminen por resguardar los textos que los herederos de los poetas malversan.
Y que todas las cosas emerjan a la luz, que ninguna se pierda en la sombra.
Ezra Pound, desde una jaula de dos por dos en Pisa,
empezó a trazar su “Canto 74” en la pobre extensión de un rollo de papel higiénico:
“The enormous tragedy of the dream in the peasant’s bent shoulders”.
El resto de los Cantos pisanos luego le valdrían el Bollingen.
Y Pound recordó a Odiseo, y accedió a ser Nadie y, así,
relegó su yo en función de la poesía:
“‘I am noman, my name is noman’”.
Entonces resucitó del cementerio mitológico de la Australia aborigen a
Wanjina, el dios que creó el mundo de las cosas
nombrándolas (“thereby created the named”)
pero habló tanto que hizo mucho caos (“thereby making clutter”)
y, para que no creara más, hubo que borrar su boca (“and so his mouth was removed”).
Pound lo llamó el “Ouan Jin”, en chino el “erudito educado”.
Pero Pound, desde su celda, con aire de maestro taoísta,
llenando de palabras su sucio rollo, mantuvo la cordura:
“in principio verbum
paraclete or the verbum perfectum: sinceritas
from the death cells in sigh of Mt. Taishan @ Pisa”.
Y la precisión de su escritura no admitía vanidad, así que
ciertos nombres medievales de autores que hilvanaron los tejidos de la Antigüedad
tapizaron de sabiduría las anotaciones del encarcelado:
“in the light of light is the virtù
‘sunt lumina’ said Erigena Scotus”.
Toda esa luz fue rescatada sobre papel higiénico.
Y el antipoeta Nicanor Parra ha descreado los mitos del verbo, pero aun así
don César Soto mantendrá sus garabatos, consagrado a la conjunción de
los cuerpos ignotos que flotan en el cosmos de la poesía y
todas las cosas que siguen sin brotar al Sol:
“Light tensile inmaculata
the sun’s cord unspotted
‘sunt lumina’ said the Oirishman to King Carolus,
‘OMNIA,
all things that are are lights’”.
Kung-tse trazó su saber en hojas de bo, y Meng-tse, su discípulo más populista,
formó con eso un libro que hoy, tras dos mil años,
los gobiernos de China continúan releyendo.
Parra ha escrito en un soporte profano:
en las hojas de parra de olvidados cuadernos que
los vientos ya han soplado hasta la Torre de Babel de don César Soto.


No acusen a don César Soto, parásitos del antipoeta.
¿Osarían ustedes entregarse a la ardua tarea de pronunciar
la Palabra inicial del Poema que nos convoca a existir?
Y ¿Quién trama el Libro de Stéphane Mallarmé?
Sólo los bibliófilos han sido capacitados por los espíritus para concernir
esa pregunta ineludible, esa sospecha definitiva.
No acusen a don César Soto, nómada de distancias literarias que
cuando los hijos de Nicanor Parra en Chile hacían dinero con las letras de su padre
se hallaba en Italia en diálogo con Umberto Eco,
renombrando otras rosas, o acaso descifrando
los arquetipos originales de las cosas que han perdido sus nombres.
Pero todo manuscrito extraviado a través de los siglos y los países
ya es entelequia: ha abandonado la autoría de su creador,
como un Adán que se autoexilia del Edén, para acomodarse por sí solo
a la Biblioteca de Babel borgesiana en que los protectores bibliófilos
defienden la voluntad de ser de las obras sin imprenta ni esperanza.
El verbo volverá a devenir carne.
Albert Einstein advirtió que el Dios de Baruch Spinoza no juega a los dados con el universo;
pero, aunque Dios según Stephen Hawking sí nos jugara esa broma y
a veces lanzara los dados adonde nadie pudiera verlos,
Soto los hallaría y los pondría en el tablero para conjugar
la cifra que fundó la perfección matemática de lo dicho y lo hecho.
El verbo volverá a devenir carne, y ésta no se hará polvo.
El texto hecho libro, de lumínicos renglones, escindirá las tinieblas:
ningún hilo suelto volará en el aire y, oh Mister Marshall Berman, oh Herr Karl Marx,
hasta las pelusas serán tejidas a la solidez de su destino.
Es que todas las cosas deben salir a la luz.
Steven Weinberg se sirvió de la ciencia para afirmar que Dios era irreal;
Abdus Salam apeló a la misma evidencia para confirmar lo contrario;
pero el Nobel de Física los honró a ambos.
Y a cualquiera que desempolve aunque sea una chispa de luz
se le encomendará la salvaguarda de lo cognoscible:
la sabiduría inherente al Poema y al Libro inefables, en los que,
desde algún secreto anaquel de la inmemorial Biblioteca,
reservados para ojos agrietados de inagotables inventarios,
los fragmentos del todo se compaginan y
se constelan en una sola sustancia universal.


¡No acusen a Soto, hijos de Parra!
No lo culpen por poseer las riquezas de un Simbad el Marino libresco:
la carta con que la Academia Sueca le avisó a Neftalí Reyes del Nobel de Literatura,
con la glosa del poeta aclarando su identidad, “Pablo Neruda”;
o un cuaderno temprano de Lucila Godoy anterior a asumir el nombre de
“Gabriela Mistral”, el primero de los nobeles literarios de Chile.
¡No acusen a Soto, hijos de Parra!
Cuando en Argentina el viejo Ludwig Lehmann le confió al joven César Soto
una primera edición del Quijote, Dios ya urdía la trama:
le adjudicaba al recién nacido bibliófilo el derecho a portear
los tesoros ocultos de los mares líricos hasta alcanzar los confines y,
conquistada la experiencia, regresar a trocarle a Lehmann
un original de Martín del Barco Centenera por uno de Neruda al que, durante décadas,
el intrépido ha sumado el resto de la infinitud de la poesía de Chile.
¡No acusen a Soto, hijos de Parra, no lo acusen!
Porque ¿qué saben ustedes del ético trueque de libros con Umberto Eco?;
y ¿de la audacia de comprar un antiguo Sidereus nuncius de Galileo Galilei?
¡No acusen a Soto, hijos de Parra, no lo acusen!
Ustedes han sacudido más pelusas de sus ombligos que de las páginas de
Norte de la navegación de Antonio de Gaztañeta e Iturribalzaga y
Carta de un americano al español de Servando Teresa de Mier.
¡No acusen a Soto, hijos de Parra, no lo acusen!
Ninguno de ustedes ha recorrido las latitudes transando lo incunable.
¡No acusen a Soto, hijos de Parra!
Respeten la travesía del Simbad el Marino de Nicanor Parra que César Soto recuperó
del naufragio mercantil al que ustedes, en su codicia, lo arrojaron:
ese poemario sin porvenir surcó las aguas desde la prehistoria antipoética
hasta la Biblioteca de Babel borgesiana de César Soto, quien
al ofrecerle al antipoeta devolverle el manuscrito
recibió en respuesta la sincera, resignada expresión de un
“Quédatelo, en tu hogar está más a salvo que en el mío”.
¡No acusen a Soto, hijos de Parra!
No lo envidien por proteger los escritos de los que Parra
en algún poemario dedicado “A mi amigo César Soto” le confesaba
“Estas hojas, que deberían ser quemadas”.
¡No acusen a Soto, no lo acusen!
Ustedes, hijos de Parra y reflujo del siglo de Kafka,
pero unos hamletianos egolátricos del imperio paterno,
¿pretenden incendiar en avaricia toda la obra parriana?
¡No acusen a Soto, hijos de Parra!
Que no se juzgue a los meticulosos bibliófilos, astrónomos frutrados que,
mapeando en el cosmos terrenal el fuego universal,
sacrifican su mirada en minúsculas letras y
descubren en los libros las estrellas que el Demiurgo olvidó enroscar en
los enigmáticos escondrijos del imperturbable espaciotiempo.
¡No acusen a Soto, hijos de Parra!
No lo condenen por intentar impedir que la luz se extinga.
No acusen a don César Soto.
No lo acusen, porque, aunque ya ningún Salvator Mundi de Leonardo da Vinci
se instalará en los anaqueles de don César Soto, él,
a la manera de un “Salvator Libri”, de un maestro cósmico de la esfera verbal,
persistirá sin embargo en desestimar los oscuros dólares y

fijar en el horizonte las reliquias del Logos.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

FAKE NEWS. NERUDA EN LA ERA DE LA POST VERDAD

Por Bernardo Reyes

De un tiempo a esta parte la manipulación informativa, ha ido derivando hacia la post verdad de la noticia inventada.
La dinámica es simple, semejante al blanqueo del dinero en el sistema bancario: una vez inventado el fake, se replica y masifica en otros medios informativos hasta mutar en verdad.
Si la noticia aparece en un medio de prestigio, mayor será la verosimilitud.
Se pudiera decir que es un estadio superior de la mentira. Una narcótica ideación útil para representar nuestros odios y fobias, por tanto funcional al dominio de la opinión pública.

Pero es el magnicidio del poeta el mas exitoso resultado de tramas comunicacionales recientes que han generado innumerables notas periodísticas y documentales nacionales e internacionales.

El último de ellos, realizado con una desvergonzada descontextualización y parcialidad por Chilevisión. Además, con una mediocre capacidad analítica, que denota una notable falta de investigación: mostrar mediante flashes casi superpuestos un tema y otro, quizás sirva para vender ropa de temporada, pero las vestimentas del género documental son otras. Debiesen saberlo los realizadores.

Salvo integrar las opiniones de científicos, nada nuevo es lo que dicho documental ha exhibido, y quienes hemos aportado con perspectivas diferentes, simplemente mediante frases sacadas de contexto, pasamos directamente a formar parte del staff de idiotas, cuando no de tozudos insensibles tratando de defender lo indefendible.
Pero qué hacerle, ya estamos filmados y es tarde para arrepentirse, aunque no para denunciar o enunciar algunas cuestiones que fueron obviadas:

1.- El certificado de defunción, que señala caquexia cancerosa como causa de muerte es evidentemente contradictorio al aspecto inflado del cuerpo. No obstante, este error voluntario o involuntario, no necesariamente concurre a ser funcional con un acto homicida. Lo dicen por ejemplo exámenes anteriores donde se determinó un cáncer metastizado en el sistema óseo y otras áreas. Pudo tratarse de un error, ligereza, ineptitud, lo que fuera.
Por otro lado hay versiones de enfermeras que al inyectar el cuerpo observaron un reflujo por la jeringa -propio de un cuerpo edematoso- y sus declaraciones aparecen en el expediente. El cuerpo del hermano mayor del poeta, presentó idénticas condiciones y precisamente por esta razón presenté estas fotos de Evandro Teixeira al ministro Carroza, antes que ninguno de los querellantes tuviera noticias de ellas.  Por tanto suponer que un error pueda significar necesariamente el ocultamiento de un acto homicida, es de una ligereza notable.

2.- Tres son las pericias realizadas a las osamentas del poeta: la primera de ellas solicitada por el ministro Mario Carroza, y la segunda y tercera, por los querellantes. Ya en la segunda se hablaba con entusiasmo y aparentes certezas, de que era la bacteria sthaphylococcus aureus la que habría sido inoculada para producir el homicidio del poeta, sin mencionar que dicha bacteria se encuentra en todos lados. 
En la tercera los querellantes se han apartado del estafilococo dorado, y siguen las pistas a la toxina botulímica, que como se sabe ha sido considerada como el arma química mas letal desde la segunda guerra mundial. Pero hay que aclarar que la clostridium botulinum es una proteína molecular presente  en el medioambiente, que puede eventualmente ocasionar botulismo, que es una intoxicación alimentaria y que masivamente se utiliza para tratamientos cosméticos y otros procedimientos médicos. Vale decir, nada añade que pudiese existir esta toxina en el molar nerudiano, salvo que la cepa existente, entre miles de cepas, les diga a los científicos investigadores, que se tratara de una maquiavélica acción homicida por parte de agentes de la dictadura. 
Efectivamente toxinas diversas, sarín en específico, fue desarrollado por el ejército de Chile, en lo que se denominó el Proyecto Andrea, pero está suficientemente acreditado que esta labor homicida comenzó en 1976. Antes de ese año no existe ningún caso de asesinato mediante procedimientos químicos. ¿O no se estudiaron los archivos del Museo de la Memoria y/o hemerotecas?

3.- En conversación con don Mario Carroza, me clarificaba que de estas tres pericias tendrá que sacarse una conclusión final, que concilie las distintas miradas sobre el supuesto homicidio anidado en la mente de Manuel Araya. Las formas como los expertos opinarán sobre estas investigaciones no tendrán que ser contradictorias. La primera conclusión no anula ni a la segunda ni a la tercera. Sin embargo los querellantes con inusitado entusiasmo han anunciado que se está ad portas de una demostración empírica del homicidio cuando la verdad es que se está tan lejos como al inicio. Personalmente creo en la objetividad del ministro que sabrá estructurar un panel imparcial, diferente a las tres pericias existentes y que puedan llegar a alguna conclusión.

4.- Los delirios de Manuel Araya, sus contradicciones, son muy fáciles de desmontar siguiendo una atenta lectura del expediente. Se puede decir que salvo el certificado de defunción, no hay otro elemento que permita suponer la existencia de un acto homicida. Y es el propio denunciante que inventa versiones en medios informativos que va remozando de acuerdo a su propia inspiración. En el expediente, por ejemplo, sostiene que el ingresa al PC cuando tiene la exigua edad de 4 o 5 años. O bien, cuando imita los modales de dueña de casa, de mujer enamorada poniéndole “pañitos en la guatita” al poeta, luego de haber constatado el acto homicida, cuestión que no pudo ver pues el día 23 (domingo) en todo momento el poeta estuvo inconsciente resguardado por un biombo según lo aseguran testigos. 
Pero también porque cuando realiza un viaje a Isla Negra acompañando a Matilde para reunir algunas cosas necesarias para el viaje a México, fijado para el lunes 24 de septiembre, lo realiza el día 22 de septiembre, fecha en que es detenido, quizás hasta por haber infringido el toque de queda fijado a las 18 hrs.. 
La inyección calmante fue colocada el día 22 de septiembre de 1973 en la noche, día en que Matilde Urrutia y el chofer Manuel Araya, realizan el viaje mencionado. Si el toque de queda era a las 6 de la tarde. ¿Cómo pudo ver algo? El estado de mitomanía tiene determinados patrones, determinado decálogo, que el chofer aprueba con máxima distinción.

5.- El documental de Chilevisión, mezclando hechos anacrónicamente, sorprende por su mediocre factura narrativa que no busca sino mostrar una parte de la historia (la ya conocida) con lugares comunes destinados al lucimiento, al show. 
El Proyecto Andrea, antes nombrado, es útil para comprender que no es posible establecer analogías con el asesinato de Frei. No tiene ninguna validez argumental por cuanto ocurren en dos momentos muy diferentes. El asesinato del presidente Frei, ocurre cuando ya está asentada la dictadura. 
¿Porqué se escogía a la Clínica Santa María en dos momentos cronológicos diferentes? Simplemente por la excelencia. En el caso de Frei resultó en un asesinato. En el caso de Neruda, un agravamiento de su salud bastante deteriorada por el cáncer metastizado. Pero el abogado Eduardo Contreras y su certezas discutibles, cree ver en estas coincidencias un plan hecho y derecho.

6.- ¿No era importante señalar en el documental que en el expediente se señala que Manuel Araya le dijo a los propios detectives que había recibido USD 10.000 por una entrevista?¿ No era importante señalar que Araya no fue el primer chofer como en el mismo expediente se relata? ¿No es importante observar que alguna enfermera observó que al poner inyecciones el cuerpo del poeta existía reflujo oleoso producto de un estado edematoso? 

7.- Es lamentable señalar que el abogado Eduardo Contreras se hubiera prestado para este juego comunicacional y ser utilizado como tonto útil de un par de oportunistas, que ayudaron a crear la fábula de un asesinato, y luego de un oportunista como es el querellante que dice representar a la familia (este señor representa a sus hermanos y a el mismo, alrededor de un 17% de los herederos, el resto es representado por la fundación). Me imagino que al abogado Contreras le constará que entregué esta información al partido, lealmente y en silencio, justamente para que su figura no fuese mancillada por estos oportunistas. 
Nadie podría negar que este abogado representa labores importantes en materia de derechos humanos, pero -ojalá me equivoque- será recordado por apuntalar jurídicamente a dementes y arribistas. 
En su momento curas, apoyados por la iglesia católica, creyeron en el muchachito drogadicto que decía ver a la virgen en Villa Alemana, y hoy son recordado por defender la tesis a un enfermo mental. Fueron miles y miles los que les creyeron, también fue noticia internacional. En el caso del “asesinato” del poeta, el fin de la historia puede ser semejante.

8.- En el último capítulo se colocan dos fragmentos de entrevista a Mario Casasús, que desde hace algún tiempo ha renegado de la tesis del asesinato. ¿No era importante señalar que Casasús, y Francisco Marín fueron coautores de un libro que en el documental es utilizado parcialmente para reafirmar a Marín en sus dichos? 
Casasús no solo admite haber incurrido en un error al haberle creído a Manuel Araya, sino que directamente deja en descubierto que Francisco Marín fue un manipulador y por tanto le resta validez al propio libro que se originó a partir de la querella. 

En fin, este documental se trata ni mas ni menos que una ladrillo mas para el muro de la impunidad, y solo útil para construir una barrera para acceder a la verdad, por mucho discurso de los realizadores que dicen mostrar “objetividad”.


En el agujero del molar de Neruda, estudiado con idénticas técnicas con que se estudian los restos de faraones egipcios, lo que encontrarán será un microscópico pedo estelar que aparecerá en los manoseados microscopios de los científicos, como cuando una hormiga cae en un hoyo negro y aparece en un mundo al que nadie puede llegar.